VEINTITRES DE ENERO

El diputado Juan Guaidó, representante del partido Voluntad Popular (VP) ante la Asamblea Nacional de Venezuela, investido – desde principios del presente mes – con el carácter de Presidente del máximo órgano legislativo del país, juró solemnemente, ante un cabildo público, conformado por cientos de miles de ciudadanos, como presidente encargado de la República Bolivariana de Venezuela, cumpliendo, con lo anterior, con lo que determina la proclama adoptada, en su oportunidad, por la institución que él mismo preside, al momento de declarar a Nicolás Maduro como usurpador de la más alta magistratura de la nación, desde el instante mismo en el que asumió un segundo mandato (10 de enero) ante una instancia distinta a la cual fuera determinada por la propia Constitución política vigente en dicha nación suramericana.

La determinación del ahora presidente encargado de asumir la posición que conforme a la constitución le corresponde, sirve de parteaguas a la ya de por sí muy difícil coyuntura que prevalece a lo largo y ancho de la geografía nacional por virtud de la polarización entre las dos principales fuerzas políticas en pugna: chavistas (maduristas) versus antichavistas, sin que, hasta este momento, tengamos una clara idea sobre lo que sucederá en el corto y mediano plazos mismos que, con toda seguridad, seguirán siendo de un constante estira y afloja de cada una de sus respectivas posiciones por parte de ambos antagonistas.

Como condimento adicional, no podemos ni debemos soslayar la importancia que tiene para el equilibrio del poder en Venezuela el casi inmediato posicionamiento favorable a la causa de la oposición política de importantes actores a nivel regional, como han sido los casos de los gobiernos de los Estados Unidos de América, Canadá, la Organización de Estados Americanos (OEA) y de las naciones que integran el Grupo de Lima, a excepción hecha de países como México (para variar) y Uruguay que prefirieron inclinarse por lo que eufemísticamente enunció el subsecretario para América Latina y El Caribe de nuestra cancillería, Maximiliano Reyes: política de “tercer carril”, es decir, ni sí, ni no, sino todo lo contrario.

La misma Perogrullada, con la cual México ha venido intentando nadar de a muertito en la escena internacional desde los tiempos de la “dictadura perfecta” a cuyas pútridas sombras, lamentablemente, en los albores de la Cuarta Transformación, nos acogemos.

No obstante lo anterior, y confiando en que México seguirá siendo un país de referencia – para las causas que afectan a nuestra subregión geográfica -, en Venezuela se vive un antes y un después que podría significarle a dicho país, al mismo tiempo, un final y un principio. Final de una época: el socialismo del Siglo XXI; y el principio del proceso de reconstrucción de la estructura y funcionamiento de una nación que yace ahora postrada sobre sus cenizas.

« (Previous Post)

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *