méxico: politica exterior

now browsing by tag

 
 

AJEDREZ DIPLOMÁTICO CONTINENTAL

Para nadie – digo yo – debería de haber resultado sorpresiva la reciente visita a México del Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Sergéi Lavrov, con independencia de que, la misma, se verificó, casi en paralelo, al periplo realizado por diversos países europeos y por Canadá, por el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, quien se presentó ante la cúpula del poder político del gobierno de los Estados Unidos de América, comenzando por su presidente, Donald Trump, incluidos el Vicepresidente, Mike Pence, y la líder demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, así como un largo etcétera, entre quienes figuraron aquellos que integran el establishment, en medio del cual, fue objeto de los consabidos saludos y apapachos, rendidos, todos, en su honor y, en todo caso, en su calidad de “auto designado” presidente legítimo del país bolivariano.

En dicho contexto, el canciller ruso concretó una gira que incluye a los países de nuestra subregión geográfica – Cuba, México y Venezuela -, con los cuales, supuestamente, el gobierno de Vladimir Putin (dice él) cree que cuenta con las mayores convergencias, no sólo en lo político-ideológico, lo estratégico, y también, en lo económico, comercial, financiero y energético, lo cual, no estaría del todo desapegado a la realidad prevaleciente, especialmente, por lo que respecta a Cuba y Venezuela, países que, de una u otra forma han dependido (Cuba) de la tutela ideológica sempiterna del gigante europeo, y Venezuela, en función de su supervivencia como estado nacional, por virtud de la acelerada crisis por la que atraviesa desde que su actual primer mandatario Nicolás Maduro ascendió al poder por obra y gracia de su mentor, el ahora desaparecido, Hugo Chávez.

La riqueza petrolera de la nación suramericana ha sido, desde tiempos inmemoriales, y seguirá siendo per seculas seculorum una viva aspiración hegemónica, tanto de parte de los unos, como de los otros, es decir, de los dos bloques hegemónicos en que fuera dividida la comunidad internacional tras el advenimiento de la nueva era surgida con el triunfo de los países aliados en la segunda guerra mundial.  Hoy por hoy, y como consecuencia directa del desdeño estadounidense hacia su aliado natural, Rusia, por vía de una de sus más reconocidas empresas trasnacionales, está a punto de adueñarse de la única riqueza que aún se mantiene en pie y, supuestamente, bajo el control de quienes ejercen el poder político en la patria del libertador Simón Bolívar: el petróleo.

El gobierno de Nicolás Maduro no ha querido, más bien, no ha podido librar la batalla que le fuera planteada como consecuencia directa de los innumerables yerros y desatinos cometidos tanto por el propio primer mandatario, como por sus vociferantes adláteres, quienes han interactuado, de cara a sus principales responsabilidades sociales para con el pueblo venezolano, como unos verdaderos ignorantes e ineptos para el ejercicio de la cosa política.

Con dicha expectativa a cuestas, Lavrov incursionó en nuestro país, entiendo yo, como una escala en una nación que no se ha comprometido ni con tiros ni con troyanos, al menos, por lo que respecta al caso que atañe a la legitimidad del gobierno de Venezuela.  Hemos sido contundentes, como siempre, apegados a la praxis que por años nos ha validado como interlocutores de calidad en las grandes causas americanas, así como en la solución de los más importantes conflictos contemporáneos, acaecidos en el contexto de nuestra sub región geográfica.

A pesar de que, por lo que respecta a la coyuntura venezolana, nuestro país apuesta por la solución negociada entre las partes (para mí, una especie de diálogo de sordos) en contraposición con la estrategia, claramente asumida, por parte de nuestros dos principales aliados de América del Norte, México no está solo, ni estará aislado en un asunto de la trascendental relevancia del que ahora nos ocupa.  Hemos asumido, es decir, el gobierno de AMLO, asumió una posición correcta, pero muy arriesgada, sobre todo, si para ello consideramos que el presidente Donald Trump, ha comenzado ya con su campaña en busca de la reelección en el proceso que culminará el mes de noviembre venidero, periodo durante el cual la diatriba trumpista contra nuestros intereses nacionales, con toda seguridad, estará a la orden del día.