Arturo Perez Reverte

now browsing by tag

 
 

DISLATE DE TIEMPO Y FORMA

El pasado lunes 25 de marzo el presidente de México Andrés Manuel López Obrador (AMLO) sorprendió a propios y a extraños anunciando urbi et orbi haber dirigido sendas epístolas (confidenciales), a su majestad Felipe VI y a su santidad Francisco I, respectivamente, jefes de Estado en el Reino de España y en el Vaticano, conminándoles a producir, en el nombre de sus respectivas naciones, un pronunciamiento de mea culpa, – por los crímenes cometidos en contra de nuestra cultura vernácula – que debería hacerse efectivo de aquí al 13 de agosto de 2021, fecha en la que, supuestamente, será conmemorado en V Centenario del triunfo “1 Coatl” del año “3 Cali” del mes “Xocothuetzi”, de las fuerzas comandadas por el capitán general Hernán Cortes, en contra de sus opositores, los defensores del bastión principal de la cultura mexica, sito en la ciudad de Tenochtitlán, gobernada, en aquel entonces, por el último emperador de su dinastía: Cuauhtémoc.

Antes de intentar analizar sobre lo idóneo de dicho pronunciamiento, conviene aclarar que, desde mi perspectiva, el episodio en comento es nada más y nada menos que un dislate de tiempo y forma. De tiempo, por haberse realizado 498 años después del infortunado evento en el que sacrificaron su vida unos y otros, tanto del bando de los nuestros, como del de los conquistadores. De forma, ya que, no es a grito pelado (grandilocuencia) la mejor forma para hacerse entender, sobre todo, entre tus propios pares como lo son los gobernantes de naciones libres y soberanas, como es el caso de las que fueran involucradas por nuestro primer mandatario.

Para mi, a estas alturas el paseo, en donde se debate el futuro porvenir de la nación que, en mi opinión, indefectiblemente cruza por la frontera de la tan cacareada cuarta transformación (4T) a la que, todo nos hace suponer, nos quiere conducir el nuevo Redentor de México, debatir sobre lo absurdo es, a todas luces, una contradicción, ya que, a pesar de lo que desde el púlpito pontifica AMLO las cosas y causes que afectan a la comunidad internacional no van a modificarse ni un ápice por la voluntad de una sola persona, sea esta quien sea, o lo que, por su propio nombre represente.

Así no se juega en la arena de las relaciones entre estados soberanos e independientes. No es lo mismo, digo yo, tener un Congreso genuflecto, obsecuente y aquiescente en casa, a intentar forzar a la comunidad internacional para que acepte a rajatabla (me canso ganso) lo que diga mi “dedito”. AMLO se equivoca, así como se equivocan sus principales asesores en la materia, tanto los que le insinuaron aceptar esta metida de pata, como los que le auparon a tomar la decisión que favorece al régimen del innombrable Nicolás Maduro que, a estas alturas del paseo, aún se mantiene en el poder por virtud de la fuerza de las armas que le respaldan.

Por otra parte, no me parece que un debate de esta magnitud contribuya para nada en beneficio de las principales causas de México, que son muchas y algunas de las cuales de la más absoluta prioridad. No voy a entrar, tampoco, en el terreno del debate iniciado ipso facto en las principales redes sociales – hoy por hoy, conocidas por todos -.   Me interesa defender y no descalificar el derecho que le cabe al propio AMLO para pronunciarse como le plazca, dentro de un clima de la más absoluta libertad, siempre y cuando, asuma con responsabilidad las consecuencias tanto de sus acciones, como de sus respectivas omisiones.

A esos paladines de la lengua, como son los casos específicos de Arturo Pérez Reverte o Mario Vargas Llosa, quienes desde sus respectivas tribunas – al menos al momento de escribir estas líneas – habían lanzado (ambos) temerarias diatribas en contra de AMLO, les exhorto a releer sus textos de historia y sobre todo, pensárselo dos veces antes de abrir la boca so pena de que se cumpla en ellos esa frase – supuestamente extraída del texto del ingenioso hidalgo, Don Quijote de la Mancha – que reza así: “Ladran Sancho, señal de que cabalgamos”.

Y, a pesar de que AMLO no me simpatiza en lo más mínimo, le doy la razón, no obstante el haber realizado dicho pronunciamiento sin razón alguna.