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LANGUIDECE LA IZQUIERDA LATINOAMERICANA

Sin lugar a dudas, la reciente salida del poder de Dilma Rousseff, en el Brasil y la inminencia de la revocatoria constitucional del mandato de Nicolás Maduro, en Venezuela, representan las señales más prístinas sobre la inminencia del cierre del ciclo político de la izquierda latinoamericana, que gobernó con regímenes populistas, sustentados por caudillos con vocación de iluminados, poseedores de la capacidad para enardecer a las masas, por virtud de la reiteración de un verbo equivocado, sustentado en el caprichoso dispendio de los abundantes recursos públicos ingresados a sus arcas nacionales, como consecuencia de una bonanza internacional en el precio de materias primas, lo cual hizo suponer, que en ambos países, era factible la sustentabilidad de una clase media emergente, poseedora de recursos por encima de la media continental, que serviría de pauta para imaginar que la abundancia había llegado, para no irse jamás.

La luna de miel fue larga, e imagino que, muy placentera, y es apenas ahora que comienzan a vislumbrarse, en toda su dimensión, las secuelas reales a las que deberán irse acostumbrando gobernantes y gobernados, todos obnubilados por el trino del canto de las sirenas, unas sirenas que esparcieron por el aire melodías que alcanzaron en el tiempo y en el espacio hasta los oídos de otros piadosos gobernantes, aquí y más allá, dentro del mismo continente, como fueron los muy reconocidos casos de Daniel Ortega, en Nicaragua, quien se apresta a inaugurar su propia dinastía imperial, tal como lo fue, en su caso, la que motivo el levantamiento armado del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN); y Rafael Correa, en Ecuador, quien por su parte, también ha afirmado su vocación para constituirse como el ungido y perpetuo garante de la soberanía nacional, amenazada por los tentáculos del imperialismo internacional.

Con Evo Morales, en Bolivia, sucede algo muy parecido, representa a un estado multiétnico y pluricultural, calificaciones que nunca han variado, desde los tiempos de la colonia, pero que, sólo ahora, y gracias a su poder de disuasión, son reconocidas por obra y gracia del iluminado en turno, quien se aferra al poder terrenal, como lo intentaron, y en algunos casos lo lograron, sus pares continentales. El caso de Evo, es ciertamente diferente, ya que – según el propio primer mandatario – hereda el mando de su empequeñecida república, de la esencia misma de la madre tierra, de esa misma entraña que sirvió de morada y que poseyeron sus ancestros quechuas y aimaras, desde el principio mismo del tiempo.

Otra dinastía, suramericana, la de los Kirchner, Néstor y Cristina, en Argentina, por su parte, también buscaron perpetuarse en el poder, así como del disfrute de sus mieles, a través de la repetición del símil utilizado en la década de los setentas por el tristemente célebre caudillo, Juan Domingo Perón, quien nombró a su esposa María Estela Martínez, como vicepresidenta de la Nación, y sucesora del régimen, conculcado en su momento, por vía de un sangriento golpe militar, de cuyas consecuencias, aún el día de hoy, el país no se repone.

Con ellos, y por otros lideres menos conocidos de nuestra región, que ostentan ahora el poder de sus respectivos espacios políticos de interacción, la izquierda latinoamericana languidece, víctima de sus propias entelequias, de esos sueños acariciados por siempre, conculcados por las mismas razones de tiempo y espacio que les propiciaron, ante sus respectivos pueblos, las más amplias expectativas de confort y bienestar, comparables a una verdadera ilusión, hecha realidad, que se desmoronó, tal cual sucede con el frágil equilibrio de un castillo de naipes.

Dilma Rousseff, quien fuera la primera mujer presidenta del Brasil, es ahora parte de la historia patria, conforma con el Partido de los Trabajadores (PT) de Luiz Inácio Lula da Silva, un capítulo significativo, similar o del mismo tamaño, al que en su momento, protagonizara el ex presidente Fernando Collor de Melo, quien enfrentó proceso similar (septiembre de 1992) por acciones u omisiones cometidas al amparo del ejercicio del poder público en un país depauperado.

Por lo que respecta a Nicolás Maduro, con la trágica muerte de su predecesor, Hugo Chávez Frías, quedó prefigurado su destino. También, el de la Venezuela petrolera, gastadora, obsequiosa, compradora de voluntades – dentro y fuera del país -, desafiante y altanera, que lo mismo se congratula con el ascenso al poder en Corea del Norte de Kim Jon-un, que manifiesta su pesar ante la muerte violenta del líder libio Muamar el Gadafi. De esa misma Venezuela que parte y comparte la mesa con los hermanos cubanos Fidel y Raúl Castro Ruz, que ensalza por humanitario al régimen del presidente sirio Bashar al-Asad, mientras cientos de miles de conciudadanos pasan hambre y sufren todo tipo de dolencias como consecuencia del desabasto sistémico prevaleciente en todo el país.

Con el revocatorio que está por venir, y ojalá que llegue a tiempo, Venezuela será liberada de la pesadilla por la que ahora atraviesa. Deseamos que quienes se encuentren al frente de los destinos del noble pueblo venezolano en la era post chavista sepan dar cause a las amplias expectativas ciudadanas, ahora ahogadas por un régimen de corte dictatorial, que ve enemigos por, y desde los cuatro puntos cardinales de la geografía nacional.

A los otros caudillos, seguidores de la izquierda chavista del siglo XXI, la justicia les llegará en su respectivo momento, es decir, una vez que la chequera venezolana deje de suscribir compromisos imposibles de honrar, aunque exigibles en el tiempo. Unos y otros, procederán a descolgar de las paredes de las sedes de sus respectivos gobiernos, los retratos del gran mentiroso latinoamericano, por cuya lengua exultaron epítetos disonantes en contra de Raimundo y todo el mundo, en forma similar, tal cual aconteció durante la cruenta tiranía en Uganda, del legendario sargento mayor, Idi Amín Dada (q.e.p.d.).