RACISMO EXACERBADO

En plena crisis derivada de la pandemia generada por el Covid19, fuimos testigos (cuasi) presenciales del más reciente episodio de racismo exacerbado en los Estados Unidos de América, perpetrado el pasado 25 de mayo, en contra del ciudadano afro descendiente, George Floyd, quien fue brutalmente victimizado por al menos cuatro elementos uniformados de la policía de la ciudad de Mineápolis (Powerhorn) en el Estado de Minesota, uno de los cuales, Derek Chauvin, tras haberlo inmovilizado violentamente, lo ubicó de cara al piso del asfalto urbano, presionándolo con su rodilla izquierda sobre el cuello – por espacio de ocho minutos y cuarenta y seis segundos -, causándole, con ello, asfixia,  pérdida del conocimiento, y como fatal consecuencia, la muerte.

La reacción ante tal desaguisado no se hizo esperar.  Más temprano que casi de forma instantánea, quien grabó el episodio con un teléfono celular lo subió, ipso facto a las distintas redes sociales que pululan por los cuatro puntos cardinales del globo terráqueo, desde donde, en unos cuantos segundos, el episodio se transformó, en tendencia de cobertura universal.

Este hecho fortuito, motivado por una supuesta denuncia en contra de “alguien” que pretendió adquirir un paquete de cigarrillos pagando con un billete falso de veinte dólares, ha servido, desde mi particular punto de vista, de detonante, para el advenimiento de una crisis social sin precedentes, desatada en el corazón mismo de los Estados Unidos América, país que, como el resto de sus congéneres a nivel internacional, atraviesa por una de las etapas más críticas de la primera pandemia del presente siglo.

Y, si las cifras son indicativas del estado actual de la lucha en contra del Covid19, baste pasar a revista los datos oficiales registradas por la Unión Americana, hasta el día de ayer, lunes 8 de junio: contagios: 1,942,363, con 110,932 fallecimientos, es decir, la cifra más alta de todas las registradas a nivel mundial tanto por la Organización Mundial de la Salud (OMS), como por la Universidad Johns Hopkins, lo anterior, en comparación con el resto de los países afectados, que dicho sea de paso, representan una gran mayoría.

Tal cual señalamos con anterioridad, la tendencia en redes sociales de la violencia policial en contra de un individuo perteneciente a una de las minorías étnicas que conforman a la sociedad estadounidense, produjo dos reacciones contrapuestas, mismas que merece la pena enunciar: por una parte la tomas de la calle por grupos sociales inconformes y vociferantes que, tumultuariamente, se lanzaron para condenar al grupo policial que victimizó a George Floyd; y por otra, la reacción oficial a las manifestaciones públicas, tanto a nivel local, como a nivel federal.

Por lo que respecta a la toma de las calles por parte de grupos sociales inconformes por el status quo prevaleciente en el cual, las diversas corporaciones policiales acostumbran someter – con rudeza – a representantes de las diversas minorías étnicas, que pueblan en el país, como son los casos de las afro descendientes, los latinos y los asiáticos, por enunciar a los grupos más afectados por dicho comportamiento.

Por lo que toca a la acción de control de las masas vociferantes a nivel gubernamental, pudimos ver, en vivo y en directo, en primera instancia, en los puntos más candentes de la ciudad de Mineápolis, así como, posteriormente, a nivel de la mayoría de metrópolis a lo largo y ancho de todo el país, a representantes policiales beligerantes, golpeadores y ávidos de venganza en contra – muchas veces de inermes manifestantes – a quienes sometieron a la voluntad del más fuerte, es decir, del que dispone de los juguetes bélicos más actualizados para el combate callejero.

No faltó, por otra parte, la impresión de la patente presidencial, vociferada como una especie de rito de guerra.  El señor Donald Trump (PROTUS) pontificó: “cuando comienza el saqueo, comienza el tiroteo” en alusión a los grupos anárquicos, que aprovechan cualquier tipo de coyuntura, para concretar destrucción y saqueo tanto del mobiliario urbano, como del comercio en general.  Muy penoso, resulto, para todos, el haber presenciado el lujo con el que acometieron en contra de la propiedad pública y mucho más grave, con el saqueo de entidades comerciales, bancarias y de medios masivos de comunicación social.

En dicho tenor, el más aguerrido de todos, como ya fue señalado, fue el propio PROTUS quien, en el contexto de su permanente diatriba en contra de todo, amenazó con sacar a la calle a las Fuerzas Armadas y a la Guardia Nacional, como medida para intentar acallar la voz del pueblo, que dicho sea de paso, a estas alturas del paseo – han transcurrido más de quince días -, la gente sigue volcada en las calles y no se vislumbra, al menos en el plazo inmediato, que vuelva la calma.

En paralelo a lo que sucede dentro de casa, como ya fue señalado, la evolución del Covid19 y el control del racismo exacerbado que se vive en el país, el propio presidente Trump, sigue incendiando la arena internacional, ya sea mediante amenazas en contra de la OMS, o una nueva guerra fría con China, país al que acusa – no sabemos a ciencia cierta si con razón o sin ella –  de haber provocado la presente pandemia, como una especie de venganza en contra de las medidas adoptadas por el gobierno estadounidense para regular el ingente flujo comercial con el cual china tiene prácticamente inundado al mundo entero.

 

 

 

 

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