ME CANSO GANSO

Parecería como si estuviésemos dentro del “cuarto de guerra” que, a partir del día 1 de diciembre de 2018, habría inaugurado – en el salón de acuerdos del Palacio Nacional -, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), lugar en el que encabezó una crucial reunión con un selecto grupo de sus colaboradores más cercanos en el marco de la cual se adoptó la trascendental decisión de “ir con todo” en contra de una de las plagas que mayores daños le vienen causando a la economía nacional: el robo de combustible (huachicoleo) de que vienen siendo objeto, principalmente, los poliductos que opera la estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) ubicados en los cuatro puntos cardinales de la geografía nacional.

Dentro de las primeras medidas que fueran acordadas en el marco de tan trascendental reunión, una que se distinguió de las demás, fue la de cerrar las válvulas que habilitan los poliductos que venían siendo mayoritariamente vulnerados, es decir, los que sirven para proveer de insumos suficientes e indispensables a las ciudades más importantes del país, sobre todo, las que se encuentran ubicadas en los estados colindantes con la capital de la república, es decir, la ciudad de México. Sobre el detalle de la cantidad de irrupciones ilegales cometidas en contra de los susodichos poliductos, así como de sus consecuencias, se puede consultar la obra “Cleptocracia” de mi autoría (publicada por Amazon/Kindle “Cleptocracia by Ignacio Gutiérrez Pita”).

Es posible, aunque debo confesar que no me consta, que AMLO adoptó dicha decisión en función más que de la mente brillante (de la cual indudablemente está dotado) de sus propias pistolas. Parafraseando a nuestro primer mandatario: “me canso ganso” o “el que se aflige se afloja”, así nomas porque sí. Lo cual más que sorprendernos, debería de servir de pauta para irnos acostumbrando a los ritmos propios de quien dice encabezar la cuarta transformación del país y que dispone como fuente inminente de inspiración – a los fines de la industria petrolera – del viejo tlatoani que institucionalizó la revolución: Lázaro Cárdenas, quien, además, según cuenta la historia oficial, dispuso de las agallas suficientes como para decretar la expropiación – para beneficio directo de la nación – de todos los recursos petroleros del país.

Las consecuencias inmediatas de la medida adoptada por el presidente y los más cercanos de los suyos, desde mi particular punto de vista, no fueron debidamente ponderadas, prueba de lo cual, el país vive un auténtico galimatías en lo que tiene que ver con el indispensable abasto de insumos energéticos, circunstancia que ha redundado en la propagación de innumerables muestras de inconformidad determinadas desde todos los puntos de vista ciudadanos.

Y, aunque el mal ya está hecho, no podemos, ni debemos dejar de ponderar, que las más trascendentales acciones de gobierno – que confiamos serán muchas -, como la que se comenta, no pueden, ni deben seguir siendo tomadas sobre las rodillas, tal cual, aparentaría, fue el método que llevó a la conclusión del cierre de válvulas de los principales poliductos que surten de insumos a todo el país.

Lo bueno, si es que hay algo positivo, del galimatías en el que nos metió AMLO tiene que ver con la lectura de los resultados de las principales encuestas realzadas por medios especializados, mismas que, en su mayoría, destacan que el pueblo sigue apoyando mayoritariamente a su presidente, a pesar de las “chamaqueadas” de que hemos sido objeto, justamente, en los albores de un año del que apenas se vislumbran sus primeras luces de vida.

 

 

 

 

 

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