GATOPARDISMO AL ESTILO DE AMLO

La reciente visita a México del presidente del gobierno español, Pedro Sánchez (PSOE) ha servido – una vez más – como telón de fondo para confirmar el cariz conservador con el que su colega el (nuestro) presidente, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) visualiza la escena internacional en general, y la política exterior que pretende implementar durante el curso de los próximos seis años, en lo particular, hacia los países de nuestra subregión geográfica, sobre todo, a la luz de los más recientes sucesos de la coyuntura política que vive Venezuela, país con el que, dicho sea de paso, hemos construido a lo largo de la historia independiente de ambas naciones, una de las más cordiales y constructivas relaciones bilaterales de que se tenga memoria.

Con un sustento de tal envergadura, me resultó, en extremo curiosa la respuesta de AMLO a una pregunta específica que surgiera durante el curso de la conferencia de prensa en la que participaron ambos mandatarios sobre la posición específica de nuestro país en el entorno de la disputa que ahora enfrentan, por un lado, a Nicolás Maduro, y por el otro, al asambleísta Juan Guaidó, por la titularidad del poder ejecutivo de la hermana nación suramericana.

Palabras más, palabras menos, AMLO se transformó – desde mi particular punto de vista – en una especie de Ignacio L. Vallarta (ministro de relaciones exteriores durante el primer mandato presidencial de Porfirio Díaz) al envolverse en la bandera de un falso nacionalismo (México primero) pretendiendo hacer creer a la sorprendida audiencia, que los sucesos acaecidos en contra de México al imponérsenos como gobernante a un príncipe extranjero, a mediados del siglo XIX podrían ser extrapolados a la era del socialismo del siglo XXI, con el cual ha sido apostillada Venezuela.

La realidad que, en todo caso ensombrece, día a día, a la patria del libertador Simón Bolívar, hay que visualizarla desde la perspectiva de las afectaciones directas que pesan en contra de los intereses de los más de 32 millones de nacionales (con una diáspora de más de tres millones) que pugnan por sobrevivencia en medio de circunstancias políticas, económicas y sociales inéditas para todos, partiendo del supuesto de que Venezuela es uno de los países más ricos del continente y que posee, entre otras múltiples riquezas, uno de los más grandes yacimientos de petróleo del mundo.

Aún así, el dinero no alcanza para nada. El fenómeno de hiperinflación (más de un millón por ciento en 2018) hace imposible obtener por vía de la ley de la oferta y la demanda, insumos indispensables para satisfacer las necesidades vitales para toda una nación. La coalición cívico-militar que encabeza Nicolás Maduro, ha hecho que sea prácticamente imposible obtener bienes y servicios sin exhibir para ello el denominado “carnet de la patria” especie de salvoconducto con en cual se pretende estigmatizar a buena parte de la población del país.

Para mantener un orden institucional sui generis o a su medida, la dictadura madurista se ha empleado a fondo, vulnerando, en todo momento los derechos humanos fundamentales de la otra mitad del país que no se declara “chavista” o “bolivariana” agrediéndoles por conducto de los múltiples cuerpos represivos surgidos o generados al amparo del movimiento revolucionario del socialismo del siglo XXI

Desde mi barrera, aquí en la ciudad de Medellín, contemplo estupefacto a los cientos de miles de venezolanos, hombres y mujeres, niños y niñas, jóvenes y ancianos que luchan por la supervivencia en cada esquina de las principales arterias que conforman esta gran metrópoli, misma que, en la medida de sus posibilidades no se da abasto para socorrer a sus hermanos de sangre, los cuales hoy por hoy sufren las vicisitudes inherentes del fenómeno de disponer de un país prácticamente dividido en dos.

Si, el Grupo de Lima al cual México se adhirió desde su creación, hasta el comienzo del gobierno de AMLO, ha realizado – desde mi particular punto de vista – una muy positiva labor de favorecimiento de las partes involucradas, a grado tal que, hoy por hoy, decidió, por consenso, dar un paso al frente de cara a los más vulnerables, es decir, a quienes se ubican en la vigencia de los principios de libertad democrática para todos los venezolanos.

Mientras esto sucede Marcelo Ebrard prepara maletas para viajar a Montevideo, con el fin de participar en la reunión del Foro de Sao Paulo. Ah, perdón, no es el objetivo de su presencia en la capital de la República Oriental del Uruguay, el canciller mexicano hará presencia en una reunión – que yo considero inútil – a los fines de proveer de un “balón de oxígeno” a la dictadura madurista la cual pugna, en sus estertores finales, por aferrarse a un poder que ahora ya no le corresponde.

Así, con un pasito adelante y dos para atrás, AMLO se nos vuelve a presentar como un digno protagonista del gatopardismo a la mexicana.

 

 

 

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