EL TIRANO EN SU LABERINTO

Se aprecia ya, con toda claridad, una luz al final del túnel de la obscuridad subyacente que, a lo largo de los últimos veinte años, ha teñido – con su estigma de horror – el horizonte de la otrora rica y orgullosa Venezuela cuna, también, del enhiesto estandarte del Libertador Simón Bolívar, quien ha sido estigmatizado a ultranza por aquellos quienes dicen constituirse como sus más nobles y leales servidores, los cuales, dicho sea de paso, lo único que han conseguido es la total destrucción de la obra inmortal del Ilustre caudillo decimonónico, cuyos restos, a estas alturas del paseo (creo yo) estarán retorciéndose en lo más profundo de las entrañas del mausoleo erigido en su honor en el Panteón Nacional ce Caracas.

Todo parece indicar, según se aprecia, que le llegó la hora final al régimen que hoy preside Nicolás Maduro, dicho sea de paso, heredado “a dedo” de parte de su compinche Hugo Chávez, ambos, auto designados, como prohombres del fracasado proyecto del socialismo del siglo XXI que, hoy por hoy, hundió en un fango nauseabundo a toda una nación, y que, casi cuesta la ignominia a otras dos terceras partes de las democracias ubicadas en los cuatro puntos cardinales de dicha subregión geográfica.

El advenimiento del liderazgo político que encabeza el Presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, ahora mismo, reconocido como presidente encargado por más de cincuenta integrantes de la comunidad internacional – con la dolorosa excepción de México – cubre con un manto de legalidad lo que se constituirá, en el corto plazo, como la indispensable transición que, con toda claridad, se vislumbra al alcance de la mano. Debo destacar que, a la hora de escribir estas líneas, el gobierno de Japón (entre otras potencias económicas) anunció, a través de sus canales institucionales, el reconocimiento como único represente legítimo de Venezuela al presidente del alto cuerpo legislativo de la nación.

No obstante todo lo anterior, el tirano se aferra al poder apoltronado por sus áulicos al sillón presidencial del Palacio de Miraflores, aupado, además, por una pléyade de corifeos ornamentados con vistosos uniformes militares de los que penden insignias de ficticias batallas imaginarias tal cual aconteció en todas las que integran el relato contenido en las páginas del ingenioso hidalgo de Miguel de Cervantes.

Con los motores listos para emprender desde las fronteras con países vecinos (Colombia, Brasil y Aruba/Curazao) hacia las entrañas de la patria sojuzgada, se prepara ya una nueva epopeya libertadora, cuya encomienda principal es hacer llegar, a la mayor brevedad posible, la ansiada ayuda humanitaria cuya única misión será la de coadyuvar en la medida de sus posibilidades a mejorar la situación de postración en la que se encuentra, actualmente, la mayoría del pueblo venezolano.

 

 

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