EL MÁXIMO TRONO PARA UN PLEBEYO

Con un epitafio en términos similares o parecidos, al arriba enunciado, podríamos etiquetar la más reciente hazaña – del sinnúmero registradas a que nos tiene acostumbrado el actual mandamás de la Federación Rusa -, Vladimir Putin, quien a sus 67 años cuelga sobre sus hombros estar a punto de batir todos los precedentes cronológicos, consignados en los anales de la historia de dicha nación, en cuanto al tiempo en el poder se refieren, en un país que, entre sus más singulares  características, la de poseer el más vasto territorio continental de todos los existentes, en nuestro planeta, le califican como sobresaliente.

Tal hito, fue concretado la semana anterior, con la culminación del proceso legislativo para aprobar un paquete de reformas a la Constitución del país (1993), consistentes, entre un sinnúmero de temas relevantes, el de consolidar el fortalecimiento de las distintas instancias políticas más relevantes del estado que regulan la relación entre gobernantes y gobernados, destacándose, especialmente, la que hace posible que el propio Putin – quien gobierna el país, con mano de hierro, desde comienzos del presente siglo – aspire  a continuar amarrado al solio presidencial, a partir del vencimiento de su actual mandato (por seis años), por dos períodos similares, respectivamente, contados a partir de 2024, para prolongarse en el tiempo, hasta 2036, prácticamente, para hacerlo coincidir con el aniversario cronológico número 83 de quien estaría a punto de constituirse en una especie el moderno Zar de Rusia, aunque su origen, en todo caso, seguirá siendo el de un plebeyo.

La lectura de algunos de los detalles más significativos del proceso que medió entre el envío (por parte del ejecutivo) al órgano legislativo, y la inminencia de que una vez superado dicho trámite, curse para su revisión en la instancia del Tribunal constitucional – en donde se da por descontado que encuentre algún tipo de oposición -, nos brindan la pauta en el entorno del nivel de control político con el cual gobierna, prácticamente, en solitario, el presidente Putin.  La Duma o cámara baja (450 integrantes) dispuso de 383 votos favorables con 43 abstenciones provenientes de integrantes del partido comunista.  Mientras que, por su lado, la Asamblea Legislativa, cámara alta (164 integrantes) en donde están representadas cada una de las entidades que conforman la federación, dispuso de 160 votos favorables, uno en contra y tres abstenciones.

El trámite ahora sigue su curso de forma similar al que se utiliza para las reformas de la Carta Magna en México, es decir, se envía el texto aprobado y validado por el Tribunal constitucional, para su respectiva aprobación a las asambleas legislativas de las entidades que conforman la federación.  Una vez que se obtengan los dos tercios de votos favorables, seguiría, en principio, su proclamación, y en su caso, la vigencia plena.  Sin embargo, el presidente Putin aún dispone de un as debajo de la manga – como para hacer más creíble el proceso de su inminente entronización: las reformas serán sometidas a un referéndum nacional – y sólo así, quedarían validadas -.

A todas luces, y desde mi particular punto de vista, el proyecto de reformas – ahora casi totalmente validado -, aparentaría estar en consonancia con los términos y condiciones determinados por la propia Carta Magna del país en comento.   Sobre dicho particular, sin embargo, una cosa es parecer, y otra muy distinta es lo que realmente puede llegar a significar un movimiento del orden constitucional de tal naturaleza.

Hoy por hoy, el poder que ejerce Vladimir Putin en su país, es prácticamente, incuestionable, lo sabe él, y lo conocen (reconocen) a la perfección los distintos resortes que interactúan tanto en el contexto nacional, como en el internacional, y es justamente, en dicho entorno, en el marco del cual conviene reflexionar sobre situaciones similares o parecidas, protagonizadas por algunos de los muchos imitadores o seguidores que, a estas alturas del paseo pululan – cual moscas en el entorno del pastel – a lo largo y ancho de los cuatro puntos cardinales.

Me detengo en México, lugar en el cual, se han venido detectando múltiples tentaciones de poder por parte de algunos de los más conspicuos aduladores de la 4T, quienes, arropados por los más de 30 millones de votos obtenidos en la pasada contienda presidencial por AMLO, pretenden tergiversar los muchos (o pocos) avances democráticos, alcanzados por nuestro país, a partir de la ruptura hegemónica del PRI, así como el advenimiento de la alternancia democrática que tan positivos resultados le han acarreado a nuestra nación.

En todo caso, creo que deberíamos estar con señal de alerta, para evitar, dentro de lo posible, degustar una receta del mismo veneno que fuera inoculado a nuestros pares de la lejana y enigmática Rusia.

 

 

 

 

 

 

 

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