CRISIS SISTÉMICA EN MÉXICO

Ya lo vislumbrábamos durante el periodo de reflexión, investigación y elaboración de la obra “Cleptocracia” (Cleptocracia by Ignacio Gutiérrez Pita. Amazon/Kindle. marzo 2018) en la cual fue planteado con claridad prístina que nuestro país, sí, efectivamente, México, ese México de nuestros más grandes amores y desvelos, enfrentaba, en sus principales instituciones políticas una crisis sistémica, derivada, entre otros factores fundamentales, de la autocomplacencia ciudadana, culpable, eso sí, por dormirse – en sus laureles – e ir a ver la corrida desde un cómodo burladero, en lugar de lanzarse al ruedo y actuar, como corresponde, es decir, tomando al toro por los cuernos, en lugar de soslayar que la arcaica revolución de principios del siglo pasado, siga consolidando sus pútridas eses a costillas de las propias instituciones políticas del país.

En todo caso, la referencia específica a la cual quisiera hacer mención en este momento, tiene que ver con el debate suscitado por las muy desacertadas respuestas – que desde mi particular punto de vista – fueran emitidas por el primer magistrado de la nación, el morenista AMLO, una vez que cayó en cuenta de las consecuencias producidas en virtud de la masacre que fuera registrada en Minatitlán, Veracruz, el pasado 19 de abril, en la que fueron victimados, a mansalva, por integrantes del crimen organizado, trece pacíficos ciudadanos (hipótesis que sustento hasta prueba en contrario) incluidos, entre ellos, un menor de dos años de edad, de quien dicen, le fueron encontrados entre sus despojos mortales, dos tiros de gracia.

Situación similar, aunque no igual, – acaecida, también, en tiempos de la 4T – se presentó el pasado mes de enero en la población de Tlahuelilpan, Hidalgo, lugar en donde perdieron la vida 89 personas y resultaron con heridas de diversa consideración 58 más. Lo anterior, como consecuencia de la explosión de un ducto que había sido previamente horadado por aviesos huachicoleros, mismo que se les salió de control, tanto a los propios expoliadores clandestinos de la riqueza nacional, como a las autoridades competentes (ejército y policía federal) que dejaron de actuar – cual correspondía y era su obligación fundamental – para evitar, con ello, ser amonestados, públicamente, por el gran Redentor de la Nación y caudillo de la 4T.

Como colofón del desaguisado por el que atraviesa nuestra golpeada República, y conforme a los datos presentados por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) durante el primer trimestre del año (enero-marzo de 2019) se verificaron en todo el país 8,700 asesinatos dolosos, este mismo período ha sido catalogado como el más violento desde que se lleva el registro en esta materia en todo el país. Dicha información ha sido valorada y confirmada a su vez, por la organización Semáforo Delictivo (www.semaforo.com.mx) la cual señaló, también, que si contrarrestamos datos duros correspondientes al mismo período, pero del año anterior (2018), el crecimiento entre uno y otro ha sido de casi el 9%.

Todo lo anterior, aunque ya nos tiene a estas alturas del paseo completamente aterrorizados, no copa aún el vaso de nuestras vicisitudes y desdichas, tal cual lo venimos a comprobar por virtud del más reciente informe presentado ante el relator especial sobre la tortura OHCHR (por sus siglas en inglés) de la Organización de las Naciones Unidas en Ginebra Suiza, derivado de las denuncias elaboradas in situ por unas 120 organizaciones locales – entre las cuales figura el Centro Pro – y de las que se deriva que la tortura y la violencia sexual es una práctica sistemática empleada por las autoridades mexicanas, a todos los niveles de gobierno, en su relación con los gobernados, susceptibles de averiguación o investigación derivada de la comisión de cualesquiera tipo de delito.

Y es, justamente, aquí en donde confirmamos nuestra tesis sobre la crisis sistémica de las principales instituciones políticas del país, ya que, de presentarse situación en contrario, es decir, que las propias instituciones funcionaran al menos al mismo nivel de como sucede en otras naciones similares o mejores que la nuestra, no estaríamos frente a casos como el que se presenta con uno de los órganos más significativos del entorno estatal: el de impartición de justicia, cuya operatividad es, a todas luces, alto ineficiente. Si tomamos como ejemplo cien casos diversos que demandan la aplicación de las leyes que rigen en el país, en los tres niveles de gobierno, solo cinco del total podrán vislumbrar la luz al final del túnel. Digo lo anterior con miedo a equivocarme.

De forma similar opera, sin excepción, todo el aparato del moderno estado mexicano, ese fenómeno que AMLO quiere transformar cual varita mágica, algo así como “cierren los ojos que le voy a cumplir un deseo”, por supuesto que los conservadores y los fifís van a protestar, pero “me canso ganso” que les voy a cumplir. Al menos como dicharachero – digo yo – Andrés Manuel no tiene equivalente a lo largo y ancho de toda nuestra historia patria.

Ojalá que, en beneficio de todos, AMLO disponga de la capacidad e integridad física para al menos vislumbrar el cambio que le sea humanamente posible alcanzar, en lugar de estar vendiéndonos entelequias.

 

 

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *