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LOS ACUERDOS DE PAZ EN COLOMBIA

El 26 de septiembre de 2016, en Cartagena de Indias, Colombia, teniendo como marco una solemne ceremonia, fueron suscritos los acuerdos de paz negociados entre el gobierno de Juan Manuel Santos, con la dirigencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), representadas, por quien en ese entonces era su líder máximo, Rodrigo Londoño Echeverry, alias “Timochenko”.

Al evento de referencia asistieron innumerables dignidades internacionales, entre las cuales conviene destacar, al entonces secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, al presidente de Cuba, Raúl Castro Ruz, a su homólogo de México, Enrique Peña Nieto, a representantes de los gobiernos de los Estados Unidos, Canadá, España, Noruega, y la Unión Europea, entre otros, lo que, según lo han expresado analistas en esta materia, fue un intento por legitimar los verdaderos alcances de paz para Colombia.

Para nadie, a estas alturas del paseo, resulta ajeno que el gobierno de Juan Manuel Santos, impuso su soberana voluntad al someter a consulta pública  – mediante un plebiscito – el texto de lo negociado en La Habana, Cuba, misma que se realizó el 2 de octubre del mismo año, con un resultado negativo, lo cual se transformó en una especie de agravio personal en contra de la voluntad del jefe de estado, quien para ese entonces, era uno más de los aspirantes al premio Nobel de la Paz.

En dicho contexto, el pasado fin de semana fue celebrado en medio de bombo y platillo, el primer cuatrienio de la firma de los susodichos instrumentos jurídicos, motivo por el cual se llevó a cabo – de forma virtual – la primera conferencia internacional de los acuerdos de paz para Colombia en la que participaron algunos de los  principales actores locales del proceso, como el propio ex presidente Santos, el jefe de las negociaciones Humberto de la Calle, el general ® Óscar Naranjo, así como algunos de sus principales colegas y amigos quienes en todo momento apoyaron el proceso, como fueron los expresidentes de gobierno de España y Uruguay, respectivamente, Felipe González y José Mujica.

Como era de esperarse, las loas entre unos y otros, en su momento, fueron repartiéndose sin la mayor señal de rubor, sobre todo, a la hora de intuir, ellos, que fueron protagonistas de un hecho sin precedentes en los anales de la historia universal.  En su turno, con la desvergüenza que le caracteriza, alias “Timochenko” adujo que lo negociado en La Habana era objeto de sesudos estudios académicos en las principales universidades del mundo y que, no le cabía la menor duda, de que, llegado el momento, el modelo sería emulado.

La verdad sea dicha, el preámbulo de la aquelarre internacional se determinó durante el curso de una visita que realizara al estado de Florida, el presidente Donald Trump, en donde atendió diversos actos de campaña por la reelección, supuestamente, dirigidos a audiencias latinas, frente a las cuales, a modo de diatriba, señaló a Juan Manuel Santos (si a ese mismo que usted, amable lector, y quien esto escribe, sabemos), por haber entregado a su país al terrorismo y al narcotráfico internacional en ocasión de sus celebrados acuerdos de paz para Colombia.

Y, si bien es cierto, lo señalado por el presidente de los Estados Unidos, en ocasión de un acto de campaña para relegirse, poco o mucho le significó en puntos o en votos frente a su principal rival del partido demócrata, Joe Biden, en Colombia, marcó un antes y un después, tanto en lo que respecta a la relación bilateral, como a la autoestima de algunas de las diversas fuerzas políticas del arco ideológico colombiano que favorecieron las negociaciones de paz.  Sí, esos mismos que, en su momento, fueron beneficiarios de la lisonja oficial vis a vis los estigmatizados como amigos de la guerra.

La verdad sea dicha, me parece que, ni unos ni otros tienen la razón. Hasta el presente momento, no ha sido posible, aún, concretar, lo más elemental, como el poder determinar quién o quiénes pueden ser identificados como victimarios, por el contrario, quiénes como víctimas del conflicto armado.  Las partes se auto inculpan recíprocamente con flamígero dedo.  Sin argüir conscientemente, de qué manera se va a avanzar en el cumplimiento del principio que se ha constituido como la piedra angular de todo el proceso: verdad, justicia, reparación y no repetición.

No se puede dejar de reconocer falencias de parte y parte. Gobierno y cúpula de las FARC no han podido – es mejor reconocer que no han querido – culpas propias y ajenas.

Conviene señalar en dicho sentido que la contraparte gubernamental ha podido avanzar en muchos de los compromisos adquiridos en La Habana, como por ejemplo, regalar al nuevo partido político, además de recursos económicos suficientes para su subsistencia, diez curules en el Congreso Nacional, a pesar de que una de las cuales se haya esfumado como consecuencia de la fuga a Venezuela de Seuxis Pausias Hernández Solarte, alias “Jesús Santrich”, acusado de reincidir en el delito de narcotráfico y de ser imputado por un gobierno extranjero de servir de cómplice para el envío a la Unión Americana de diez toneladas de cocaína.

Por lo que respecta al cúmulo de privilegios inherentes derivados de los acuerdos, la jurisdicción de la Justicia Especial para la Paz (JEP) representa el caso mas emblemático, ya que, en principio, es de suponer que, el organismo serviría como el vínculo más importante para determinar que quienes integraron las FARC y en su labor hubieran cometido delitos considerados por la legislación aplicable en la materia, pudieran recibir penalidades conforme a cuantías previamente establecidas entre las partes contratantes del acuerdo, deberían ser sometidos a su soberanía.

La verdad sea dicha, hasta el momento de escribir estas líneas, la JEP deja mucho que desear, no solo por el convencimiento de que fue erigida como un mero escaparate para cobijar la impunidad que fuera acordada en La Habana en beneficio exclusivo de un número bien determinado de los criminales y terroristas que integraron a las FARC.

Mediante subterfugios jurídicos y rimbombantes mentiras, algunos de los pocos que han sido encausados por el lado de los excombatientes siguen negando que cometieron delitos de lesa humanidad como secuestro extorsivo, masacres de población inerme, reclutamiento y violencia sexual y laboral de menores, cultivo y tráfico de estupefacientes, explotación ilegal de minería, y un largo etcétera, que aparentaría no tener fin.

El más publicitado compareciente ante la JEP alias “Jesús Santrich” que, como ya fuera advertido en su oportunidad, fue acusado por fiscales estadounidenses de conspirar para enviar a territorio de la Unión Americana diez kilos de cocaína, fue alegremente exonerado y liberado del agravio en contra de su soberana persona.

Y, como es de suponer, no pasó nada y el susodicho, junto con alias “Iván Márquez” y otros ex negociadores farianos de los acuerdos se constituyeron en disidencias armadas y volvieron al monte, también a la frontera con Venezuela, a las áreas del país que mejor conocen con el fin de seguir delinquiendo bajo inspiración de la auto denominada “nueva Marquetalia”.

 

 

 

CRISIS MIGRATORIA EN AMÉRICA DEL SUR

A pesar de las múltiples afirmaciones y esfuerzos realizados por la dictadura de Nicolás Maduro en el sentido de fingir demencia al desconocer como un hecho real, tangible y verdadero el creciente éxodo de sus nacionales hacia destinos ubicados más allá de sus fronteras territoriales, como sucede en casos concretos como Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y Chile, los cientos de miles de damnificados venezolanos que huyen del régimen y que se desplazan inermes, se ha venido incrementando conforme se agudiza la crisis sistémica (política, económica y social), es decir, la ausencia de todo, por la que, desgraciadamente atraviesa la nación que vio nacer al libertador Simón Bolívar, hoy por hoy, materialmente ultrajada, por virtud de padecer el mandato del gobierno peor calificado de que se tenga memoria, desde el instante mismo en que Venezuela consumó su independencia y, por tal motivo, se convirtió en un país soberano.

En dicho sentido, si atendemos los datos que, a estas alturas del proceso manejan a nivel multilateral organismos especializados, como los casos específicos de las Naciones Unidas (ONU), el Alto Comisionado para los Refugiados UNHCR (por sus siglas en inglés), la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), o a nivel regional, la Organización de Estados Americanos (OEA), el balance se traduce en un constante y heterogéneo desplazamiento forzado de nacionales de dicho país que alcanza cifras estratosféricas. Se dice que, para estas fechas, el conteo cubre un total de más de 2.5 millones de connacionales, los cuales pululan en el entorno de los cuatro puntos cardinales de la geografía regional, en busca de alcanzar el valor más preciado de que dispone el hombre y que es conculcado en su patria: la libertad.

En Venezuela, dicho sea de paso, no hay libertad personal para nadie, a excepción del los afectos del régimen, “los enchufados”, o todos los que portan el vilipendiado Carnet de la Patria. El régimen se ha transformado en una especie de monstruo maligno de mil cabezas, similar al esgrimido por nuestros abuelos para asustarnos cada vez que no queríamos irnos a la cama a la hora que se nos ordenaba. De conformidad con los datos más confiables, el fenómeno ante el cual nos encontramos, es considerado ya como el más importante de todos los que se han registrado a nivel regional – incluidos, entre otros, los que han sido consecuencia directa de las tenebrosas dictaduras militares que se registraron en el cono sur – al menos, durante el curso de los últimos 50 años.

Y, para variar, desde la entraña misma del putrefacto régimen chavista se sigue tarareando la vieja canción: “es un complot de la extrema derecha y del imperialismo yanqui” como una especie inspiración sublime, preludio de la debacle del socialismo del siglo XXI. Los más conspicuos prohombres (al menos los más visibles) del régimen, el propio Maduro, Cilia Flores, Diosdado Cabello, Delcy y Jorge Rodríguez, o Vladimir Paulino López y todos los altos mandos militares que le cobijan, aparentan no caer en cuenta del riesgo inminente al que se enfrentan por haber arrinconado – a todo un pueblo afligido – a enfrentar la ignominia de no disponer de los bienes y servicios básicos e indispensables, otrora, para bien o para mal, al alcance de todos los ciudadanos.

Mientras esto sucede, la diáspora extiende su manto más allá del vecindario geográfico e incluye otros destinos tales como México, el sureste de la Unión Americana, la Unión Europea, principalmente países como España, circunstancia que, en todo caso, ha motivado una alerta global que advierte sobre las negativas consecuencias derivadas de la ausencia de un Estado real y verdadero en Venezuela, así como sobre la fórmula más adecuada para salir del atolladero en el cual se encuentra la otrora orgullosa patria de Bolívar inmersa en uno de sus peores momentos históricos.

Por lo pronto, en breve, para el mes de septiembre próximo la OEA ha programado una sesión extraordinaria de su Consejo Permanente en la cual será abordada – una vez más – la coyuntura venezolana. Al respecto, personalmente, no albergo ningún tipo de esperanza sobre la posibilidad de que se llegue a alcanzar el necesario consenso para avanzar – verdaderamente – en esta materia.

Lo peor que le podría suceder a Venezuela – desde mi particular punto de vista -es que sus actuales dirigentes políticos aspiren y logren perpetuarse en el poder de forma similar a la indudable hazaña lograda por los hermanos Fidel y Raúl Castro Ruz en la isla mayor de las Antillas, en la patria de José Martí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ALLAH AKBAR (Alá es grande)

Bajo tal consigna y blandiendo armas de guerra (AK47 y lanzagranadas) los integrantes de una célula yihadista, conformada por al menos tres elementos, entre los que se destacaron los hermanos Cherif y Said Kouachi, asaltaron el día 7 de enero, la sede principal del informativo satírico “Charlie Hebdo”, ubicada en el distrito XI de la ciudad de París, causando la muerte de doce personas, entre las que figuran el director del medio, Stephane Charbonnier (Chab) y algunos de los principales caricaturistas, como fueron los casos de los mejor conocidos como: “Cabú”, “Wolinski” y “Tignous, así como un número indeterminado de heridos – varios de suma gravedad -, según fuera informado por el portavoz del Ministerio del Interior del gobierno nacional.

El hecho conmocionó al mundo entero. Tan solo unos minutos después de que fuera perpetrado, la mayoría de medios electrónicos y redes sociales, nacionales e internacionales, hicieron sonar la voz de alerta, a la que se unieron, paulatinamente, todos los dirigentes políticos europeos, y su asociado principal de los Estados Unidos de América, preocupados ante la posibilidad de que el atentado en contra del informativo satírico fuera una muestra en torno a lo que podría constituirse como el montaje de una ofensiva de mayores proporciones, organizada y planeada a través de las muchas células integristas de inspiración islámica, de forma parecida a como ha venido sucediendo a lo largo de los últimos meses, sobre todo bajo el protagonismo de Al Qaeda, o el Estado Islámico (EI).

Se pudo saber que los hermanos Kouachi, los cuales fueron abatidos por integrantes de fuerzas especiales del ejército francés dos días después del atentado, actuaron inspirados por el ala extremista de Al Qaeda, en Yemen, lugar en el que habían sido entrenados en diversas tácticas terroristas y en formas para perpetrar actos en nombre del Profeta Mahoma, al que consideraron ofendido por las sátiras autoría del informativo “Charlie Hebdo”.

El desenlace del sangriento episodio se concretó durante la fuga de los hermanos Kouachi hacia las afueras de la ciudad capital, y de forma paralela a la perpetración de dos actos terroristas adicionales, de similar inspiración, uno de los cuales causó la muerte de una oficial de policía, y el otro, la toma con rehenes en un supermercado especializado en comida kosher, protagonizado por otros dos simpatizantes de la misma facción yemenita de Al Qaeda, Amedy Coulibay y Hayat Bumeddiene. El primero, abatido de forma similar a los hermanos Kouachi, y la segunda, aparentemente, se abría fugado en un momento de confusión extrema, derivado de la incursión armada – que causó la muerte de otras cuatro personas – de fuerzas especiales en el supermercado especializado en la venta de productos alimenticios para consumidores de la comunidad judía.

La circunstancia de haberse producido hechos tan lamentables como los acaecidos esta semana, nos sirve para tomar nota sobre la vigencia de un integrismo islámico, reivindicador de interpretaciones no razonadas (ciertamente irracionales) de los principios determinados en el Corán, y que norman la conducta de más de mil seiscientos millones de seguidores de la religión musulmana, cuyos asentamientos étnicos más relevantes – fuera de sus zonas geográficas de origen – se encuentran en países europeos, como sería el caso de Francia.

Por lo anterior, conviene mantener vigentes, por una parte, la solidaridad internacional con Francia, y con la libertad de prensa en general, lo que, por supuesto, no quiere decir que de forma expresa exista coincidencia con la línea editorial de la publicación satírica “Charlie Hebdo”, y por otra, las salvaguardias que se han venido elaborando como consecuencia del resurgimiento de corrientes extremas como las que en su momento fueran defendidas en Irán por el Imán (Ayatola) Ruhollan Jomeni, determinadas a la propagación de creencias radicales fundamentalistas islámicas, ante cuyas consecuencias tangibles nos lamentamos todos.

 

 

 

 

 

VIII CUMBRE DE LA ALIANZA PACÍFICO

Se ha celebrado en Cartagena de Indias una nueva edición de las cumbres de la Alianza Pacífico, integrada por México, Chile, Colombia, y Perú, con la presencia de los jefes de estado de cada uno de los países que la conforman, además de la presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, representando a dicha nación que aspira en breve a incorporarse a este novedoso mecanismo que aglutina el 36% del producto interno bruto (PIB) del total de América Latina y del Caribe.

A pesar de que el gobierno de Colombia, en su calidad de anfitrión, incurrió en un primer desatino al programar la celebración del presente encuentro en una ciudad (Cartagena) ubicada en el litoral Atlántico de la geografía nacional, quienes conocen de temas de organización y seguridad de eventos de esta envergadura, aseguran que ha sido la mejor opción, ya que el gobierno del presidente Juan Manuel Santos ha llevado a cabo en dicho sitio, algunas de las acciones más importantes de su agenda internacional, razón por la cual, la maquinaria  que debe ser emplazada para estos menesteres, ha sido suficientemente validada.

Sin embargo, lo relevante de este nuevo encuentro de primeros mandatarios de países proclives a la inclusión hemisférica, referida ésta a los vínculos con los Estados Unidos y Canadá, así como a las demás naciones que integran nuestra zona geográfica, como sería el caso de la más reciente cumbre ce la CELAC (La Habana, Cuba 28-29 enero) tanto México, como sus contrapartes en la Alianza disponen, cada uno por separado, y los cuatro en su conjunto, de las credenciales suficientes para allegarse simpatizantes a una nueva causa continental que disfruta de muy amplias expectativas por lo que se refiere al beneficio real en el contexto de su inserción a los principales mercados globales, como sería el caso de las grandes potencias asiáticas.

El ambiente prevaleciente en la ciudad-puerto de Cartagena, durante los trabajos de la Cumbre ha enfatizado más el lenguaje integracionista, por encima de disputas ideológicas – como las que primaron, recientemente, en La Habana -, ya que los cuatro países que integran esta nueva Alianza (nace el 28 de abril de 2011) comparten todo aquello que los vincula, por encima de las diferencias reales o ficticias que podrían llegar a separarlos.

Aunque la cuatro economías en su conjunto representan casi dos billones de dólares, cada una por separado, dispone de una plataforma propia de promoción hacia los mercados globales, recibiendo un total de 41% de flujos de la inversión extranjera directa (IED), con el 50% del comercio exterior de América Latina, cifras que la ubican en un lugar preponderante frente a la interlocución con socios de otras regiones económicas mundiales.

Por lo que respecta a la sumatoria individual, México tiene un PIB de 1.16 billones de dólares (el más alto en su conjunto, si se compara con sus otros tres socios en la Alianza), con un ingreso per cápita (IPC) de 15,400 (dólares) frente a los 364,300 millones de dólares (mdd) de Colombia, con un IPC de 10,700 (dólares); 197,100 mdd de Perú, con un IPC de 10,600 (dólares); y 264,500 mdd de Chile, con un IPC de 21,590 (dólares), el más alto de los cuatro.

En dicha cumbre se suscribieron diversos protocolos, entre los cuales se destaca el desgravamiento inmediato del 92% de insumos a intercambiar entre las partes contratantes, así como la aplicación de diversas facilidades para el tránsito de personas, el tráfico de mercaderías, todo lo anterior, en beneficio de los nacionales de los cuatro países, quienes a estas fechas ya disfrutan de las bondades de las decisiones de sus respectivos gobiernos.