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CRISIS MIGRATORIA EN AMÉRICA DEL SUR

A pesar de las múltiples afirmaciones y esfuerzos realizados por la dictadura de Nicolás Maduro en el sentido de fingir demencia al desconocer como un hecho real, tangible y verdadero el creciente éxodo de sus nacionales hacia destinos ubicados más allá de sus fronteras territoriales, como sucede en casos concretos como Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y Chile, los cientos de miles de damnificados venezolanos que huyen del régimen y que se desplazan inermes, se ha venido incrementando conforme se agudiza la crisis sistémica (política, económica y social), es decir, la ausencia de todo, por la que, desgraciadamente atraviesa la nación que vio nacer al libertador Simón Bolívar, hoy por hoy, materialmente ultrajada, por virtud de padecer el mandato del gobierno peor calificado de que se tenga memoria, desde el instante mismo en que Venezuela consumó su independencia y, por tal motivo, se convirtió en un país soberano.

En dicho sentido, si atendemos los datos que, a estas alturas del proceso manejan a nivel multilateral organismos especializados, como los casos específicos de las Naciones Unidas (ONU), el Alto Comisionado para los Refugiados UNHCR (por sus siglas en inglés), la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), o a nivel regional, la Organización de Estados Americanos (OEA), el balance se traduce en un constante y heterogéneo desplazamiento forzado de nacionales de dicho país que alcanza cifras estratosféricas. Se dice que, para estas fechas, el conteo cubre un total de más de 2.5 millones de connacionales, los cuales pululan en el entorno de los cuatro puntos cardinales de la geografía regional, en busca de alcanzar el valor más preciado de que dispone el hombre y que es conculcado en su patria: la libertad.

En Venezuela, dicho sea de paso, no hay libertad personal para nadie, a excepción del los afectos del régimen, “los enchufados”, o todos los que portan el vilipendiado Carnet de la Patria. El régimen se ha transformado en una especie de monstruo maligno de mil cabezas, similar al esgrimido por nuestros abuelos para asustarnos cada vez que no queríamos irnos a la cama a la hora que se nos ordenaba. De conformidad con los datos más confiables, el fenómeno ante el cual nos encontramos, es considerado ya como el más importante de todos los que se han registrado a nivel regional – incluidos, entre otros, los que han sido consecuencia directa de las tenebrosas dictaduras militares que se registraron en el cono sur – al menos, durante el curso de los últimos 50 años.

Y, para variar, desde la entraña misma del putrefacto régimen chavista se sigue tarareando la vieja canción: “es un complot de la extrema derecha y del imperialismo yanqui” como una especie inspiración sublime, preludio de la debacle del socialismo del siglo XXI. Los más conspicuos prohombres (al menos los más visibles) del régimen, el propio Maduro, Cilia Flores, Diosdado Cabello, Delcy y Jorge Rodríguez, o Vladimir Paulino López y todos los altos mandos militares que le cobijan, aparentan no caer en cuenta del riesgo inminente al que se enfrentan por haber arrinconado – a todo un pueblo afligido – a enfrentar la ignominia de no disponer de los bienes y servicios básicos e indispensables, otrora, para bien o para mal, al alcance de todos los ciudadanos.

Mientras esto sucede, la diáspora extiende su manto más allá del vecindario geográfico e incluye otros destinos tales como México, el sureste de la Unión Americana, la Unión Europea, principalmente países como España, circunstancia que, en todo caso, ha motivado una alerta global que advierte sobre las negativas consecuencias derivadas de la ausencia de un Estado real y verdadero en Venezuela, así como sobre la fórmula más adecuada para salir del atolladero en el cual se encuentra la otrora orgullosa patria de Bolívar inmersa en uno de sus peores momentos históricos.

Por lo pronto, en breve, para el mes de septiembre próximo la OEA ha programado una sesión extraordinaria de su Consejo Permanente en la cual será abordada – una vez más – la coyuntura venezolana. Al respecto, personalmente, no albergo ningún tipo de esperanza sobre la posibilidad de que se llegue a alcanzar el necesario consenso para avanzar – verdaderamente – en esta materia.

Lo peor que le podría suceder a Venezuela – desde mi particular punto de vista -es que sus actuales dirigentes políticos aspiren y logren perpetuarse en el poder de forma similar a la indudable hazaña lograda por los hermanos Fidel y Raúl Castro Ruz en la isla mayor de las Antillas, en la patria de José Martí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ALLAH AKBAR (Alá es grande)

Bajo tal consigna y blandiendo armas de guerra (AK47 y lanzagranadas) los integrantes de una célula yihadista, conformada por al menos tres elementos, entre los que se destacaron los hermanos Cherif y Said Kouachi, asaltaron el día 7 de enero, la sede principal del informativo satírico “Charlie Hebdo”, ubicada en el distrito XI de la ciudad de París, causando la muerte de doce personas, entre las que figuran el director del medio, Stephane Charbonnier (Chab) y algunos de los principales caricaturistas, como fueron los casos de los mejor conocidos como: “Cabú”, “Wolinski” y “Tignous, así como un número indeterminado de heridos – varios de suma gravedad -, según fuera informado por el portavoz del Ministerio del Interior del gobierno nacional.

El hecho conmocionó al mundo entero. Tan solo unos minutos después de que fuera perpetrado, la mayoría de medios electrónicos y redes sociales, nacionales e internacionales, hicieron sonar la voz de alerta, a la que se unieron, paulatinamente, todos los dirigentes políticos europeos, y su asociado principal de los Estados Unidos de América, preocupados ante la posibilidad de que el atentado en contra del informativo satírico fuera una muestra en torno a lo que podría constituirse como el montaje de una ofensiva de mayores proporciones, organizada y planeada a través de las muchas células integristas de inspiración islámica, de forma parecida a como ha venido sucediendo a lo largo de los últimos meses, sobre todo bajo el protagonismo de Al Qaeda, o el Estado Islámico (EI).

Se pudo saber que los hermanos Kouachi, los cuales fueron abatidos por integrantes de fuerzas especiales del ejército francés dos días después del atentado, actuaron inspirados por el ala extremista de Al Qaeda, en Yemen, lugar en el que habían sido entrenados en diversas tácticas terroristas y en formas para perpetrar actos en nombre del Profeta Mahoma, al que consideraron ofendido por las sátiras autoría del informativo “Charlie Hebdo”.

El desenlace del sangriento episodio se concretó durante la fuga de los hermanos Kouachi hacia las afueras de la ciudad capital, y de forma paralela a la perpetración de dos actos terroristas adicionales, de similar inspiración, uno de los cuales causó la muerte de una oficial de policía, y el otro, la toma con rehenes en un supermercado especializado en comida kosher, protagonizado por otros dos simpatizantes de la misma facción yemenita de Al Qaeda, Amedy Coulibay y Hayat Bumeddiene. El primero, abatido de forma similar a los hermanos Kouachi, y la segunda, aparentemente, se abría fugado en un momento de confusión extrema, derivado de la incursión armada – que causó la muerte de otras cuatro personas – de fuerzas especiales en el supermercado especializado en la venta de productos alimenticios para consumidores de la comunidad judía.

La circunstancia de haberse producido hechos tan lamentables como los acaecidos esta semana, nos sirve para tomar nota sobre la vigencia de un integrismo islámico, reivindicador de interpretaciones no razonadas (ciertamente irracionales) de los principios determinados en el Corán, y que norman la conducta de más de mil seiscientos millones de seguidores de la religión musulmana, cuyos asentamientos étnicos más relevantes – fuera de sus zonas geográficas de origen – se encuentran en países europeos, como sería el caso de Francia.

Por lo anterior, conviene mantener vigentes, por una parte, la solidaridad internacional con Francia, y con la libertad de prensa en general, lo que, por supuesto, no quiere decir que de forma expresa exista coincidencia con la línea editorial de la publicación satírica “Charlie Hebdo”, y por otra, las salvaguardias que se han venido elaborando como consecuencia del resurgimiento de corrientes extremas como las que en su momento fueran defendidas en Irán por el Imán (Ayatola) Ruhollan Jomeni, determinadas a la propagación de creencias radicales fundamentalistas islámicas, ante cuyas consecuencias tangibles nos lamentamos todos.

 

 

 

 

 

VIII CUMBRE DE LA ALIANZA PACÍFICO

Se ha celebrado en Cartagena de Indias una nueva edición de las cumbres de la Alianza Pacífico, integrada por México, Chile, Colombia, y Perú, con la presencia de los jefes de estado de cada uno de los países que la conforman, además de la presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, representando a dicha nación que aspira en breve a incorporarse a este novedoso mecanismo que aglutina el 36% del producto interno bruto (PIB) del total de América Latina y del Caribe.

A pesar de que el gobierno de Colombia, en su calidad de anfitrión, incurrió en un primer desatino al programar la celebración del presente encuentro en una ciudad (Cartagena) ubicada en el litoral Atlántico de la geografía nacional, quienes conocen de temas de organización y seguridad de eventos de esta envergadura, aseguran que ha sido la mejor opción, ya que el gobierno del presidente Juan Manuel Santos ha llevado a cabo en dicho sitio, algunas de las acciones más importantes de su agenda internacional, razón por la cual, la maquinaria  que debe ser emplazada para estos menesteres, ha sido suficientemente validada.

Sin embargo, lo relevante de este nuevo encuentro de primeros mandatarios de países proclives a la inclusión hemisférica, referida ésta a los vínculos con los Estados Unidos y Canadá, así como a las demás naciones que integran nuestra zona geográfica, como sería el caso de la más reciente cumbre ce la CELAC (La Habana, Cuba 28-29 enero) tanto México, como sus contrapartes en la Alianza disponen, cada uno por separado, y los cuatro en su conjunto, de las credenciales suficientes para allegarse simpatizantes a una nueva causa continental que disfruta de muy amplias expectativas por lo que se refiere al beneficio real en el contexto de su inserción a los principales mercados globales, como sería el caso de las grandes potencias asiáticas.

El ambiente prevaleciente en la ciudad-puerto de Cartagena, durante los trabajos de la Cumbre ha enfatizado más el lenguaje integracionista, por encima de disputas ideológicas – como las que primaron, recientemente, en La Habana -, ya que los cuatro países que integran esta nueva Alianza (nace el 28 de abril de 2011) comparten todo aquello que los vincula, por encima de las diferencias reales o ficticias que podrían llegar a separarlos.

Aunque la cuatro economías en su conjunto representan casi dos billones de dólares, cada una por separado, dispone de una plataforma propia de promoción hacia los mercados globales, recibiendo un total de 41% de flujos de la inversión extranjera directa (IED), con el 50% del comercio exterior de América Latina, cifras que la ubican en un lugar preponderante frente a la interlocución con socios de otras regiones económicas mundiales.

Por lo que respecta a la sumatoria individual, México tiene un PIB de 1.16 billones de dólares (el más alto en su conjunto, si se compara con sus otros tres socios en la Alianza), con un ingreso per cápita (IPC) de 15,400 (dólares) frente a los 364,300 millones de dólares (mdd) de Colombia, con un IPC de 10,700 (dólares); 197,100 mdd de Perú, con un IPC de 10,600 (dólares); y 264,500 mdd de Chile, con un IPC de 21,590 (dólares), el más alto de los cuatro.

En dicha cumbre se suscribieron diversos protocolos, entre los cuales se destaca el desgravamiento inmediato del 92% de insumos a intercambiar entre las partes contratantes, así como la aplicación de diversas facilidades para el tránsito de personas, el tráfico de mercaderías, todo lo anterior, en beneficio de los nacionales de los cuatro países, quienes a estas fechas ya disfrutan de las bondades de las decisiones de sus respectivos gobiernos.