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EL QUE DA Y QUITA

Fue muy sorpresiva – por decir lo menos – la aterradora escena cubierta a nivel internacional mediante la cual nos enteramos que el gobierno de Lenin Moreno, presidente del Ecuador, concluyó, unilateralmente, con la concesión del régimen de asilo diplomático que le había sido concedido a Julián Assange, en su calidad de fundador, editor y portavoz del sitio web Wiki Leaks, quien prácticamente fue arrostrado, por al menos seis custodios, todos integrantes de la policía británica, más allá del acceso principal de la sede de la misión ecuatoriana en la ciudad capital del Reino Unido.

Por su parte, el principal afectado en cuestión, tampoco dejó pasar la oportunidad para despertar sentimientos encontrados tanto de la opinión pública nacional como internacional, al aparecer en la escena principal del desaguisado en calidad de víctima de una injusticia causada por una decisión política malintencionada, cuyas consecuencias en el corto y mediano plazo, podrían acarrear al interesado no sólo el que llegara a ser sometido a todo tipo de vejámenes, incluso a la violación de sus derechos fundamentales, y/o en su caso, a la posibilidad de que se le llegara a enjuiciar bajo los términos del Acta Patriótica (US Patriot Act de 26 de octubre de 2001) con la posibilidad de llegar a perder la vida y/o a caer en alguna de las mazmorras de que dispone el gobierno de los Estados Unidos de América en la prisión de Guantánamo.

Las circunstancias en el entorno del pleito cerrado protagonizado por el ex presidente Rafael Correa y su sucesor, Lenin Moreno, pudieron – desde mi perspectiva – constituirse en el óbice principal que les impulsara a cada uno por su cuenta y riesgo, a anteponer por encima del interés general en favor de la preservación de la institución del asilo diplomático, sus intereses particulares y clientelares y causar con ello un daño irreparable de consecuencias impredecibles al derecho internacional humanitario.

En todo caso, para nadie es un secreto que Julián Assange se constituyó en un objetivo prioritario (piedra en el zapato) para los servicios de inteligencia occidentales – por decir lo menos -, como consecuencia de las innumerables filtraciones realizadas hacia los principales medios masivos de comunicación a nivel global, a quienes estuvo proporcionó información – considerada como sensible, confidencial y relevante – sobre aspectos fundamentales que atañen, principalmente, a la seguridad nacional del gobierno de los Estados Unidos de América.

Los otros delitos que pesan en contra de Assange son, desde la perspectiva de un enjuiciamiento criminal, nimiedades, cuyas penas, dependiendo de cómo sean abordados los casos en las distintas cortes tanto en Gran Bretaña como en Suecia, no deberían causar los efectos contrarios a la integridad física del imputado, quien, como ha sido señalado anteriormente, podría ser objeto de un castigo ejemplarizante si es juzgado en cortes estadounidenses, sobre todo, de las afectas a la nueva doctrina política inspirada en la era del presidente Donald Trump.

Quisimos dejar constancia sobre el estupor que nos causó la expulsión de la embajada del Ecuador en Londres del activista Julián Assange titulando el presente artículo con una parte del viejo refrán que nos recitara la abuela en nuestros buenos tiempos en México: “el que da y da con Dios se verá. El que da y quita, con el Diablo se desquita”

 

CASO AYOTZINAPA II

No es mi intención invocar un hecho tan lamentable como el acontecido en los linderos de la ciudad de Iguala, en el Estado de Guerreo, en México, el 26 de septiembre de 2014, lugar en el cual fueron cazados a mansalva y, ulteriormente, sacrificados, aplicando métodos de la más absoluta crueldad, al menos 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, en Ayotzinapa, en un evento, a todas luces, violatorio de los derechos humanos, considerado, además, como uno de los más deleznables de todos delitos perpetrados durante el curso de la administración de Enrique Peña Nieto, mismo que, a estas alturas del paseo, y ante la estupefacción de la comunidad internacional que sigue con inusitado interés el desenvolvimiento de las investigaciones, se mantiene, aún, en espera de que se procure la impartición de justicia – en los términos que determina la ley – y que se castigue con la mayor severidad posible a los autores intelectuales y materiales de los delitos que han sido considerados, por la mayoría de especialistas en la materia, como de lesa humanidad.

Lo que verdaderamente despertó mi más intensa curiosidad (alerta inconsciente), por virtud de las coincidencias específicas inherentes al caso que ahora comento, fue la incidencia de un hecho, aparentemente, aleatorio, acaecido el pasado martes 14 de agosto, a las 02:55 horas, a la altura del kilómetro 8 de la vía Pifo-Papallacta, en la zona de influencia de la denominada “curva de la muerte”, al noroeste, en territorio ecuatoriano, lugar en el que impactaron de frente un autobús de pasajeros contra un vehículo todo terreno. El balance total de víctimas de esta tragedia fue de 24 fallecidos y 19 heridos, algunos de los cuales, según fue informado por las autoridades locales competentes que acudieron en su auxilio, es todavía, de pronóstico reservado.

Qué tal, me dije. A dicho respecto, concluí que si nos tomásemos la molestia de sumar a los 24 fallecidos, los 19 que resultaron con heridas de diversa consideración, en el hecho de que se trata, refiriéndolo, en todo caso, con el acontecido a los estudiantes de Ayotzinapa, las cifras de los involucrados en una y otra situación, resulta, cuando menos, enigmática, que nos deja, además, aterrados, ya que la sumatoria arroja un total de 43.

Muy bien, volví a decirme, en todo caso, las similitudes entre ambos trágicos sucesos, no se quedan nada más ahí. Se ha podido conocer, días después del incidente que, en su mayoría, los pasajeros a bordo del transporte de la cooperativa “Cotrans” eran, en su mayoría de nacionalidad colombiana y venezolana. Que a pesar de que realizaban un supuesto “viaje de vacaciones” pagadas que incluía la visita a varios países (Ecuador y con destino final en Perú), ninguno portaba un pasaporte o documento de identidad que les hiciera factible ingresar a territorio de un país, distinto al de sus respectivas nacionalidades.

Por lo que respecta al transporte terrestre para pasajeros en el cual se movilizaban y que supuestamente debería contar con un permiso para realizar viajes turísticos, ha sido declarado en pérdida total. Circulaba, además, con documentos apócrifos, tanto por lo que respecta a las licencias de conducción de los dos choferes que lo conducían, como a los otros, los determinados por las autoridades correspondientes en cada uno de los países de tránsito, mismos que, indefectiblemente, deben ser exhibidos en todo momento, durante el tiempo que circule por territorio nacional, como debió haber sucedido al momento de cruzar por la frontera internacional que une a este país con su vecino al sur, Ecuador.

Como consecuencia directa de haber incurrido en todo tipo de irregularidades , el gobierno del Ecuador anunció (al día siguiente del de los hechos) la destitución de todas las autoridades competentes encargadas de vigilar y supervisar todo lo relativo a la circulación de vehículos de transporte de pasajeros, cuyas normas más elementales, como ha quedado comprobado, fueron flagrantemente violentadas por los perpetradores del ilícito de tal naturaleza.

Mientras tanto, la suspicacia hizo presa de las autoridades judiciales competentes, mismas que, de forma mancomunada, abrieron investigaciones paralelas, tanto en Colombia, como en Ecuador, las cuales determinaron que el vehículo accidentado iba cargado – en compartimentos estancos – con 600 kilos de mariguana y 80 kilos de cocaína, que supuestamente eran movilizados hacia el sur del continente por dos carteles de la droga mexicanos: el de Sinaloa y el Jalisco Nueva Generación (CJNG), los cuales, de conformidad con la información que maneja la Fiscalía General de la Nación de este país, tienen presencia en al menos 10 de los 32 departamentos en que está dividida la geografía política de Colombia.

De inmediato vino a mi cabeza el recuerdo del infortunio de nuestros 43 muchachos de Ayotzinapa, quienes fueron – según ha sido revelado – vilmente entregados por autoridades policiacas locales (en complicidad con efectivos militares) a los cabecillas de los principales grupos narcotraficantes en pugna en el Estado de Guerrero: Los Rojos y Guerreros Unidos, ambos, correspondientes a escisiones del cartel de los Beltrán Leyva.

Confío, que en el caso de las víctimas del siniestro registrado en la carretera al noroeste de la ciudad de Quito, no suceda lo que aconteció en su similar de los estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” que suscitaron un lacónico pronunciamiento de quien, para esas fechas fungía en calidad de fiscal carnal de nuestro país, Jesús Murillo Karam, quien sentenció como “verdad histórica” la que obraba en el expediente respectivo, en el que se hizo constar que los estudiantes habían sido detenidos, golpeados a mansalva, torturados, asesinados y finalmente, sus cuerpos cremados en el medio de un botadero de basura, ubicado a las afueras del municipio de Cocula.

Subsiste, en todo caso, el misterio que encierra el descubrimiento de un quinto autobús, supuestamente, cargado con mariguana y heroína que iba a ser enviada, por “Guerreros Unidos” hacia los principales mercados de consumo en la Unión Americana.

 

SIN ESPEJO RETROVISOR

Con tales términos refirió, ante la opinión pública nacional e internacional, el nuevo presidente de Colombia, el doctor Iván Duque (42 años), al momento de asumir las altas funciones inherentes a su cargo, el pasado día 7 de agosto, con lo cual, en principio, evitaría formular un balance en el entorno de fortalezas y debilidades de la acción desplegada – a lo largo de los ocho años de su respectivo mandato – por su predecesor, el ahora ex primer mandatario, Juan Manuel Santos Calderón, quien, como es de público conocimiento, fue galardonado, en su momento, con el Premio Nobel de la Paz, en reconocimiento (según fuera expresado, por el propio Comité noruego) a los esfuerzos desplegados, conjuntamente, con la cúpula de la guerrilla más antigua del continente, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), para lograr la firma de un Acuerdo mediante el cual, cabría suponer, que se pondría fin a un conflicto armado que agobió a esa patria inflamada, por un período superior a los cincuenta años.

Sin más ni más, con tan solo un plumazo, de la noche a la mañana, y tras más de cuatro años de febriles negociaciones ad hoc realizadas bajo el cobijo de la dictadura de los hermanos Fidel y Raúl Castro Ruz, en La Habana, Cuba, y a su vez, bajo la égida del régimen bolivariano de Hugo Chávez, heredado a Nicolás Maduro, se avanzó – según la crónica elaborada por el propio régimen – en lo que anunciaron entre bombos y platillos, como el mejor acuerdo posible, aunque todos estamos convencidos de que Juan Manuel Santos entregó, prácticamente, las más relevantes instituciones políticas del país, a la cúpula de la mayor organización narco-criminal que registran los anales de la historia local, entre cuyos más reconocidos cabecillas figuran personajes que han sido directamente involucrados y procesados por tribunales ordinarios competentes, como autores intelectuales y materiales de haber cometido todo tipo de delitos atroces y de lesa humanidad.

Si parafraseamos sobre las que consideramos como las más relevantes instituciones políticas del país, nos referimos, concretamente, a las que conforman los tres poderes determinados por la Constitución, comenzando, por el de mayor visibilidad, el Ejecutivo, que ha sido doblegado a mansalva, por virtud de la actitud veleidosa impresa por su titular, empeñado, a ultranza, por obtener, a cualquier costo, todo tipo de reconocimientos internacionales – como el que ha quedado acreditado, respecto al Nobel de la paz -. A dicho fin, no ha escatimado esfuerzos por invertir jugosos recursos públicos (dicen quienes mejor saben sobre dicha materia, que dilapidó más de mil millones de dólares) en todo tipo de iniciativas de autopromoción, en forma similar a lo acontecido con su homólogo mexicano, Enrique Peña Nieto, quien a su vez, dilapidó verdaderas fortunas en el mismo rubro que, curiosamente, resultó de tanta relevancia para ambos primeros mandatarios.

Por lo que respecta al Legislativo, resultó obvio que la coalición gubernamental encabezada por el partido del presidente, el de la “U”, conformó las mayorías necesarias y suficientes como para que la alta instancia gubernamental viviera en posición genuflecta, una especie de luna de miel que abarcó los términos de las dos legislaturas (ocho años) en medio de las cuales, y gracias a haber sido escarceadas de suficiente mermelada (término vernáculo que se utiliza para enunciar dádivas y prebendas otorgadas graciosamente por quien maneja los recursos públicos en beneficio a su hambrienta clientela) aprobó todo tipo de subterfugios jurídicos que han hecho viable que la implementación de lo acordado en el proceso de paz con las FARC se materializara en una verdadera cascada de todo tipo de privilegios y canonjías en beneficio de quienes hoy y siempre serán considerados en calidad de victimarios.

Sobre la responsabilidad inherente (de carácter histórico) del órgano Judicial, a su vez, se distinguió, en todo momento, por su carácter sumiso, en beneficio del dador de todo, quien impuso, a su vez, su soberano capricho por encima de todas las instituciones.

A estas alturas del paseo, no podemos ni debemos soslayar que, con independencia de que, en su oportunidad, y tal cual quedó patente, el propio presidente Duque anunció su convicción de abstenerse de aplicar el espejo retrovisor y, en todo caso, procurar mirar p’adelante (sic), es decir, hacia la consolidación, en primer término, de la plataforma de un gobierno incluyente y, más adelante, a la consecución de un verdadero pacto de unidad nacional, la realidad de los hechos obligan, en todo caso, a revisar el último ejercicio empírico disponible, publicado por el Financial Times, el pasado día 15 del corriente mes, del cual se desprende, con base a los datos de la prestigiosa empresa Gallup que, durante el curso de los dos cuatrienios del gobierno de Juan Manuel Santos, la percepción ciudadana con respecto al índice de corrupción gubernamental se elevó al 90%, mientras que, durante los ocho años que le precedieron (2002-2010) su ubicó, en tan sólo 50%.

Conviene, también, echar un vistazo al informe publicado, a su vez, el pasado día 15 de corriente mes en el portal informativo Bloomberg, relativo a las investigaciones que giran en el entorno de uno de los escándalos que más han lacerado al continente americano, el de la presencia de la trasnacional brasileña Odebrecht, en el caso concreto de Colombia, se continúa con la línea de acción dentro de la cual está por dilucidarse, en una primera instancia, si dicha empresa repartió sobornos que pudieran haber beneficiado la campaña política en favor de la reelección de Juan Manuel Santos (2014), así como la entrega de otro tipo de coimas generadas para “amañar” licitaciones para realizar todo tipo de trabajos de obra pública, como el caso especifico de los proyectos para construir hasta 1,000 kilómetros de supercarreteras (4 G), Ruta del Sol y Ruta del Sol II, específicamente, aquellas que trazan vías de comunicación entre el centro del país y la costa Caribe, en las que, en principio, se habría consolidado una alianza con conocidos empresarios y políticos locales, algunos de renombre internacional, como el caso concreto del presidente del Grupo AVAL, Luis Carlos Sarmiento Angulo.

Por todo lo anterior, dicen, quienes mejor conocen del tema, que es posible que la poco entusiasta acogida de la cual ha sido objeto el nuevo presidente, Iván Duque por parte de los medios masivos de comunicación más reconocidos localmente, guarda directa proporción con la entrega de los abundantes recurso repartidos – como parte de su proyecto de promoción personal – por el gobierno de Juan Manuel Santos, quien pudo haber dilapidado en dichos menesteres, incalculables cantidades, ahora objeto de una detallada investigación que, en todo caso, podría acarrear, en contra de quien resulte responsable, sanciones de carácter penal.

Lo cierto, es que, mientras Santos dejó el poder con el más bajo índice de favorabilidad registrado durante todo el curso de la vida republicana del país (se rumora que fue del orden del 12%) por el contrario, Iván Duque, registró un índice de favorabilidad del 53%, lo cual le brinda – desde mi particular punto de vista – margen suficiente como para echar a andar, en medio de un clima de la más absoluta cordialidad, su respectiva plataforma de gobierno.

 

 

 

 

 

 

 

 

¿TIRANICIDIO EN VENEZUELA?

Una vez más, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, sorprendió, a la opinión pública tanto dentro de la propia república bolivariana, como fuera de la misma, en el entorno de la comunidad internacional, afirmando haber sido objeto de un supuesto complot para atentar en contra de su integridad personal, en esta ocasión, adjudicando la autoría a “obscuras fuerzas políticas” de la derecha opositora criolla, aupada – según fuera señalado por el propio alto dignatario -, por distintas corrientes ideológicas similares, tanto de países vecinos como es el caso de Colombia, a cuyo ex jefe de estado, Juan Manuel Santos mencionó directamente como coautor, así como a otros grupos ideológicamente similares, residentes en la ciudad de Miami, en los Estados Unidos de América.

Si partimos del supuesto de que lo afirmado por el dictador, efectivamente, sucedió y que, de repente en el verano – en medio de un acto público en el que estuvieron presentes los más altos dignatarios de las fuerzas armadas bolivarianas – aparecieron en el cielo de la capital del país dos drones, supuestamente cargados con explosivos, que iban teledirigidos para impactar la tarima principal en la cual se encontraban, tanto el propio Maduro, como su esposa, Cilia Flores, además del desplante de un equipo de escoltas profesionales civiles y militares que les rodeaban, integrantes tanto de entidades propias, es decir, las criollas, como las importadas, especialmente, por lo que se refiere al G2 cubano, que se mantiene dentro del primer círculo de seguridad del tirano.

Para muchos – y este es mi caso -, lo afirmado, recientemente, por Nicolás Maduro, falta nuevamente a la verdad. Hemos visto, a lo largo de los últimos meses, como se ha evidenciando, cada vez con mayor claridad, la esquizofrenia que aqueja al inquilino del Palacio de Miraflores quien, por una parte, pinta “pajaritos” que le trinan al oído, y por otra, imagina supuestas “sombras” que le indican el curso a seguir en vía de consolidar el proyecto revolucionario enunciado por su mentor y comandante en jefe el ex presidente Hugo Chávez. El deterioro físico y mental de quien, hoy por hoy, ostenta el poder supremo en la lacerada república bolivariana, es claro y notorio. A todas luces, y esto es un reclamo nacional, debería imperar una reingeniería que hiciera posible deshacer el entuerto en el que se encuentra sepultada la República, o propiciar, llegado el caso, un cambio al modelo que tiene empobrecidos a los habitantes de uno de los países más ricos del mundo.

Si, de verdad el tiranicidio fuera una alternativa de solución a la crisis por la que atraviesa Venezuela: bienvenido sea. Ojalá que no pase. Que las fuerzas confrontadas, es decir, los unos y los otros, busquen, sin el menor ánimo de lucro personal, las mejores fórmulas de convivencia democrática para superar la punzante coyuntura por la que atraviesa el país. No da para más la paciencia, entrega y desazón por las que atraviesa el noble pueblo venezolano, cansado ya, a estas alturas del paseo, de soportar todo tipo de vicisitudes, unas más, otras menos, pero idénticas en lo que se refiere a las exiguas condiciones de vida a que ha sido condenada la sociedad venezolana en su conjunto por un gobierno que ni gobierna, ni deja gobernar. Que se ha apoderado de todas las instituciones del estado y del aparato productivo de la nación a las que impone su voluntad omnímoda, gracias al control que ejerce – sobre sus 31 millones de gobernados- por vía de los órganos represores característicos de todas las dictaduras que pueblan el continente.

A Nicolás Maduro, desde mi particular punto de vista, le puede suceder lo que le pasó al indiecito mentiroso (no es una profecía), actor principal del famoso cuento que nos fuera referido por nuestros abuelos, que concluye con que nadie le creyó, llegado el momento, cuando verdaderamente visualizó al lobo en actitud acechante. Confiemos, en que dicho final pudiera resultar mejor que el que aconteció el 21 de julio de 1946, dentro del viejo Palacio Quemado de la ciudad de La Paz (Bolivia) cuando una turba furiosa depuso del poder a Gualberto Villarroel, y después, lo asesinó, colgando su cadáver y el de sus tres más cercanos colaboradores de un poste ubicado en medio de la Plaza Murillo.

¡Qué tal!

 

 

PAN CON LO MISMO PARA CUBA

Entre el sonoro rugir de todo tipo de bombos y platillos, tal y como si de una estruendosa fiesta de carnaval se tratara, en el marco de la cual, como parte integrante del menú principal se hubiera incluido la participación de la orquesta del Rey del Mambo, el maestro Dámaso Pérez Prado, fue anunciada urbi et orbi la propuesta de reformas a la Constitución vigente (24 de febrero de 1976) elaborada bajo la égida de una comisión de notables (33) encabezados por el primer secretario del Partido Comunista (PC) Raúl Castro Ruz, en el marco de los trabajos de la Asamblea del Poder Popular (integrada por 600 miembros) que gobierna a la dictadura más decrépita y obsoleta del continente americano.

Para muchos, sobre todo, para aquéllos que ideológicamente se la viven exaltando las altísimas cualidades inherentes a la corriente de izquierda internacional sobre todo, con quienes integran las más de 111 agrupaciones políticas, tanto regionales, como extra continentales, que conforman el Foro de Sao Paulo (FSP), fundado por el propio Fidel Castro Ruz en 1990, de la mano del líder del Partido de los Trabajadores, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que dicho sea de paso, recientemente celebró, en la capital del país (la Habana) su XXIV Encuentro (15-17 de julio) sobre cuyas conclusiones, más adelante realizaré una breve referencia.

Por cierto, sobre el tema de las reformas a la constitución, para los escépticos, como es mi caso, ni Raúl Castro, ni el recientemente designado (a dedo) como presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, sirven de ejemplos válidos como para garantizar a todos y cada uno de los 11.5 millones de cubanos que, a partir de que se concluyan los trabajos y que, en todo caso, sean sometidas para su aprobación – por vía de la convocatoria a un referéndum popular – que la dictadura se podría constituir en una especie de eje transmisor y facilitador hacia la consecución de un régimen de libertad individual así como garante de la vigencia de los derechos políticos, económicos y sociales fundamentales de los que, lamentablemente, hasta el día de hoy, carecen todos y a cada uno de quienes pueblan la isla mayor de las Antillas.

Lo que, en todo caso, se encuentra en curso de aprobación en Cuba y que ha suscitado sentimientos de emoción, alegría, euforia y posiblemente de estupefacción en la izquierda internacional, es puro y duro gatopardismo, es decir, que todo cambie, para que nada cambie, muy al estilo del esquema vigente en otras latitudes de nuestro continente, como el caso concreto de mi propio país, México, en donde se aprobaron, durante el curso del sexenio que finalizará su encargo este próximo 30 de noviembre, muchas más de las reformas estructurales que nos pudimos llegar a imaginar. No obstante lo anterior, las susodichas reformas no han servido, ni servirán, estimo yo, para enfrentar a dos de los más grandes retos que afectan a nuestra patria adolorida: la corrupción, y su hermana gemela, la impunidad prevaleciente.

Por lo que respecta al FSP al que deberíamos de comenzar a enunciar con el nombre propio que verdaderamente le corresponde: nuevo brazo armado de la izquierda injerencista internacional, y tal cual ha sido señalado, celebró su XXIV Encuentro con la participación de uno de sus dirigentes históricos, Raúl Castro Ruz (el otro, el ex presidente del Brasil, Lula da Silva, se encuentra en prisión), al que concurrieron un verdadero popurrí de organizaciones con inspiración ideológica similar a la que ellos mismos pregonan.

Dentro de las cuales, quisiera subrayar a su atención, al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) que en breve será el partido gubernamental de México y que fuera representado en la cumbre izquierdista por su actual dirigente, la señora Yeidckol Polevnski, quien actuó de la mano del diputado federal electo, Gerardo Fernández Noroña, quien, por cierto, no desaprovechó la oportunidad, para dirigirse, desde el podio, a la concurrencia, ante la cual se pavoneó sobre la calidad y cantidad de votos que había recibido el virtual presidente electo de nuestro país, quien gobernaría, prácticamente, sin oposición real, por lo cual, su organización estaría en capacidad de producir tantas reformas a la constitución como se le “antojaran” a Morena, así como de interactuar a sus anchas por medio de la utilización de la herramienta de expropiación, como medida para reintegrar al estado la propiedad original que le pertenece tanto de puertos, aeropuertos, carreteras, playas, ferrocarriles, como de un muy largo etcétera.

Otro caso que merece la pena enunciar, sobre todo, por los negativos efectos sobre la actual coyuntura que se vive en la Colombia post electoral, con la finalización del gobierno del izquierdista Juan Manuel Santos y el acceso al poder, por abrumadora mayoría, de Iván Duque así como los efectos que pudiera llegar a producir, el anuncio realizado por la sala penal de la Corte Suprema de Justicia, en relación a un juicio en contra del ex presidente y actual senador por el partido Centro Democrático, Álvaro Uribe Vélez quien, en principio, estaría ad portas de ser objeto de una persecución que muchos han llegado a calificar de tipo política.

En dicho sentido, no debería de extrañarnos que, en la declaración final del XXIV Encuentro del FSP se incluyera un párrafo específico dedicada a la propia Colombia, mediante el cual “las fuerzas progresistas” locales, como eufemísticamente se autodenominan quienes integran al Partido Comunista Colombiano, Marcha Patriótica, Movimiento Progresista, Partido Alianza Verde, Polo Democrático Alternativo, Presentes por el Socialismo, Unión Patriótica, Movimiento Poder Ciudadano, Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) y ELN, exaltaron los logros alcanzados por el gobierno Santos en materia de los Acuerdos de Paz con las FARC y convocan a una lucha en contra las fuerzas más retrógradas, representadas por la derecha nacional e internacional quienes, sumadas, boicotean la paz e interrumpen los trabajos encaminados al fortalecimiento de todo el proceso de implementación que, a la fecha, se mantiene aún con un estatus de pendiente.

Para mi, es posible que nuestros respectivos gobernantes, tanto en el caso cubano, como en el de México y, posiblemente, Colombia, supongan que sus gobernados somos entes maleables a sus propios intereses particulares, y que no hemos caído en cuenta, en este instante culminante de nuestras respectivas existencias, del desaguisado al que nos vienen conduciendo como consecuencia directa del pésimo manejo de la cosa pública con la cual han venido interactuando a lo largo de los últimos años.

Tanto para los unos, como para nosotros, nuestros gobernantes piensan que dándonos pan con lo mismo, saciarán nuestro apetito por disfrutar de un clima en el cual primen las mayores libertades que seamos capaces de alcanzar, por encima de los obscuros intereses clientelares que, generalmente, ellos mismos representan.

 

 

 

 

CORDIALIDAD EPISTOLAR

Es muy posible que para los áulicos, es decir, para quienes como en mi caso, no somos ni fanáticos ni defensores a ultranza del virtual presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) el intercambio epistolar entré éste y su homólogo estadounidense, Donald Trump (PROTUS) represente una especie de anatema o desacierto en el manejo de las formas republicanas con las cuales crecimos la mayoría de gobernados, sobre todo, quienes desde nuestra más tierna infancia sufrimos en carne propia los aciertos y desaciertos cometidos – suponemos que en nombre del Estado mexicano – por parte de quienes gobernaron nuestro país al amparo de una organización política hegemónica (y hoy por hoy, putrefacta y anacrónica) como en todo caso, fue el tristemente célebre partido de la revolución, el PRI.

Lo que no constituye una verdad de Perogrullo, y considero, como de la más elemental cortesía, es que todos debemos reconocer, como un hecho insólito, la visita que realizó a nuestro país la semana pasada una delegación del más alto nivel político posible, encabezada por el secretario de estado de la Unión Americana, Mike Pompeo, quien se hizo acompañar, entre otros, por el secretario del tesoro, Steven Mnuchin, la secretaria de seguridad, Kirstjen Nielsen y por el primer yerno de la nación, Jared Kushner, la mayoría de los cuales están directamente involucrados en el manejo de la agenda bilateral.

Según se desprende de las declaraciones públicas realizadas por el propio Pompeo, el objetivo principal de su visita al país fue para felicitar en nombre del pueblo y gobierno estadounidense a sus respectivos homólogos mexicanos por las elecciones celebradas en 1 de julio y, por el indiscutible triunfo alcanzado en las urnas por el propio AMLO. Fue portador, en todo caso, de una carta que el virtual presidente electo de México dirigió a su homólogo estadounidense, mediante la cual lo conmina a propiciar el mejoramiento del presente status quo bilateral enrarecido como consecuencia de los innumerables desplantes unilaterales de que la misma ha sido objeto.

Como consecuencia de la iniciativa epistolar en comento, nos enterramos, justamente, el día de ayer, que PROTUS había dirigido a su homólogo AMLO un alentador escrito, del cual se desprende, entre otras cosas relevantes que, el virtual presidente electo de nuestro país, no será objeto del bullying del que ha sido objeto Enrique Peña Nieto, quien a estas alturas del paseo, no ha sido – e imagino que no será – recibido (como corresponde) durante el curso de una visita oficial a la Casa Blanca en Washington. Intuyo, y es únicamente mi apreciación, que en el corto plazo, AMLO se desplazara a la Unión Americana para recibir el tratamiento que corresponde al jefe de estado que representa a todos los mexicanos.

Confiemos en que así sea. Mientras esto sucede, es esperada, el día de hoy, la visita a México de la ministra de relaciones exteriores de Canadá, Chrystia Freeland, quien, en todo caso, viene a conversar con su homólogo mexicano, Luis Videgaray, y con su contraparte en la negociación del TLCAN, el secretario de comercio, Ildefonso Guajardo, además, se ha conocido que en la agenda de la dignataria, figura, entre otros, un encuentro con el propio virtual presidente electo de México, AMLO y con su designado canciller, Marcelo Ebrard Casaubón.

De que yo guarde memoria, es la primera y única vez en que dignatarios de la talla de quienes hemos enunciado, representantes de las otras dos naciones que integran con México la subregión de América del Norte, viajan a nuestro país en fechas postelectorales, como la presente, con el fin exclusivo de saludar el triunfo legítimo de un candidato en la elección presidencial como ha sido el caso de AMLO. Lo anterior, con independencia de si se avanza o no en el contexto de la agenda trilateral pendiente, como sería el caso del susodicho TLCAN, o si nos dejamos llevar de la mano en el planteamiento de algunos o de todos los temas de la compleja agenda que nos une con los Estados Unidos de América y Canadá.

Para loa áulicos de tiempo completo (que no es mi caso) y para quienes desde la sombra de la comentocracia de los medios masivos de comunicación, quienes siguen pontificando – un día si y otro también – por vía de sus plumas impolutas en el entorno del ser y del deber ser filosófico, es decir, que AMLO debe hacer lo que corresponde a un jefe de estado y comandante en jefe de las fuerzas armadas, todo aquello a los que por décadas los gobiernos de turno del PRI y del PAN nos tuvieron acostumbrados, como por ejemplo, la necesidad de mantener al Estado Mayor Presidencial (EMP), o de utilizar para sus desplazamientos la majestad que brinda el Boeing 787-8, o la flotilla de helicópteros militares puesta a su exclusiva disposición, o las decenas de vehículos blindados (al más alto nivel posible) que, indiscutiblemente, entorpecen el necesario contacto que debe haber con sus gobernados, así como a tantas y tantas canonjías que figuran en el ambicioso menú que cada seis años heredan nuestros respectivos gobernantes.

Celebro que, hasta el día de hoy, el virtual presidente electo de México se ha mantenido con los pies en el suelo que pisa todos los días por la mañana que, en principio, ha rechazado la pompa y circunstancia que implica ser el huésped principal de la residencia oficial de Los Pinos, de sufragar, en su propio beneficio, la explotación de decenas de empleados, ayudante y achichintles (la mayoría integrantes de la tropa del EMP) que pululan en el entorno de la mansión presidencial y de las innumerables instalaciones que han venido siendo utilizadas, tradicionalmente, por todos los emperadores mexicanos.

Ojalá que el ejemplo que pregona, se mantenga. Que se convierta en la premisa fundamental de los seis años del gobierno que está por comenzar, que gobierne para todos sus ciudadanos, que sea humilde, que no piense que todo se lo merece y que irradie el debido respeto a la alta investidura de que ha sido objeto por parte de todos los ciudadanos.

En este momento histórico, no podemos olvidar que el hábito no hace al monje, sino todo lo contrario

 

LOS GRANDES RETOS DE AMLO (II)

Decíamos, el día de ayer, que la oportunidad de la visita a México de altos dignatarios estadounidenses, encabezados, entre otros, por el Secretario de Estado, Mike Pompeo, representaba, para nuestro país, y especialmente, para el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), una oportunidad de excelencia en medio de la cual, podría incluso – desde mi particular punto de vista – llegar a determinarse, con cierto grado de precisión, si existe, entre ambas partes, el necesario grado de sintonía como para abordar, de forma ordenada, seria y responsable los términos que integran una muy compleja agenda bilateral, la cual debe desahogarse sin experimentar los sobresaltos, sinsabores y desentendimientos a los que nos tiene acostumbrados el presidente estadounidense, Donald Trump, gracias, tanto a sus exabruptos personales, como a los desacertados trinos que suele transmitir por vía de las redes sociales más reconocidas.

El presidente electo sostuvo, entre otros conceptos, que estaría dispuesto a proponer, a su contraparte estadounidense, la implementación de un acuerdo o esquema global similar a la Alianza para el Progreso (enunciada por el presidente Kennedy en los años sesenta) que beneficie a los países latinoamericanos en general, y a los que integran la subregión de Centroamérica y el Caribe, en particular, como una especie de válvula de escape a la incertidumbre que se genera en ocasión del creciente flujo migratorio de nacionales de países ubicados al sur de la frontera del Río Bravo, y la negativa del gobierno de los Estados Unidos para sensibilizarse sobre las razones intrínsecas (humanitarias) que motivan dicho fenómeno migratorio.

Sin embargo, bien a bien, me parece que, a estas alturas del paseo, el horno no está como para cocinar este tipo de castañas en lo que tiene que ver con la posibilidad de que PROTUS pudiera llegar a sensibilizarse en torno a algo distinto a lo que sigue siendo, hoy por hoy, la piedra angular de la línea filosófica de su gobierno: America First. Tan irascible ha sido en la defensa de dicho principio que ha suscitado, además de la guerra comercial con la mayoría de potencias económicas del mundo, el despertar de sentimientos encontrados entre algunos de los principales dirigentes internacionales, como ha sucedido, justamente, esta misma semana, en ocasión de su asistencia y participación en la cumbre de la OTAN, celebrada en Bruselas, en la que se registraron algunos encuentros altamente desagradables.

Por todo lo anterior, intuyo que lo que compete al próximo gobierno (es decir, al de AMLO), es asumir que, mientras Donald Trump se sostenga en la presidencia de los Estados Unidos de América, lo mejor que podemos hacer es salir a la calle para ventilar nuestra agenda internacional y orientar nuestros mayores y mejores esfuerzos hacia otras latitudes del planeta a lugares en los que, con toda seguridad, encontraremos, tanto aliento fresco a favor de nuestras aspiraciones como país, como serios compromisos de mutuo beneficio a los fines de nuestros mejores intereses.

En ese orden de ideas y aprovechando que en la agenda bilateral con los Estados Unidos de América subsiste en calidad de pendiente el proceso de negociación del TLCAN (2) y que México será objeto de la aplicación de aranceles para la importación de acero y aluminio, entre otros productos, sugiero que exploremos intensamente la posibilidad de diversificarnos hacia otros mercados, partiendo del supuesto que disponemos de los mecanismos suficientes para avanzar conforme a nuestros propios intereses con los países que integran nuestra región geográfica natural, principalmente, con Brasil, Argentina, Chile, Perú y Colombia. Además, sacar las mayores ventajas posibles del mercado comercial que ha sido considerado como el de mayor potencial a nivel internacional, como es el caso específico del Acuerdo Transpacífico de Cooperación (TPP)

Por lo que respecta a la proyección hacia otros mercados internacionales, como es el caso concreto de la Unión Europea, nuestro país dispone – afortunadamente para todos – de mecanismos suficientes como para salvaguardar nuestros intereses nacionales así como para dar sentido a una nueva era, surgida del proceso electoral del pasado 1 de julio, en el cual, la ciudadanía extendió un contundente mandato constitucional a quien se convertirá en el interlocutor natural a dichos efectos y próximo presidente de la república.

A su vez, no podemos soslayar la posibilidad orientar nuestra agenda de política exterior con vistas a promover a México en naciones tradicionalmente consideradas como más lejanas. En tal sentido, se me ocurre, por ejemplo, los casos de países como China, Japón, Corea, India y Rusia, como potencialmente viables e interesados en las expectativas que, para cada uno de ellos, representa tanto nuestra privilegiada situación geográfica, la riqueza de nuestros recursos naturales y humanos, como la calidad y cantidad de productos que potencialmente podríamos ofrecer en los principales mercados internacionales.

Por supuesto, la apertura y colaboración plena con la que México ha colaborado desde su fundación con las principales instancias multilaterales, llámense ONU, OEA, y todos los sistemas que dependen de las mismas, así como las instituciones financieras internacionales, las de carácter jurídico, comercial, económico, etc.

Parte importante de este rubro tiene que ver con la calidad y cantidad de recursos humanos que habrán de dedicarse a salvaguardar los intereses de México en el mundo. Aquí, me gustaría realizar un llamado al nuevo presidente de la república para que se tome la molestia de calibrar y valorar la labor que, tradicionalmente, ha realizado el Servicio Exterior de carrera, cuya profesionalización ha sido una ardua labor realizada a lo largo del tiempo por el estado mexicano.

 

 

 

TSUNAMI SOBRE MÉXICO

De ese tamaño, desde mi particular punto de vista, se tiene que contemplar lo que ha sido considerado, desde ahora, como una verdadera hazaña concretada, nada más y nada menos que por Andrés Manuel López Obrador, popularmente conocido como El Peje, quien se alzó con un indiscutible triunfo electoral – sustentado por los datos provisionales con que cuenta, en este preciso momento el árbitro electoral: el INE, que se cifran en el orden de 53.5% del total de sufragios emitidos –, dicho sea de paso, muy por encima de los resultados obtenidos por cada uno de sus tres contrincantes, que concurrieron al proceso con la representación de los partidos políticos (hasta el día de la elección) con mayor representación popular: el PRI, el PAN y el PRD, los cuales, conjuntamente, con sus adláteres tradicionales fueron objeto de un muy merecido y bien ganado voto de castigo por parte de quienes en algún momento de su histórica trayectoria supusieron que hablarían en el nombre de la ciudadanía en los distintos órganos de representación popular contemplados en nuestro ordenamiento jurídico.

Nos fallaron (más bien le fallaron a toda la ciudadanía) tanto el uno como los otros, comenzando, por el que ha sido considerado como el mayor culpable del clima de incertidumbre prevaleciente, es decir, el PRI al frente del cual se posesionaron quienes integran la que ha sido considerada como una de las organizaciones más corruptas de nuestra historia patria: el Grupo Atlacomulco, cuyos principales dirigentes, comenzando por Enrique Peña Nieto, no supieron, o no quisieron determinar con claridad y precisión, la coyuntura en medio de la cual les correspondió gobernar durante el curso del período 2012-2018.

En idéntica situación, por lo que respecta al partido que había sido considerado como el de la gente decente, el PAN, que además, actuó como protagonista de la anhelada alternancia política, que tampoco pudo, o no quiso capitalizar en su propio beneficio, y por supuesto, en el beneficio directo para sus más de cien millones de gobernados el bono democrático, emitido al portador, a favor del tristemente célebre Vicente Fox, cuyo sucesor, de la misma estirpe política, para el mandato 2006-2012, Felipe Calderón, tampoco quiso, más bien, no pudo gobernar y transformar al país en los términos que le correspondían. Fue, además protagonista y causante principal de un verdadero baño de sangre que, aún a estas alturas del paseo, y por virtud de su inercia nos sigue salpicando desde los cuatro puntos cardinales de la geografía nacional.

Lo mismo por lo que respecta al PRD, organización política que agrupó, entre sus filas de simpatizantes, a representantes de voraces tribus que a lo largo de sus excesos deglutieron entre sus fauces cuanto pudieron, especialmente, en el eje principal en el cual tradicionalmente sentaron sus reales: el gobierno de la capital de la república, a la cual transformaron simple y llanamente con las siglas de CDMX, en la mayoría de las 16 delegaciones políticas (ahora transformadas en alcaldías) y en cuanto órgano de gobierno tuvieron a su alcance: Asamblea Legislativa y Tribunal Superior de Justicia, por enunciar a los más obvios, y por supuesto, también los más contaminados.

Andrés Manuel, como le dicen también sus más cercanos colaboradores, dio en la fecha de la elección, apenas un primer paso de una larga y empinada cuesta por la cual deberá transitar, al menos, de aquí a la fecha de su toma de posesión – que esperemos se realice, puntualmente, en medio de la solemnidad del caso, es decir, en sesión conjunta del H Congreso de la Unión -, y una vez que ocupe el despacho principal del Palacio Nacional, disponga de la suficiente movilidad como para asumir, entre otros principios inmutables, que el mejor camino al éxito, pasa, indefectiblemente, por la debida observancia del ordenamiento jurídico vigente y que, por añadidura, y con toda la convicción que sea capaz de asumir, no se dejará, por motivo alguno, obnubilar por la influencia que, a estas alturas del paseo, ejerce a nivel de la región latinoamericana el Foro de Sao Paulo, del cual es parte integrante el Movimiento de Regeneración Nacional MORENA, entidad que ha puesto a su máximo líder ad portas de ejercer el cargo político más importante del país.

Que sin distingos de raza, credo, lengua, filiación política, etcétera, se comprometa a gobernar para todos sin estigmatización alguna o intento por dividir a la ciudadanía entre buenos y malos.  Eso si, a los corruptos de siempre, sobre todo a los personajes más conspicuos, someterlos al imperio de la ley, de igual manera a quienes son ostensiblemente señalados como parte de las bandas del crimen organizado, esas mismas que asolan importantes regiones del territorio nacional, y que son causa principal de la violencia exacerbada que nos afecta a todos por igual.

Que comience – sin demora alguna – la construcción de las principales instituciones políticas del país, las cuales atraviesan por una crisis sistémica tal cual fuera puntualmente señalado en la obra “Cleptocracia” de mi autoría https://www.amazon.com/gp/offer-listing/1980775966/ref=olp_f_primeEligible?ie=UTF8&f_new=true&f_primeEligible=true mediante la cual, he intentado, en la medida de mis posibilidades, dimensionar los alcances del fenómeno de la corrupción e impunidad prevalecientes en todas y cada una de las acciones implementadas por la misma clase política que, hoy por hoy, deberá comenzar a hacer las maletas para un viaje que, esperemos, no tenga retorno.

El reto es inmenso. Lo menos que podemos hacer en nuestra calidad de gobernados es conceder a El Peje el beneficio de la duda.

 

 

 

 

 

 

VICTORIA PÍRRICA PARA NICOLÁS MADURO

En ocasión de la más reciente celebración de elecciones presidenciales en la Venezuela bolivariana de Nicolás Maduro, no me cupo la más mínima duda para calificar – lo que desde mi particular punto de vista – pudo llegar a convertirse, al menos, en un evento de trascendencia continental, en una victoria del mismo tipo de la que logró el Rey Pirro de Epiro (280-275 a.c.) consecuencia de la cual, si bien es cierto, como ha ocurrido con el caso del caudillo criollo que consiguió reelegirse, aquél, se alzó con el ramo de olivo característico que se otorgaba como premio en la antigua cultura griega, a pesar del excesivo costo de haberse salido con la suya, en cuanto al sacrificio de recursos humanos y materiales que, en ambos casos, resulta injustificable a los ojos de la historia, por haber sido implementados con el claro objetivo de conculcar los principales derechos fundamentales de los pueblos a los que estaban (están) llamados a gobernar, de forma tal que lograrán perpetrarse, indefinidamente, en el ejercicio del poder público.

Afortunadamente, para todos, y muy especialmente, para el noble y sufrido pueblo venezolano, en el caso que hoy nos ocupa, el tirano, con su actitud prepotente y envalentonada de siempre, aparentaría no haber medido el costo político, económico y social de la afrenta que, a su muy singular estilo, estaría enfocada a implementar en Venezuela un régimen (similar o igual) al que por casi sesenta años ha sustentado la gerontocracia gobernante de la Cuba de los hermanos Fidel y Raúl Castro Ruz, misma que se encuentra vox populi, a estas alturas del paseo, en plena agonía existencial.

Para allegarse un nuevo mandato de seis años – período 2019-2025 -, el tirano no cejó en violentar todas y cada una de las reglas formales e informales que sustentan un régimen democrático (al estilo europeo occidental) como el que disfrutan (afortunadamente para todos) la mayoría de naciones de nuestro entorno continental. Se sirvió, de entre otras artimañas, de las dádivas derivadas de la emisión de un carnet de la patria, subterfugio utilizado para saciar las ansias de comida, bebida y medicinas que hoy padece una gran mayoría de sus propios nacionales; ha cooptado, a sus propios intereses, a todas y cada una de las organizaciones en las que participa la sociedad civil organizada, persiguiendo, con todo el peso de la ley (y de la fuerza de los organismos represores del estado) a cuanto intento de oposición se le presente, de cara a la consolidación de su propia hegemonía.

Afortunadamente para todos, y entre ellos incluyo también, a quienes sufren en carne propia la catástrofe que hoy arrostra por igual a los habitantes de la otrora orgullosa patria del libertador Simón Bolívar, la comunidad internacional y todos los voceros más eminentes a nivel global, han dejado atrás aquél silencio cómplice que les fuera característico, para asumir una función – cada uno en el ámbito de sus respectivas responsabilidades – encaminada a realizar un frente común para abatir a la dictadura del socialismo del siglo XXI, actualmente encabezada por Nicolás Maduro.

Si bien es cierto, la paciencia tiene un límite, y ese límite ha sido traspasado por el tirano, al convocar una espuria y fuera del calendario elección presidencial, sustentada en una inexistente – jurídicamente hablando – Asamblea Nacional Constituyente, y bajo la vigilancia y supervisión de un Consejo Nacional Electoral (CNE) de bolsillo, ahora corresponde a los principales aliados de la causa por la libertad de Venezuela tomar las medidas correspondiente que viabilicen el término del sufrimiento nacional que hoy aqueja, por igual, a noble pueblo hermano que espera, de todas y cada una de las partes involucradas y solidarias como son los casos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, los países que integran, tanto a la Unión Europea, como a la Organización de Estados Americanos, y al Grupo de Lima, la respuesta más adecuada posible que viabilice el término de tanto sufrimiento.

El mensaje ha sido claro y explícito, esperemos a ver si el mismo fue recibido en tiempo y forma por todas las contrapartes que, en principio deberían quedar involucradas.

 

 

 

 

 

EL ARTE DE ESCAMOTEAR RESPUESTAS PUNTUALES

Tal cual sucedió con muchos de nuestros compatriotas que residimos fuera de nuestras respectivas fronteras territoriales, realicé un esfuerzo conjunto para atender, en horario nocturno, la transmisión electrónica realizada desde las instalaciones de la Universidad Autónoma de Baja California (sede Tijuana) de los detalles correspondientes al segundo debate presidencial organizado por el Instituto Nacional Electoral (INE) – en su calidad de árbitro de la contienda – en el que participaron los candidatos a la presidencia de la república: Andrés Manuel López Obrador (Morena-PT-PES), Ricardo Anaya (PAN-PRD-MC), José Antonio Meade (PRI,PVEM-Panal), y Jaime Rodríguez Calderón (Independiente), de cara a posicionarse (o no) en pos del triunfo, durante el curso de las elecciones a realizarse el próximo domingo 1 de julio.

Sobre dicho particular, intuyo, como imagino que lo hicieron cientos de miles de compatriotas que los cuatro protagonistas del evento cumplieron a raja tabla con el objetivo – abstracto – de escamotear (consciente o inconscientemente a sus electores, es decir, a todos nosotros) las respuestas puntuales que esperábamos sobre los principales temas que, en principio, deberían de haber sido abordados por quienes aspirar gobernar un país, como el nuestro, en materia de política exterior, como fueron los casos de: 1.- comercio exterior e inversión; 2.- seguridad fronteriza y combate al crimen trasnacional; y 3.- derechos de los migrantes.

Contrario a lo que todos esperábamos de este penúltimo debate presidencial, cuya mayor novedad fue la participación de ciudadanos del común, insaculados por el propio INE, tampoco aportaron positivamente al cumplimiento del principal objetivo de la convocatoria, quienes sirvieron como moderadores principales, los periodistas Yuriria Sierra y León Krauze, los cuales intentaron (con éxito) hacer todo lo posible por prevalecer (sin disimular) sus intereses particulares por encima del cumplimiento de las funciones inherentes que el propio árbitro electoral les había asignado.

Fuera de la mayúscula sorpresa que todos nos llevamos – unos más que otros – como consecuencia de la ausencia de propuestas concretas sobre los temas que suscitaron el debate, abundaron, eso si, durante las casi dos horas que duró el evento, los típicos insultos, chascarrillos y bromas callejeras y vulgares características a que nos tienen acostumbrados los principales interlocutores que pueblan la fauna política de nuestra muy querida y más golpeada nación.

Como potencial sufragista, ávido de señales inequívocas que orientaran el sentido de preferencia política, alcancé a preguntarme: ¿por quién votar?. De ser el caso, ¿a cuál de los cuatro candidatos no le otorgaría el beneficio de mi preferencia? Sobre todo, bajo la premisa de que, tal como fuera alertado con anterioridad, la agenda enunciada con la debida anticipación por el propio INE, determinó las pautas específicas que deberían ser abordadas por los cuatro contendientes de cara a la expectativa de audiencia potencial que fuera estimada en poco más o menos, de varios millones de electores potenciales.

Muy poco se enunció en el entorno de la estrategia de cada una de las tres coaliciones: “Juntos Hacemos Historia”; “Por México al Frente”; y “Todos por México”; además del candidato independiente, con respecto a la relación bilateral con los Estados Unidos de América, en general, y con su cuadragésimo quinto presidente, en lo particular, quien, dicho sea de paso (y que no se nos olvide) no ha escatimado oportunidad alguna para estigmatizarnos y hacernos culpables de todos los males que aquejan la coyuntura prevaleciente en la primera potencia del mundo, lugar en el que, no podemos ni debemos olvidar residen, de forma permanente, un aproximado de 20 millones de compatriotas, entre los cuales, más o menos la mitad no disponen de documentos migratorios que acrediten su legal estancia en el país.

Tampoco hubo referencias concretas al fondo y forma en los que sería avanzada la negociación del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN), actualmente, en curso en una mesa de discusión, confrontando los avatares de los halcones comerciales al servicio de la administración Trump. Algo similar sucedió en el contexto de la estrategia para combatir el crimen organizado trasnacional, y mucho menos, con respecto a los efectos negativos que sobre nuestro país se vienen resintiendo como consecuencia del impacto del trasiego de armas, narcotráfico, y tráfico de precursores de metanfetaminas, entre otras plagas.

Sobre el impacto negativo que causa en la relación bilateral la migración de cientos de miles de nacionales de países centroamericanos (Guatemala, Honduras y El Salvador), lo mejor que se dijo, en todo caso, fue la ocurrencia del abanderado de la coalición “Juntos Hacemos Historia” quien propuso relanzar un proyecto parecido al de la Alianza para el Progreso (ALPRO) enunciado en la década de los años sesenta por el entonces presidente de los Estados Unidos de América, el muy carismático John F. Kennedy.

Lo anterior, en todo caso, nos mostró con claridad cuan avanzado e ilustrado en dicha materia se encuentra el equipo del candidato que ocupa – al momento de escribir estas línea – el primer lugar en las listas de preferencias electorales. Dicen, quienes de esto saben, que quien lleva la batuta en Morena es el auto designado embajador Héctor Vasconcelos, propuesto para ejercer el cargo de Secretario de Relaciones Exteriores quien, por otra parte, ha realizado inopinados pronunciamientos en dicha materia, sobre todo, en casos específicos como el que encierra otra de las “papas calientes” del régimen peñanietista en materia de política exterior: el caso de Venezuela.

Sobre dicha nación suramericana, justamente, el día en que fuera celebrado el debate, se realizó un proceso electoral que dio como resultado la reelección (por un período de seis años) de Nicolás Maduro, quien de dicha forma consolida un mandato que ha sido puesto en tela de juicio tanto por parte de la comunidad internacional, como por el Grupo de Lima, del cual forma parte nuestro país, y por virtud de su activismo, rompe con uno de los paradigmas que en esta materia fueran enunciados con mayor vehemencia durante el transcurso del México post revolucionario.

Aún, a estas alturas del paseo, sigo meditando el sentido de mi voto, confiando, en todo caso, en que el INE me cumpla y me haga llegar el “paquete” (que ya se está repartiendo entre los mexicanos que residimos en el exterior), con la información relativa a mi participación en este proceso electoral calificado – por quienes mejor saben – como de carácter histórico.