Analisis

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AJEDREZ DIPLOMÁTICO CONTINENTAL

Para nadie – digo yo – debería de haber resultado sorpresiva la reciente visita a México del Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Sergéi Lavrov, con independencia de que, la misma, se verificó, casi en paralelo, al periplo realizado por diversos países europeos y por Canadá, por el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, quien se presentó ante la cúpula del poder político del gobierno de los Estados Unidos de América, comenzando por su presidente, Donald Trump, incluidos el Vicepresidente, Mike Pence, y la líder demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, así como un largo etcétera, entre quienes figuraron aquellos que integran el establishment, en medio del cual, fue objeto de los consabidos saludos y apapachos, rendidos, todos, en su honor y, en todo caso, en su calidad de “auto designado” presidente legítimo del país bolivariano.

En dicho contexto, el canciller ruso concretó una gira que incluye a los países de nuestra subregión geográfica – Cuba, México y Venezuela -, con los cuales, supuestamente, el gobierno de Vladimir Putin (dice él) cree que cuenta con las mayores convergencias, no sólo en lo político-ideológico, lo estratégico, y también, en lo económico, comercial, financiero y energético, lo cual, no estaría del todo desapegado a la realidad prevaleciente, especialmente, por lo que respecta a Cuba y Venezuela, países que, de una u otra forma han dependido (Cuba) de la tutela ideológica sempiterna del gigante europeo, y Venezuela, en función de su supervivencia como estado nacional, por virtud de la acelerada crisis por la que atraviesa desde que su actual primer mandatario Nicolás Maduro ascendió al poder por obra y gracia de su mentor, el ahora desaparecido, Hugo Chávez.

La riqueza petrolera de la nación suramericana ha sido, desde tiempos inmemoriales, y seguirá siendo per seculas seculorum una viva aspiración hegemónica, tanto de parte de los unos, como de los otros, es decir, de los dos bloques hegemónicos en que fuera dividida la comunidad internacional tras el advenimiento de la nueva era surgida con el triunfo de los países aliados en la segunda guerra mundial.  Hoy por hoy, y como consecuencia directa del desdeño estadounidense hacia su aliado natural, Rusia, por vía de una de sus más reconocidas empresas trasnacionales, está a punto de adueñarse de la única riqueza que aún se mantiene en pie y, supuestamente, bajo el control de quienes ejercen el poder político en la patria del libertador Simón Bolívar: el petróleo.

El gobierno de Nicolás Maduro no ha querido, más bien, no ha podido librar la batalla que le fuera planteada como consecuencia directa de los innumerables yerros y desatinos cometidos tanto por el propio primer mandatario, como por sus vociferantes adláteres, quienes han interactuado, de cara a sus principales responsabilidades sociales para con el pueblo venezolano, como unos verdaderos ignorantes e ineptos para el ejercicio de la cosa política.

Con dicha expectativa a cuestas, Lavrov incursionó en nuestro país, entiendo yo, como una escala en una nación que no se ha comprometido ni con tiros ni con troyanos, al menos, por lo que respecta al caso que atañe a la legitimidad del gobierno de Venezuela.  Hemos sido contundentes, como siempre, apegados a la praxis que por años nos ha validado como interlocutores de calidad en las grandes causas americanas, así como en la solución de los más importantes conflictos contemporáneos, acaecidos en el contexto de nuestra sub región geográfica.

A pesar de que, por lo que respecta a la coyuntura venezolana, nuestro país apuesta por la solución negociada entre las partes (para mí, una especie de diálogo de sordos) en contraposición con la estrategia, claramente asumida, por parte de nuestros dos principales aliados de América del Norte, México no está solo, ni estará aislado en un asunto de la trascendental relevancia del que ahora nos ocupa.  Hemos asumido, es decir, el gobierno de AMLO, asumió una posición correcta, pero muy arriesgada, sobre todo, si para ello consideramos que el presidente Donald Trump, ha comenzado ya con su campaña en busca de la reelección en el proceso que culminará el mes de noviembre venidero, periodo durante el cual la diatriba trumpista contra nuestros intereses nacionales, con toda seguridad, estará a la orden del día.

 

 

RESURGIMIENTO DE JUAN GUAIDÓ

Para todos aquellos que supusieron que el presidente encargado de Venezuela, el congresista y también Presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, conjuntamente, con el movimiento opositor que él mismo encabeza, enfrentaba sus últimos estertores, pueden ahora, expresar, con el debido convencimiento que, gracias al singular apoyo obtenido por parte de uno de sus principales mentores: el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien, con un inusitado gesto de simpatía en el marco de su comparecencia ante el Congreso de su Nación, lo ubicó, ipso facto, en la vanguardia de la línea de salida hacia la búsqueda de una solución – real, firme y duradera – para la difícil coyuntura política, económica y social, por la que atraviesa Venezuela.

En dicho sentido, el auto designado como presidente encargado – quien ha sido reconocido por 59 países -, recibió una especie de bocanada de aire fresco, gracias, también, a su más reciente gira internacional, que comenzó en Colombia, lugar en el que participó en una cumbre sobre terrorismo, organizada por los gobiernos de Iván Duque y del propio Donald Trump, a la que asistieron, entre otras personalidades, el secretario de Estado, Mike Pompeo, con quien sostuvo un encuentro personal, y de ahí, coordinó su salida hacia la ciudad de Davos (Suiza) con el fin de participar en el Quincuagésimo Foro Económico Mundial, lugar en el que, espontáneamente, le fue permitido dirigir un claro y trascendental mensaje político, de gran relevancia para su causa.

Durante su periplo, además, se entrevistó con dirigentes europeos de primer nivel como fueron los casos de los líderes políticos de países como Austria, Francia y Alemania, respectivamente, Sebastián Kurz, Emmanuel Macron y Ángela Merkel, así como con la vicepresidenta de la Comisión Europea Margaritis Schinas y el Alto Representante para Política Exterior de la Unión Europea el español Josep Borrel, así como con el Primer Ministro de Gran Bretaña, Boris Johnson, a quien visitó en Londres, y la Ministra de Relaciones Exteriores del gobierno español encabezado por Pedro Sánchez quien, en todo caso, se hizo omiso ante la visita del dirigente político venezolano.

No obstante, la furtiva huida del jefe de gobierno español, Guaidó tuvo una importante interlocución política con diversos dirigentes de los principales partidos con representación en el Congreso de los Diputados, además, recibió de manos del alcalde de la ciudad capital del Reino, José Luis Martínez-Almeieda, las llaves de la ciudad. Lo anterior, sin descontar la importancia de la reunión pública con un número indeterminado de nacionales de su país (se dice que hay aproximadamente 200 mil venezolanos residiendo en España) a quienes llevó un mensaje alentador sobre el futuro inmediato de la causa común que une a todos sus compatriotas.

Ante el impasse que se presenta por virtud de la ausencia de logros alcanzados en favor del movimiento por la democracia en Venezuela, y el indudable fortalecimiento de la dictadura de Nicolás Maduro, sobre todo, como consecuencia directa del apoyo incondicional que en su favor le ha sido extendido por la cúpula de las Fuerzas Armadas, la acción internacional, manifestada con hechos concretos, como es el caso del pronunciamiento del presidente estadounidense, que fue realizada en el marco de un acto de la mayor relevancia realizado entre los poderes del estado, como es el caso de la comparecencia del titular del Poder Ejecutivo ante el pleno del Congreso, para rendir su informe sobre los avances de su administración.

Ojalá que este alentador mensaje, y otros muchos más provenientes de allende las fronteras del sufrido país bolivariano, se mantengan vigentes, por lo menos, durante el curso del presente año, especialmente, si se diera el caso de que la dictadura convoque a elecciones legislativas – previstas, supuestamente, para realizarse el mes de noviembre – para renovar la Asamblea Nacional, bajo la férula (control) de la oligarquía bolivariana prevaleciente.

MIGRANTES CENTROAMERICANOS

Mucho se ha escrito – y se seguirá haciendo – en el entorno de la historia verdadera de los indescriptibles sufrimientos acaecidos en contra de los migrantes centroamericanos que surcan nuestro territorio nacional, mayoritariamente, con las expectativas de hacer realidad el “sueño americano” entelequia que, dicho sea de paso, ciega a unos y obnubila a otros.

La verdad sea dicha, para esos cientos de miles de nacionales de países como Guatemala, El Salvador y Honduras, por enunciar a aquellas naciones más singulares de nuestro entorno geográfico, caracterizadas por favorecer la expulsión de connacionales, supuestamente, por causas de “fuerza mayor” que, la verdad sea dicha, en lenguaje vernáculo, podríamos traducir con el término: inminente peligro de muerte, cruzar por el vasto territorio de México, les implica adentrarse en una de las mayores aventuras de sus respectivas existencias, sin valorar para ello, diferencias tales como, sexo, edad o condición civil y/o religiosa.

En todo caso, concurre como rasgo distintivo para todos,  pertenecer a los estratos socio-económicos de mayor vulnerabilidad dentro del ciclo vital de las naciones que les dieran origen.

Y, aunque, eso sí, subsisten infinidad de voces que resuenan a lo largo y ancho del vasto territorio americano, es bien sabido que, por sus efectos, poco o nada han contribuido a que dicho fenómeno migratorio pueda ser abordado, en serio, a la hora de anteponer la salvaguardia de los derechos fundamentales de esos nuevos trashumantes, quienes subsisten, y lo seguirán haciendo – lamentablemente -, bajo la amenaza creciente de la vulneración de su integridad física, e incluso, hasta podría llegar el caso de perder la vida.

Para todos aquellos que integramos mi generación dentro del servicio exterior y que, de una u otra manera, tuvimos cercanía con la subregión geográfica más próxima a nuestros afectos, y quienes además procuramos – sin alcanzar los objetivos – portar el estandarte que considera a los nacionales de los países del área centroamericana como si realmente fueran hermanos fraternales, en la práctica, fracasamos en el intento y lo seguiremos haciendo mientras suceda lo que ha venido aconteciendo en la administración de la 4T enarbolada bajo el designio del presidente Andrés Manuel López Obrador AMLO, ahora convertido en cancerbero mayor de su” nuevo mejor amigo”, el presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, quien, conjuntamente, con los halcones que sustentan su administración, pontifica en el entorno de la política migratoria de nuestro país (por supuesto, bajo el influjo del chantaje disfrazado bien conocido por todos).

A pesar de estar convencidos que el ejercicio indebido de aspectos fundamentales de nuestra propia soberanía nacional, como es el caso de la política migratoria, resulta nugatorio en términos del contexto de la relación bilateral, no podemos, ni debemos soslayar el hecho real de la asimetría característica de nuestra posición frente a la de la primera potencia mundial, bajo cuya actual dirigencia política nos acecha, un día si, y otro también, con los mismos ojos imperiales característicos de la guerra de 1847 en la que, como es de todas conocido, prácticamente nuestro país fue dividido por la mitad.

El haber enviado a quienes a partir del mes de mayo de 2019 integran la Guardia Nacional GN, a impedir, en el borde de la división fronteriza con Guatemala, la irrupción desordenada de una caravana de migrantes hondureños, los cuales, bajo la consigna de viajar hacia el país del sueño americano, a través del territorio de México, implica un grave error histórico del cual, tarde que temprano, deberemos de arrepentirnos.

 

 

 

POLARIZACIÓN A ULTRANZA EN COLOMBIA

Como todo lo relativo al proceso de consolidación de la paz en Colombia, hemos intentado un puntual seguimiento a las diferentes etapas, especialmente, las iniciadas, durante el término de los ocho años en que se mantuvo Juan Manuel Santos al frente del poder público en este país. Como prueba de lo que antecede, los diversos y variados análisis publicados, en tiempo y forma, en este mismo espacio de opinión, en el cual he intentado expresar personales puntos de vista sobre los más diversos aspectos de la coyuntura internacional.

Toca el turno al profundo debate provocado como consecuencia de las objeciones (seis) de un total de 159 artículos presentadas por el presidente de la república Iván Duque Márquez al proyecto que contempla la Ley Estatutaria de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) entidad sui generis derivada de una entelequia, producto de la profunda desconfianza que los líderes de la otrora famosa guerrilla vernácula la Fuerza Armada Revolucionaria de Colombia (FARC) expresaron en el entorno de una de las columnas fundamentales del Estado Colombiano: la aplicación de la justicia.

Dicen, sobre dicha materia, los muy versados negociadores de la égida santista, que llegado el momento en el cual los representantes gubernamentales debieron abordar con sus contrapartes farianas – y los adláteres que les asesoraron todo el tiempo – las líneas generales sobre la justicia transicional que opera, como es bien conocido, dentro del esquema de verdad, justicia, reparación y no repetición, que fuera adoptado a raja tabla en el entorno de la estructura del acuerdo con el cual quedó sellado el proceso. Unos y otros, es decir, farianos y sus adláteres, enunciaron que no iban a permitir que se les sometiera a la justicia derivada de la ley vigente en poder de quien potencialmente podría ser considerado como su principal enemigo: el gobierno colombiano.

Razón por la cual, de entre los principales abogados con los que contaba las FARC, Enrique Santiago, de nacionalidad española, vinculado al partido comunista y a izquierda unida en su nación de origen (promovido y financiado por el gobierno de Noruega) con el apoyo, de entre otros, del dirigente conservador Álvaro Leyva, idearon una especie de “Frankestein” – que al gobierno Santos le pareció aceptable – al que bautizaron, como ya ha sido enunciado, como Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) integrada por 51 jueces (53% mujeres) vinculados, mayoritariamente, a colectivos de izquierda (algunos de los cuales, muy cercanos y/o simpatizantes de las propias FARC).

Una especie de “traje a la medida” en favor de la izquierda e izquierda radical colombiana que, además de representar un alto costo económico a la nación, aún a estas alturas del paseo, no queda muy clara, su capacidad para cumplir con sus tareas fundamentales, especialmente, si se toman en cuenta las múltiples vicisitudes por las cuales viene atravesando desde el momento de su creación, meritoriamente, señalamos, entre otras, el tráfico de influencias, la corrupción y los dudosos manejos de los ingentes recursos asignados para su operación.

En este sentido, no podemos ni debemos omitir la discrecionalidad con la cual sus respectivos magistrados han venido manejando casos específicos relativos a permisos y salvoconductos otorgados en favor y beneficio de algunos ex guerrilleros aupados entre algodones a los que se viene autorizando a salir de territorio nacional para labores de proselitismo (supuestamente los beneficios derivados de los acuerdos de paz) que muchas veces han sido utilizados como adecuadas vías para continuar con labores de adoctrinamiento político para beneficio de sus propios intereses guerrilleriles.

Las diferencias principales – que yo veo – entre el texto originar de la ley estatutaria y las objeciones presentadas por el primer mandatario de la nación se dan en función de la laxitud con la cual son contempladas las penas aplicables a los casos de todos aquellos guerrilleros que se presenten ante la JEP vis a vis las consideraciones derivadas de la justicia contemplada en el marco de la jurisdicción de la Corte Penal Internacional, a la hora de someter a proceso a indiciados de cometer delitos de lesa humanidad, tales como reclutamiento infantil, violación sexual sistemática en contra de menores de edad, secuestro, extorsión, reincidencia en delitos como el narcotráfico, uno de cuyos ejemplos más significativos – en la actualidad – el del caso del ex jefe guerrillero Zeuxis Pausias Hernández Solarte alias “Jesús Santrich” solicitado en extradición por parte del gobierno de los Estados Unidos de América por haber planeado el envío de cinco toneladas de cocaína hacia dicho país en fecha posterior a la firma del acuerdo de paz.

Ahora caigo en cuenta las razones principales de que, justamente, el día de ayer, y tras más de cincuenta días de debate, el Senado – al no haber obtenido el número suficiente de votos para aprobar o desechar el proyecto de Ley Estatutaria de la JEP – decidió remitir el texto a la Corte Constitucional, instancia en donde seguirá produciéndose el mismo fenómeno de polarización a ultranza, característica que se siente desde las entrañas mismas de esta bella patria Colombiana.

 

 

 

 

 

 

CRISIS SISTÉMICA EN MÉXICO

Ya lo vislumbrábamos durante el periodo de reflexión, investigación y elaboración de la obra “Cleptocracia” (Cleptocracia by Ignacio Gutiérrez Pita. Amazon/Kindle. marzo 2018) en la cual fue planteado con claridad prístina que nuestro país, sí, efectivamente, México, ese México de nuestros más grandes amores y desvelos, enfrentaba, en sus principales instituciones políticas una crisis sistémica, derivada, entre otros factores fundamentales, de la autocomplacencia ciudadana, culpable, eso sí, por dormirse – en sus laureles – e ir a ver la corrida desde un cómodo burladero, en lugar de lanzarse al ruedo y actuar, como corresponde, es decir, tomando al toro por los cuernos, en lugar de soslayar que la arcaica revolución de principios del siglo pasado, siga consolidando sus pútridas eses a costillas de las propias instituciones políticas del país.

En todo caso, la referencia específica a la cual quisiera hacer mención en este momento, tiene que ver con el debate suscitado por las muy desacertadas respuestas – que desde mi particular punto de vista – fueran emitidas por el primer magistrado de la nación, el morenista AMLO, una vez que cayó en cuenta de las consecuencias producidas en virtud de la masacre que fuera registrada en Minatitlán, Veracruz, el pasado 19 de abril, en la que fueron victimados, a mansalva, por integrantes del crimen organizado, trece pacíficos ciudadanos (hipótesis que sustento hasta prueba en contrario) incluidos, entre ellos, un menor de dos años de edad, de quien dicen, le fueron encontrados entre sus despojos mortales, dos tiros de gracia.

Situación similar, aunque no igual, – acaecida, también, en tiempos de la 4T – se presentó el pasado mes de enero en la población de Tlahuelilpan, Hidalgo, lugar en donde perdieron la vida 89 personas y resultaron con heridas de diversa consideración 58 más. Lo anterior, como consecuencia de la explosión de un ducto que había sido previamente horadado por aviesos huachicoleros, mismo que se les salió de control, tanto a los propios expoliadores clandestinos de la riqueza nacional, como a las autoridades competentes (ejército y policía federal) que dejaron de actuar – cual correspondía y era su obligación fundamental – para evitar, con ello, ser amonestados, públicamente, por el gran Redentor de la Nación y caudillo de la 4T.

Como colofón del desaguisado por el que atraviesa nuestra golpeada República, y conforme a los datos presentados por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) durante el primer trimestre del año (enero-marzo de 2019) se verificaron en todo el país 8,700 asesinatos dolosos, este mismo período ha sido catalogado como el más violento desde que se lleva el registro en esta materia en todo el país. Dicha información ha sido valorada y confirmada a su vez, por la organización Semáforo Delictivo (www.semaforo.com.mx) la cual señaló, también, que si contrarrestamos datos duros correspondientes al mismo período, pero del año anterior (2018), el crecimiento entre uno y otro ha sido de casi el 9%.

Todo lo anterior, aunque ya nos tiene a estas alturas del paseo completamente aterrorizados, no copa aún el vaso de nuestras vicisitudes y desdichas, tal cual lo venimos a comprobar por virtud del más reciente informe presentado ante el relator especial sobre la tortura OHCHR (por sus siglas en inglés) de la Organización de las Naciones Unidas en Ginebra Suiza, derivado de las denuncias elaboradas in situ por unas 120 organizaciones locales – entre las cuales figura el Centro Pro – y de las que se deriva que la tortura y la violencia sexual es una práctica sistemática empleada por las autoridades mexicanas, a todos los niveles de gobierno, en su relación con los gobernados, susceptibles de averiguación o investigación derivada de la comisión de cualesquiera tipo de delito.

Y es, justamente, aquí en donde confirmamos nuestra tesis sobre la crisis sistémica de las principales instituciones políticas del país, ya que, de presentarse situación en contrario, es decir, que las propias instituciones funcionaran al menos al mismo nivel de como sucede en otras naciones similares o mejores que la nuestra, no estaríamos frente a casos como el que se presenta con uno de los órganos más significativos del entorno estatal: el de impartición de justicia, cuya operatividad es, a todas luces, alto ineficiente. Si tomamos como ejemplo cien casos diversos que demandan la aplicación de las leyes que rigen en el país, en los tres niveles de gobierno, solo cinco del total podrán vislumbrar la luz al final del túnel. Digo lo anterior con miedo a equivocarme.

De forma similar opera, sin excepción, todo el aparato del moderno estado mexicano, ese fenómeno que AMLO quiere transformar cual varita mágica, algo así como “cierren los ojos que le voy a cumplir un deseo”, por supuesto que los conservadores y los fifís van a protestar, pero “me canso ganso” que les voy a cumplir. Al menos como dicharachero – digo yo – Andrés Manuel no tiene equivalente a lo largo y ancho de toda nuestra historia patria.

Ojalá que, en beneficio de todos, AMLO disponga de la capacidad e integridad física para al menos vislumbrar el cambio que le sea humanamente posible alcanzar, en lugar de estar vendiéndonos entelequias.

 

 

 

NUEVO GOLPE A LA CORRUPCIÓN EN PERÚ

Difícil de creer la dimensión del resultado alcanzado en el proceso de investigación sobre las secuelas derivadas de los innumerables actos de corrupción suscitados por la empresa brasileña Odebrecht en sus diversas incursiones versus las más altas instancias de los distintos gobiernos de la República del Perú, a partir de finales de la década de los ochenta y hasta el mes de marzo de 2018, fecha en que fuera destituido por el Congreso el propio presidente de la República en funciones, Pedro Pablo Kuczynski (PPK), quien a la postre, guarda prisión preventiva bajo cargo de haber recibido un supuesto soborno por parte de la propia Odebrecht, durante su gestión como Ministro de Finanzas en el quinquenio correspondiente al gobierno 2001-2006.

Lo más sorprendente – al menos para quien esto escribe – fue el caso del ex primer mandatario Alan García Pérez, quien ostentó la alta investidura durante dos períodos presidenciales (1985-1990 y 2006-2011), y sobre cuyas espaldas cursaba una investigación derivada, tanto de su responsabilidad directa, como la de algunos de sus más cercanos correligionarios y allegados – sobre todo a lo largo de su segundo mandato presidencial – acusados, todos, de haber recibido supuestos sobornos de la misma constructora Odebrecht. Como causa directa de las diversas diligencias judiciales que venían realizándose en su contra por parte de las autoridades competentes, el pasado 17 de abril, en medio de un acto de allanamiento de su residencia particular, se quitó la vida, disparándose con un arma de fuego.

La noticia sobre la muerte de Alan García Pérez, corrió como reguero de pólvora aquí, allá y acullá. Muy pocos analistas especializados omitieron de alguna manera opinión, ya sea en favor del ahora occiso, o bien en contra, tanto de su partido político la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), como de su gestión al frente de los destinos del Perú.

Lo cierto es que, hasta donde me cabe en la memoria, ninguna otra nación de nuestro hemisferio – al menos desde la segunda mitad del siglo XX y lo que va del presente -, ha sometido al imperio de la ley a una cantidad tan significativa de sus más altos dirigentes políticos como lo registra en el presente la susodicha nación andina, la cual ha emplazado, entre otros altos dignatarios políticos a Alejandro Toledo (quien tiene solicitud de extradición), Ollanta Humala, PPK, todos ellos vinculados al proceso “Lava Jato” , y a Alberto Fujimori, por la comisión de delitos de lesa humanidad, desplegados durante el decenio que le correspondió gobernar al país.   En este sentido, no conviene omitir que, a su vez, guarda prisión preventiva la hija de éste último: Keiko Fujimori (Fuerza Popular), bajo cargos similares de recibo de sobornos por parte de Odebrecht durante el curso de su campaña política para acceder a la más alta magistratura de la nación.

Mientras todo esto sucede y concurren por diversos estrados judiciales altos dirigentes políticos de un significativo número de naciones de nuestra subregión geográfica, con casos paradigmáticos, como el de Luiz Inácio Lula da Silva, o la propia Dilma Rousseff, en México, nada pasa.

Dicen, quienes mejor conocen sobre este tipo de incidencias políticas, que nuestro primer mandatario, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ofreció a su predecesor todo tipo de garantías, extendidas, especialmente, en favor de quienes saquearon a mansalva cientos de miles de millones de pesos, como fue uno de los casos más sobresalientes (bochornosos) – por sus vinculaciones con Odebrecht – el del ex director general de Pemex, Emilio Lozoya Austin, quien ahora disfruta de las mieles de un poder que, tan solo, transitoriamente, le ha sido conculcado, ya que es bien considerado como uno de los verdaderos “cachorros de la robolución”.

 

 

 

 

 

¡ CÁSPITA !

Nunca mejor empleada la expresión de extrañeza que enmarca este artículo, sobre todo, si para ello se determinan los reales y verdaderos alcances de la nueva iniciativa que comienza ya a perfilarse dentro de los corrillos políticos de la Cuarta Transformación (4T) en el sentido del supuesto revolcón del cual será objeto, nada más y nada menos que, uno de los tres poderes que conforman la Unión.   En el presente caso, se trata del Judicial – supuestamente – parte integrante del sistema de equilibrios y contrapesos que garantizan la gobernabilidad democrática de México.

A decir verdad, la modernidad democrática, tal cual fuera tarareada por sus principales propulsores, nunca llegó a materializarse en los diversos estrados de la administración de justicia del país, incluidos en nuestro análisis, por supuesto, los tres niveles de gobierno. Modestia aparte, en la obra: “Cleptocracia” (Cleptocracia by Ignacio Gutiérrez Pita) de mi autoría, publicada por Amazon/ Kindle en 2018, se abordaron, entiendo yo, con amplitud, las incidencias en el entorno de la aplicación de la justicia y los retos para abatir, cuanto sea posible, el ingrato registro del 98.5% de impunidad que prima en la actualidad, y con el que, a paso de tortuga, avanza nuestro país en dicha materia.

Otra elemento que, de una u otra manera, ha suscitado la certera embestida de los principales representantes de la 4T en contra de quienes integran la cúpula del Poder Judicial, tiene que ver con la negativa tácita de éstos para acogerse a la disciplina de austeridad que viene siendo esgrimida por quienes hoy por hoy ostentan el manejo de la chequera gubernamental. En dicho sentido, dicen quienes de esto saben que al presidente López Obrador (AMLO) no le pareció que las altas instancias judiciales arguyeran, por supuesto en su propio beneficio, que los ingentes recursos públicos por ellos manejados pudieran llegar a ser afectados como consecuencia del borrón y cuenta nueva que se pretende aplicar en el proceso de adelgazamiento del abultado vientre del sector público federal.

Sin embargo, para todos aquellos – como es mi caso -, que no confiamos en AMLO, sabedores de que ha comenzado – en medio de su inmensa prisa – sus seis años de gobierno, imbuido en una carrera frenética en pos de lograr ser elevado a los altares de los padres de la patria, el diagnóstico puede no cuadrar a raja tabla en la órbita del pensamiento lopezobradorista. El presidente por vía de interpósita persona, en el presente caso, uno de sus principales alfiles en el Senado, Ricardo Monreal, se lanzó, con toda la fuerza que le ha sido posible alcanzar (gracias a los treinta millones de votos que le avalan), en contra de los últimos reductos que garantizan el sistema de equilibrios y contrapesos que gobiernan a la federación, es decir, se guardará para si y para los intereses de su proyecto político nada más y nada menos que la autonomía de dicho alto órgano del estado.

Es de suponer que el ambicioso proyecto lopezobradorista mismo que, con toda seguridad será aprobado por el órgano legislativo – cooptado a ultranza por los partidarios de AMLO – incluye, por una parte la ampliación en número de sus actuales integrantes que pasarían de once a dieciséis ministros, cinco de los cuales estarían abocados a una sala específica en favor de la lucha en contra de la corrupción; y por otra, cercenar su propio órgano de gobierno, es decir, el Consejo de la Judicatura Federal, el cual sería sustituido (imagino yo) por otro obsecuente, aquiescente y complaciente, logrando con lo anterior, algo que, a todas luces parecería imposible: la cuadratura del círculo a imagen y semejanza del modelo vigente durante todo el mandato del Ancien régime.

A pesar de que, desde la perspectiva de los principales órganos de gobierno, no surgiría oposición calificada a los mandatos del nuevo Redentor de México, me parece que, a estas alturas del paseo, la sociedad civil organizada y vituperada por el propio AMLO – que la distingue como fifí – deberá desempeñar el rol que le corresponde, atajando cualquier intento de hit del hombre al bate, cerrando la entrada con tres out y sin ninguna anotación posible.

¡ A Jugar !

 

 

DISLATE DE TIEMPO Y FORMA

El pasado lunes 25 de marzo el presidente de México Andrés Manuel López Obrador (AMLO) sorprendió a propios y a extraños anunciando urbi et orbi haber dirigido sendas epístolas (confidenciales), a su majestad Felipe VI y a su santidad Francisco I, respectivamente, jefes de Estado en el Reino de España y en el Vaticano, conminándoles a producir, en el nombre de sus respectivas naciones, un pronunciamiento de mea culpa, – por los crímenes cometidos en contra de nuestra cultura vernácula – que debería hacerse efectivo de aquí al 13 de agosto de 2021, fecha en la que, supuestamente, será conmemorado en V Centenario del triunfo “1 Coatl” del año “3 Cali” del mes “Xocothuetzi”, de las fuerzas comandadas por el capitán general Hernán Cortes, en contra de sus opositores, los defensores del bastión principal de la cultura mexica, sito en la ciudad de Tenochtitlán, gobernada, en aquel entonces, por el último emperador de su dinastía: Cuauhtémoc.

Antes de intentar analizar sobre lo idóneo de dicho pronunciamiento, conviene aclarar que, desde mi perspectiva, el episodio en comento es nada más y nada menos que un dislate de tiempo y forma. De tiempo, por haberse realizado 498 años después del infortunado evento en el que sacrificaron su vida unos y otros, tanto del bando de los nuestros, como del de los conquistadores. De forma, ya que, no es a grito pelado (grandilocuencia) la mejor forma para hacerse entender, sobre todo, entre tus propios pares como lo son los gobernantes de naciones libres y soberanas, como es el caso de las que fueran involucradas por nuestro primer mandatario.

Para mi, a estas alturas el paseo, en donde se debate el futuro porvenir de la nación que, en mi opinión, indefectiblemente cruza por la frontera de la tan cacareada cuarta transformación (4T) a la que, todo nos hace suponer, nos quiere conducir el nuevo Redentor de México, debatir sobre lo absurdo es, a todas luces, una contradicción, ya que, a pesar de lo que desde el púlpito pontifica AMLO las cosas y causes que afectan a la comunidad internacional no van a modificarse ni un ápice por la voluntad de una sola persona, sea esta quien sea, o lo que, por su propio nombre represente.

Así no se juega en la arena de las relaciones entre estados soberanos e independientes. No es lo mismo, digo yo, tener un Congreso genuflecto, obsecuente y aquiescente en casa, a intentar forzar a la comunidad internacional para que acepte a rajatabla (me canso ganso) lo que diga mi “dedito”. AMLO se equivoca, así como se equivocan sus principales asesores en la materia, tanto los que le insinuaron aceptar esta metida de pata, como los que le auparon a tomar la decisión que favorece al régimen del innombrable Nicolás Maduro que, a estas alturas del paseo, aún se mantiene en el poder por virtud de la fuerza de las armas que le respaldan.

Por otra parte, no me parece que un debate de esta magnitud contribuya para nada en beneficio de las principales causas de México, que son muchas y algunas de las cuales de la más absoluta prioridad. No voy a entrar, tampoco, en el terreno del debate iniciado ipso facto en las principales redes sociales – hoy por hoy, conocidas por todos -.   Me interesa defender y no descalificar el derecho que le cabe al propio AMLO para pronunciarse como le plazca, dentro de un clima de la más absoluta libertad, siempre y cuando, asuma con responsabilidad las consecuencias tanto de sus acciones, como de sus respectivas omisiones.

A esos paladines de la lengua, como son los casos específicos de Arturo Pérez Reverte o Mario Vargas Llosa, quienes desde sus respectivas tribunas – al menos al momento de escribir estas líneas – habían lanzado (ambos) temerarias diatribas en contra de AMLO, les exhorto a releer sus textos de historia y sobre todo, pensárselo dos veces antes de abrir la boca so pena de que se cumpla en ellos esa frase – supuestamente extraída del texto del ingenioso hidalgo, Don Quijote de la Mancha – que reza así: “Ladran Sancho, señal de que cabalgamos”.

Y, a pesar de que AMLO no me simpatiza en lo más mínimo, le doy la razón, no obstante el haber realizado dicho pronunciamiento sin razón alguna.

 

 

AMLO: PAROXISMO VERSUS ESCEPTICISMO

Sólo así, de dicha manera, estaríamos en posibilidad de comprender el fenómeno que gobierna a México a partir del pasado mes de diciembre, a cuya cabeza se distingue el propio Andrés Manuel López Obrador (AMLO) quien, dicho sea de paso, y de conformidad con las más recientes encuestas elaboradas ex profeso con el fin de determinar el nivel de aceptación ciudadana, alcanzó un rango de 79.4%, es decir, casi ochos de cada diez mexicanos manifestaron su conformidad por el rumbo con el cual se viene implementando lo que ha sido considerado – por el propio AMLO – como la Cuarta Transformación (4T) del país, que debemos interpretar como la génesis de un nuevo modelo de gobierno (con todo lo que dicha acepción pudiera llegar a significar).

Al respecto, confieso, con la mayor sinceridad que me sea posible alcanzar que, por principio, me ubico, conscientemente entre los escépticos, que no nos entregamos a pie juntillas – como lo hiciéramos ya en algún momento de nuestras respectivas existencias, sobre todo, a partir de la alternancia política del México del 2000 – nuestras mayores y mejores expectativas por alcanzar un país más incluyente, menos injusto, más solidario, menos corrupto, más equitativo y, sobre todo, mucho más democrático.

Todo lo enunciado en su conjunto, ni por asomo ha emergido por virtud de la inspiración del nuevo Redentor de México. Es más, el propio AMLO en su afán por auto incorporarse a uno de los capítulos más destacados de nuestra historia patria, olvidó que, no obstante haber obtenido en su favor – a través de su movimiento político – treinta millones de sufragios el pasado mes de julio, dichos votos representan única y exclusivamente, una cuarta parte del total de la población con que cuenta todo el país, por lo cual, en los siguientes cinco años y pico que le restan aún como jefe de estado, deberá realizar el mayor esfuerzo posible para convencernos sobre las bondades de su proyecto de nación, así como el hecho de que, al término de su mandato constitucional, cumplirá a raja tabla con la promesa de acogerse voluntariamente a un retiro modesto y honorable, y cobijarse bajo la cálida sombra que le ofrece su ya famosa finca en Palenque, Chiapas, mejor conocida como “La Chingada”.

No obstante lo anterior, por el lado de los áulicos, todo es paroxismo. Están felices por el hecho de que AMLO, incluso antes de haber tomado posesión del cargo de presidente de México, se comportaba como tal. Pontificó desde su púlpito personal, aprovechando, dicho sea de paso, cualquier oportunidad para descalificar a tirios y a troyanos: quien no está conmigo está contra México, fue una de sus más conocidas diatribas post electorales. Los “fifís” “ la mafia del poder” “los pirruris” “los frijoles con gorgojo” así como otros epítetos más o menos conocidos, figuraron como los calificativos por excelencia utilizados en la jerga política de la 4T.

Ahora mismo, a tan solo dos días de que fueran conmemorados los primeros cien del régimen del Movimiento de Renovación Nacional, que dicho sea de paso, deberían de haber sido determinados al menos como los primeros doscientos días del “Peje” pegado a la ubre del estado mexicano, lo cual, desde mi particular punto de vista concita una profunda reflexión – en el ámbito de la más amplia sinceridad del caso – sobre el tipo de nación al que aspiramos todos, y si dicho modelo coincide con la estrategia implementada por los principales estrategas políticos del propio AMLO.

Por mi parte, como ya fuera enunciado con anterioridad, soy escéptico por naturaleza. Nada es peor para una nación como la nuestra que prime la homogeneidad de pensamiento y obra. Por tal motivo, damos la más cordial bienvenida – en el más amplio sentido de la palabra – a la indispensable heterogeneidad, porque la misma, así lo entendemos, se constituye en una especie de eje principal que sustenta los principales valores democráticos que deben guiar a una nación del calibre, la dimensión y el peso específico como la nuestra.

Valiéndome de tal razonamiento, me parece que AMLO podría llegar a desbocarse de continuar su febril carrera en pos de “salvar a México” , de lo que él mismo califica como la “mafia del poder”, misma que ha dominado el panorama político de nuestro país desde tiempos inmemoriales, causante, además, de todos los males que nos aquejan, para los cuales, según ha sido advertido con toda claridad por el propio primer magistrado, dispone de una cura infalible: la 4T.

Estoy firmemente de acuerdo en que AMLO realice el mayor esfuerzo que le sea posible para lograr el feliz cumplimiento de sus objetivos o plan de gobierno, para eso fue elegido por un número significativo de mexicanos, lo que, en todo caso, me inquieta es la forma y el fondo en que ha venido interactuando de cara a las principales instituciones políticas del país, la división de poderes y los órganos de control de los propios poderes públicos a nivel federal, a los cuales ha venido vulnerando – sin querer queriendo, tal vez por su falta de ignorancia -, sin que ello pudieran llegar a justificar sus muy notorias y tangibles omisiones, puestas en marcha bajo la premisa (digo yo) de que el fin justifica los medios.

Es verdad que el cochinero – escondido por los rincones – que encontró AMLO a su llegada al poder justifica plenamente que se imprima a la gobernabilidad del país, un giro de ciento ochenta grados. Lo que es injustificable hoy, mañana y siempre, es que para echar a andar la maquinaria del país, en su marcha, se precipite a México hacia ese profundo abismo que con toda claridad avizoramos en lontananza.

 

EL TIRANO EN SU LABERINTO

Se aprecia ya, con toda claridad, una luz al final del túnel de la obscuridad subyacente que, a lo largo de los últimos veinte años, ha teñido – con su estigma de horror – el horizonte de la otrora rica y orgullosa Venezuela cuna, también, del enhiesto estandarte del Libertador Simón Bolívar, quien ha sido estigmatizado a ultranza por aquellos quienes dicen constituirse como sus más nobles y leales servidores, los cuales, dicho sea de paso, lo único que han conseguido es la total destrucción de la obra inmortal del Ilustre caudillo decimonónico, cuyos restos, a estas alturas del paseo (creo yo) estarán retorciéndose en lo más profundo de las entrañas del mausoleo erigido en su honor en el Panteón Nacional ce Caracas.

Todo parece indicar, según se aprecia, que le llegó la hora final al régimen que hoy preside Nicolás Maduro, dicho sea de paso, heredado “a dedo” de parte de su compinche Hugo Chávez, ambos, auto designados, como prohombres del fracasado proyecto del socialismo del siglo XXI que, hoy por hoy, hundió en un fango nauseabundo a toda una nación, y que, casi cuesta la ignominia a otras dos terceras partes de las democracias ubicadas en los cuatro puntos cardinales de dicha subregión geográfica.

El advenimiento del liderazgo político que encabeza el Presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, ahora mismo, reconocido como presidente encargado por más de cincuenta integrantes de la comunidad internacional – con la dolorosa excepción de México – cubre con un manto de legalidad lo que se constituirá, en el corto plazo, como la indispensable transición que, con toda claridad, se vislumbra al alcance de la mano. Debo destacar que, a la hora de escribir estas líneas, el gobierno de Japón (entre otras potencias económicas) anunció, a través de sus canales institucionales, el reconocimiento como único represente legítimo de Venezuela al presidente del alto cuerpo legislativo de la nación.

No obstante todo lo anterior, el tirano se aferra al poder apoltronado por sus áulicos al sillón presidencial del Palacio de Miraflores, aupado, además, por una pléyade de corifeos ornamentados con vistosos uniformes militares de los que penden insignias de ficticias batallas imaginarias tal cual aconteció en todas las que integran el relato contenido en las páginas del ingenioso hidalgo de Miguel de Cervantes.

Con los motores listos para emprender desde las fronteras con países vecinos (Colombia, Brasil y Aruba/Curazao) hacia las entrañas de la patria sojuzgada, se prepara ya una nueva epopeya libertadora, cuya encomienda principal es hacer llegar, a la mayor brevedad posible, la ansiada ayuda humanitaria cuya única misión será la de coadyuvar en la medida de sus posibilidades a mejorar la situación de postración en la que se encuentra, actualmente, la mayoría del pueblo venezolano.