CASO AYOTZINAPA II

No es mi intención invocar un hecho tan lamentable como el acontecido en los linderos de la ciudad de Iguala, en el Estado de Guerreo, en México, el 26 de septiembre de 2014, lugar en el cual fueron cazados a mansalva y, ulteriormente, sacrificados, aplicando métodos de la más absoluta crueldad, al menos 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, en Ayotzinapa, en un evento, a todas luces, violatorio de los derechos humanos, considerado, además, como uno de los más deleznables de todos delitos perpetrados durante el curso de la administración de Enrique Peña Nieto, mismo que, a estas alturas del paseo, y ante la estupefacción de la comunidad internacional que sigue con inusitado interés el desenvolvimiento de las investigaciones, se mantiene, aún, en espera de que se procure la impartición de justicia – en los términos que determina la ley – y que se castigue con la mayor severidad posible a los autores intelectuales y materiales de los delitos que han sido considerados, por la mayoría de especialistas en la materia, como de lesa humanidad.

Lo que verdaderamente despertó mi más intensa curiosidad (alerta inconsciente), por virtud de las coincidencias específicas inherentes al caso que ahora comento, fue la incidencia de un hecho, aparentemente, aleatorio, acaecido el pasado martes 14 de agosto, a las 02:55 horas, a la altura del kilómetro 8 de la vía Pifo-Papallacta, en la zona de influencia de la denominada “curva de la muerte”, al noroeste, en territorio ecuatoriano, lugar en el que impactaron de frente un autobús de pasajeros contra un vehículo todo terreno. El balance total de víctimas de esta tragedia fue de 24 fallecidos y 19 heridos, algunos de los cuales, según fue informado por las autoridades locales competentes que acudieron en su auxilio, es todavía, de pronóstico reservado.

Qué tal, me dije. A dicho respecto, concluí que si nos tomásemos la molestia de sumar a los 24 fallecidos, los 19 que resultaron con heridas de diversa consideración, en el hecho de que se trata, refiriéndolo, en todo caso, con el acontecido a los estudiantes de Ayotzinapa, las cifras de los involucrados en una y otra situación, resulta, cuando menos, enigmática, que nos deja, además, aterrados, ya que la sumatoria arroja un total de 43.

Muy bien, volví a decirme, en todo caso, las similitudes entre ambos trágicos sucesos, no se quedan nada más ahí. Se ha podido conocer, días después del incidente que, en su mayoría, los pasajeros a bordo del transporte de la cooperativa “Cotrans” eran, en su mayoría de nacionalidad colombiana y venezolana. Que a pesar de que realizaban un supuesto “viaje de vacaciones” pagadas que incluía la visita a varios países (Ecuador y con destino final en Perú), ninguno portaba un pasaporte o documento de identidad que les hiciera factible ingresar a territorio de un país, distinto al de sus respectivas nacionalidades.

Por lo que respecta al transporte terrestre para pasajeros en el cual se movilizaban y que supuestamente debería contar con un permiso para realizar viajes turísticos, ha sido declarado en pérdida total. Circulaba, además, con documentos apócrifos, tanto por lo que respecta a las licencias de conducción de los dos choferes que lo conducían, como a los otros, los determinados por las autoridades correspondientes en cada uno de los países de tránsito, mismos que, indefectiblemente, deben ser exhibidos en todo momento, durante el tiempo que circule por territorio nacional, como debió haber sucedido al momento de cruzar por la frontera internacional que une a este país con su vecino al sur, Ecuador.

Como consecuencia directa de haber incurrido en todo tipo de irregularidades , el gobierno del Ecuador anunció (al día siguiente del de los hechos) la destitución de todas las autoridades competentes encargadas de vigilar y supervisar todo lo relativo a la circulación de vehículos de transporte de pasajeros, cuyas normas más elementales, como ha quedado comprobado, fueron flagrantemente violentadas por los perpetradores del ilícito de tal naturaleza.

Mientras tanto, la suspicacia hizo presa de las autoridades judiciales competentes, mismas que, de forma mancomunada, abrieron investigaciones paralelas, tanto en Colombia, como en Ecuador, las cuales determinaron que el vehículo accidentado iba cargado – en compartimentos estancos – con 600 kilos de mariguana y 80 kilos de cocaína, que supuestamente eran movilizados hacia el sur del continente por dos carteles de la droga mexicanos: el de Sinaloa y el Jalisco Nueva Generación (CJNG), los cuales, de conformidad con la información que maneja la Fiscalía General de la Nación de este país, tienen presencia en al menos 10 de los 32 departamentos en que está dividida la geografía política de Colombia.

De inmediato vino a mi cabeza el recuerdo del infortunio de nuestros 43 muchachos de Ayotzinapa, quienes fueron – según ha sido revelado – vilmente entregados por autoridades policiacas locales (en complicidad con efectivos militares) a los cabecillas de los principales grupos narcotraficantes en pugna en el Estado de Guerrero: Los Rojos y Guerreros Unidos, ambos, correspondientes a escisiones del cartel de los Beltrán Leyva.

Confío, que en el caso de las víctimas del siniestro registrado en la carretera al noroeste de la ciudad de Quito, no suceda lo que aconteció en su similar de los estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” que suscitaron un lacónico pronunciamiento de quien, para esas fechas fungía en calidad de fiscal carnal de nuestro país, Jesús Murillo Karam, quien sentenció como “verdad histórica” la que obraba en el expediente respectivo, en el que se hizo constar que los estudiantes habían sido detenidos, golpeados a mansalva, torturados, asesinados y finalmente, sus cuerpos cremados en el medio de un botadero de basura, ubicado a las afueras del municipio de Cocula.

Subsiste, en todo caso, el misterio que encierra el descubrimiento de un quinto autobús, supuestamente, cargado con mariguana y heroína que iba a ser enviada, por “Guerreros Unidos” hacia los principales mercados de consumo en la Unión Americana.

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *