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REHENES EN PANDEMIA

Como seguramente les sucedió a la mayoría de mis apreciables lectores, la difícil coyuntura por la cual atravesamos, suscitada por los demoledores efectos del Covid19, nos ha producido sentimientos encontrados, estimo que, en muchos casos, el de la frustración – que es el mío – prima, en unos sí, y en otros también. No obstante, a estas alturas del paseo, intuyo que muchos han de pensar que el mismo surgió como consecuencia de un experimento que involucra la inteligencia humana, es decir, producido en un laboratorio de la ciudad de Wuhan, en China, tal cual se desprende de las afirmaciones del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, o si, en todo caso, fue producido o consecuencia de una mutación genética originada en alguna especie de la fauna silvestre del propio país asiático que, al tiempo de su transferencia, infectó al ser humano.

La verdad sea dicha, a la fecha de escribir estas líneas, y de conformidad a los últimos datos que asienta el estudio de la Universidad John Hopkins, la infección ha afectado a mas de cinco millones de personas a nivel global, con un total de 333,419 víctimas mortales, de entre las cuales, es decir de los afectados, se destacan – por número – los Estados Unidos (1,577,758); Rusia (326,448) y Brasil (310,087). Por lo que respecta a Colombia, lugar en donde resido hace más de ocho años, los últimos datos son: 18,330 casos, con 652 víctimas mortales, lo que refleja que las cosas no cambian mucho, especialmente en lo que tiene que ver con la forma de enfrentar el fenómeno, que se materializa en una cuarentena obligatoria para todos que, en mi caso, fue a partir del 13 de marzo último, fecha en la que fuimos enviados al confinamiento domiciliario por virtud de un ordenamiento – injusto, pero válido – emitido desde la cúpula del poder de la efebocracia gobernante.

En ese sentido, debo confesar, sin la mayor contrición que, a partir de dicha instancia, mi personalidad se fue desdoblando en dos mitades ontológicas: la del ser, y la del deber ser.

Como consecuencia de la primera, grande fue mi frustración al suscitarse dos hechos singulares y contrastantes que pudieron haber cambiado mi vida.

Ambos, genuinamente fortuitos, es decir, ni el uno ni el otro estaban previstos a ocurrir, y su consecución, no estaba anunciada ni en ese tiempo, ni en lugar, ni en modo, en el que se presentaron. El primero y más triste, el fallecimiento de mi muy querida madre Martha Yolanda Pita, el día 15 de abril – víctima de un mal menor, afortunadamente, se produjo a los 100 años con ocho meses de su natalicio – lo cual generó en mí un exacerbado sentimiento de frustración, toda vez que, a dichas alturas, Colombia había cerrado a cal y canto sus cielos a la navegación aérea, tanto nacional, como internacional, lo cual hizo prácticamente imposible que viajara a la ciudad de México, lugar en donde se produjo el deceso, para acompañar la velación y el entierro del ser humano que cumplió, al mismo tiempo, funciones de padre y madre, tanto para mi, como para mis tres hermanos.

El caso número dos del ser, fue derivado de la celebración de mi cumpleaños número 70 (12 de abril), fecha que causó gran regocijo en la mayoría de quienes integran mi familia nuclear. Grande fue mi sorpresa al recibir de parte de mis dos hijos mayores y de Raúl, mi yerno, un insospechado obsequio: tres pasajes ida y vuelta, así como todos los gastos de estancia pagados, para realizar, conjuntamente con Olga Inés (dueña de mis quincenas) y con Natalia (la hija menor) un viaje por diversos sitios de España y Francia.

También se frustró, por las mismas razones determinadas – Covid19 – por las medidas adoptadas desde las altas instancias gubernamentales, principalmente, tras considerar la grave situación pandémica por la que atravesaron, en la coyuntura del mes de abril, ambas naciones europeas.

En lo que toca a la otra parte de mi desdoblamiento personal, el que atañe al mundo del deber ser, he asumido, en medio del mayor comedimiento, todos y cada uno de los lineamientos emitidos por las autoridades competentes, como mejor fórmula para ir saliendo, paso a pasito, de los efectos de la pandemia prevaleciente, no obstante que, en algunos casos, mi frustración se ha incrementado en función de dos razones principales: 1.- el lenguaje empleado por el presidente de Colombia, Iván Duque Márquez, en cuanto a los adultos mayores (70 años) se refiere, a quienes estigmatiza como “abuelos”. Me atrevo a suponer que, por principio, no nos estigmatizó de mala fe, aunque en la práctica lo hizo; y 2.- Poco o nada se ha hecho hasta el día de hoy a favor o beneficio de la población con capacidades diferentes. El caso de Natalia (autista) quien desde la misma fecha en que comenzó la cuarentena para todos nosotros, quedó encerrada a cal y canto dentro de las cuatro paredes de nuestra residencia particular, ahora ya, casi por tres meses.

Este último caso, me parece, podría llegar a ser el más grave de todos, por virtud de que ha sido anunciado recientemente que en este país quedan suspendidas todas la actividades lectivas presenciales – tanto para escuelas públicas, como para las privadas – hasta finales del próximo mes de agosto, por lo cual, Natalia acumulará para esa fecha, cinco meses de encierro injusto y sofocante.

En fe de lo cual, reafirmo que nos sentimos prácticamente como rehenes de este espacio virtual en el que ahora nos desenvolvemos, del que prácticamente dependemos y sin el cual se verían frustrados – como nunca antes había sucedido – nuestros más caros principios libertarios fundamentales, trastocados, eso sí, para bien o para mal, por la voluntad de quienes ahora gobiernan.

 

 

 

 

 

158 ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE PUEBLA

A la memoria de mi muy querida madre doña Martha Yolanda Pita QEPD

 

Me gustaría afirmar con la mayor sinceridad posible que entre los relatos más conocidos que obran sobre la variada historiografía de México independiente, uno de los capítulos que siempre llamaron mi atención, es el que significó la Batalla de Puebla, librada entre un muy vulnerable Ejército Nacional – al frente del cual figuró el general, Ignacio Zaragoza (proclamado unos años más tarde cómo Héroe de la Patria) – contra la máxima potencia militar conocida en la época, integrada por las fuerzas armadas del invencible ejército francés.

Con independencia del alcance histórico del enfrentamiento entre los ejércitos de ambas naciones, cuya narración final sigue siendo objeto de interés de innumerables especialistas, podemos concluir, sin temor a equivocarnos, que nuestra patria vio fortalecido su espíritu nacional, profundamente mancillado por las ambiciones extra territoriales que caracterizaron a los imperios de la época, en franco proceso de consolidación. A dicho respecto, me gustaría, también, referir otro evento que, de la misma manera se significa como heroico, aunque menos conocido, pero que no dejó de ser especialmente significativo para ofrecernos una visión, los más realista que fuera posible, de las circunstancias que convergieron en el torno de epopeya tan significativa.

Me refiero, concretamente, al papel desempeñado por integrantes de la sociedad civil en su conjunto, que en esa mañana del 5 de mayo de 1862, intempestivamente vio interrumpido su natural reposo, al sonoro rugir de los primeros cañonazos que impactaron las laderas de los fuertes de Loreto y Guadalupe, en pleno corazón de la capital del Estado que, además de su ensordecedor estruendo – que, según el relato histórico, dominó el ámbito territorial de la metrópoli -, produjo las primeras víctimas de guerra, así como un número indeterminado de heridos y lesionados con diferentes niveles de gravedad.

Para ilustrar la generosa disposición manifiesta por parte de la sociedad civil poblana, refiero que mientras el combate veía sus primeras luces, siendo las cinco horas del amanecer, Don Mariano Pita Zepeda – mi tatarabuelo -, médico cirujano por la Universidad de Puebla (graduado el 6 de junio de 1842) suspendió con premura el piadoso ritual al que puntualmente asistía un día si y otro también, para atender los detalles inherentes a la ceremonia de la santa misa, con el fin de dirigirse apresuradamente al hospital principal de la capital del estado, lugar en donde desempeñaba sus servicios profesionales, y en donde le fue posible brindar los auxilios especializados, no sólo al primer herido que ingresó portando uniforme del Ejército Nacional, sino que, a todos y cada uno de los lesionados que encontraron refugio seguro y humanitario entre las cuatro paredes del nosocomio, con independencia de la indumentaria que portaran, especialmente, en los casos de quienes vestían uniformes franceses.

Don Mariano Pita Zepeda – tal cual lo refiere en su obra heráldica la última descendiente directa de la familia Pita, doña Martha Yolanda QEPD – no sólo fue una de las primeras generaciones de médicos cirujanos profesionales graduados en el estado, sino que fue conocido por su humanismo y sensibilidad social característica, en un país como lo fue el México del siglo XIX, con ánimos exacerbados y pasiones desbordadas. Fue, a su vez, padre de don Joaquín Pita, quien años más tarde protagonizó otro hecho histórico en el propio estado de Puebla, el 19 de noviembre de 1910, fecha del levantamiento armado de Aquiles Serdán y familia, como preludio del inicio de la Revolución.

Aquel 5 mayo de 1862, nuestro país dio una gran lección a todo el mundo conocido, mientras se jugaba no sólo con la incertidumbre de mantenerse como nación independiente, sino con la posibilidad para allegarse instituciones con fuerza aglutinadora, a través de las cuales estuviera en capacidad de fortalecer el incierto destino que se vislumbraba ya como consecuencia del acecho de potencias extracontinentales que veían en México – por su estratégica situación geográfica – como paso obligado para materializar su delirios expansionistas hacia las ingentes riquezas ocultas a lo largo y ancho de todo nuestro continente.

El parte de guerra signado por el general Ignacio Zaragoza, dirigido a las altas autoridades del gobierno constitucional, encabezado por el Presidente, Benito Juárez, reza cual el mejor poema de la más cercana antología: “Señor presidente, en este momento histórico para la patria, las armas nacionales se han cubierto de gloria”.

Y así fue, tal cual ha sido enunciado en tantas otras ocasiones, en un día de primavera, como el de hoy, fecha en la que, curiosamente, no deja de llamar nuestra atención la euforia con la que nuestros vecinos estadounidenses la celebran, a pesar del inentendible desdén que en el entorno a nuestra amada patria, ha despertado el actual inquilino de la Casa Blanca, en Washington, quien no desaprovecha ninguna oportunidad para hacernos objeto de sus incoherentes e ininteligibles diatribas.

EL MÁXIMO TRONO PARA UN PLEBEYO

Con un epitafio en términos similares o parecidos, al arriba enunciado, podríamos etiquetar la más reciente hazaña – del sinnúmero registradas a que nos tiene acostumbrado el actual mandamás de la Federación Rusa -, Vladimir Putin, quien a sus 67 años cuelga sobre sus hombros estar a punto de batir todos los precedentes cronológicos, consignados en los anales de la historia de dicha nación, en cuanto al tiempo en el poder se refieren, en un país que, entre sus más singulares  características, la de poseer el más vasto territorio continental de todos los existentes, en nuestro planeta, le califican como sobresaliente.

Tal hito, fue concretado la semana anterior, con la culminación del proceso legislativo para aprobar un paquete de reformas a la Constitución del país (1993), consistentes, entre un sinnúmero de temas relevantes, el de consolidar el fortalecimiento de las distintas instancias políticas más relevantes del estado que regulan la relación entre gobernantes y gobernados, destacándose, especialmente, la que hace posible que el propio Putin – quien gobierna el país, con mano de hierro, desde comienzos del presente siglo – aspire  a continuar amarrado al solio presidencial, a partir del vencimiento de su actual mandato (por seis años), por dos períodos similares, respectivamente, contados a partir de 2024, para prolongarse en el tiempo, hasta 2036, prácticamente, para hacerlo coincidir con el aniversario cronológico número 83 de quien estaría a punto de constituirse en una especie el moderno Zar de Rusia, aunque su origen, en todo caso, seguirá siendo el de un plebeyo.

La lectura de algunos de los detalles más significativos del proceso que medió entre el envío (por parte del ejecutivo) al órgano legislativo, y la inminencia de que una vez superado dicho trámite, curse para su revisión en la instancia del Tribunal constitucional – en donde se da por descontado que encuentre algún tipo de oposición -, nos brindan la pauta en el entorno del nivel de control político con el cual gobierna, prácticamente, en solitario, el presidente Putin.  La Duma o cámara baja (450 integrantes) dispuso de 383 votos favorables con 43 abstenciones provenientes de integrantes del partido comunista.  Mientras que, por su lado, la Asamblea Legislativa, cámara alta (164 integrantes) en donde están representadas cada una de las entidades que conforman la federación, dispuso de 160 votos favorables, uno en contra y tres abstenciones.

El trámite ahora sigue su curso de forma similar al que se utiliza para las reformas de la Carta Magna en México, es decir, se envía el texto aprobado y validado por el Tribunal constitucional, para su respectiva aprobación a las asambleas legislativas de las entidades que conforman la federación.  Una vez que se obtengan los dos tercios de votos favorables, seguiría, en principio, su proclamación, y en su caso, la vigencia plena.  Sin embargo, el presidente Putin aún dispone de un as debajo de la manga – como para hacer más creíble el proceso de su inminente entronización: las reformas serán sometidas a un referéndum nacional – y sólo así, quedarían validadas -.

A todas luces, y desde mi particular punto de vista, el proyecto de reformas – ahora casi totalmente validado -, aparentaría estar en consonancia con los términos y condiciones determinados por la propia Carta Magna del país en comento.   Sobre dicho particular, sin embargo, una cosa es parecer, y otra muy distinta es lo que realmente puede llegar a significar un movimiento del orden constitucional de tal naturaleza.

Hoy por hoy, el poder que ejerce Vladimir Putin en su país, es prácticamente, incuestionable, lo sabe él, y lo conocen (reconocen) a la perfección los distintos resortes que interactúan tanto en el contexto nacional, como en el internacional, y es justamente, en dicho entorno, en el marco del cual conviene reflexionar sobre situaciones similares o parecidas, protagonizadas por algunos de los muchos imitadores o seguidores que, a estas alturas del paseo pululan – cual moscas en el entorno del pastel – a lo largo y ancho de los cuatro puntos cardinales.

Me detengo en México, lugar en el cual, se han venido detectando múltiples tentaciones de poder por parte de algunos de los más conspicuos aduladores de la 4T, quienes, arropados por los más de 30 millones de votos obtenidos en la pasada contienda presidencial por AMLO, pretenden tergiversar los muchos (o pocos) avances democráticos, alcanzados por nuestro país, a partir de la ruptura hegemónica del PRI, así como el advenimiento de la alternancia democrática que tan positivos resultados le han acarreado a nuestra nación.

En todo caso, creo que deberíamos estar con señal de alerta, para evitar, dentro de lo posible, degustar una receta del mismo veneno que fuera inoculado a nuestros pares de la lejana y enigmática Rusia.

 

 

 

 

 

 

 

AMLO Y SU FALTA DE EMPATÍA

Con más de 30 millones de votos que lo legitiman, el presidente de México Andrés Manuel López Obrador (AMLO) no ha podido – o no a querido – reconocer el impacto popular que, indudablemente, han concitado las innumerables reivindicaciones de género que se han venido realizando, a lo largo y ancho del territorio nacional, durante los últimos quince meses, muy especialmente, las que se llevaron a cabo los pasados días 8 y 9 de marzo, que han sido calificadas por la dirigencia morenista de la 4T, como muestras fehacientes de la indudable manipulación de que han sido objeto, supuestamente, por las fuerzas políticas más oscurantistas del llamado viejo régimen conservador, o cualquier cosa que ello signifique, y que, en todo caso, pudieran afectar los altos intereses de quien se auto denomina como el caudillo de México del siglo XXI.

Una especie de nuevo mesías que sólo cree en lo que el mismo se cree, sin empatía por causas como la falta de respuestas claras, firmes y expeditas ante los fenómenos de la alta violencia de género y los feminicidios que pululan allende los cuatro puntos cardinales de la geografía nacional.  El gobierno a cargo de AMLO ha sido incapaz de hacer frente a uno de los fenómenos que, en principio, suscitaron el aval ciudadano que lo impulsó a ocupar el cargo que ostenta, el de la más alta magistratura del país, es decir, la presidencia de la república.

Desde esa alta tribuna AMLO nos pontifica cinco días a la semana, a veces sí, otras también, sobre lo bueno y lo malo, a juicio del sabedor de todo.  Debemos creer y obedecerlo con toda humildad so pena de que – penda sobre la tranquilidad ciudadana cual espada de Damocles – la amenaza de dar línea a la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) y/o al Sistema de Administración Tributaria (SAT), así como a otras altas instancias gubernamentales, consideradas como herramientas para la extorsión ciudadana, similares a las que, antaño, manejaron a sus muy dudosos intereses los esbirros del tristemente famoso (y desprestigiado) partido en el poder: el PRI.

Ante la coyuntura nacional e internacional que se vislumbra en el medio de las reivindicaciones de género, México debe responder, por cierto, a la altura de las mayores expectativas posibles, al negativo impacto de las dos crisis que se ciernen sobre la comunidad internacional: los negativos efectos del Covid-19 y la guerra de precios del petróleo, protagonizada por dos de los actores principales del mercado energético mundial: Rusia y Arabia Saudita.  Uno y otro, han acarreado – a estas alturas del paseo – efectos perniciosos, sobre todo en dos valores fundamentales del proyecto de la 4T.

En primer lugar, poner en la principal línea de ataque al sector energético, encabezado por la estatal PEMEX, la cual, en principio, se intenta potencializar, justamente, cuando el mundo gira en un entorno inverso.  Baste mencionar que, como consecuencia directa de los recientemente acontecido, el valor de nuestro petróleo se ha reducido significativamente.  Y, cuando la tendencia mundial se enfoca en priorizar la utilización de recursos energéticos alternativos, el gobierno de la 4T le apuesta a la construcción de “elefantes blancos” como el proyecto de refinería de Dos Bocas, misma que – según la Secretaría de Energía – tendrá capacidad para procesar hasta 340 mil barriles al día, una vez que sea concluida.

En segundo término, el Covid-19 (o influenza China) misma que ha producido, entre otros graves efectos, una crisis financiera internacional, cuya repercusión nos ha afectado directamente en el decrecimiento de los principales indicadores de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), así como la sustantiva pérdida de valor de nuestra unidad monetaria, el peso, frente al dólar estadounidense, cuya cotización – al día de hoy -, ronda las 22 unidades por uno.

Ahora bien, si AMLO se empeña en argüir como válida la expresión de “me canso ganso” o hágase mi soberana voluntad, todos vamos a perder, y junto con nosotros, también pierde México.

 

 

 

INFAMANCIA DEL DELITO

Hemos sido – en algunos casos – testigos presenciales, y en otros, virtuales, del clima exacerbado que se vive, un día si, y otro también, en alguno de los cuatro puntos cardinales en que está dividida la geografía nacional, al despertarnos y caer en cuenta que, un nuevo hecho deleznable (otro más para añadir a la larga lista) ha ocurrido en uno u otro rincón de esta patria nuestra, que de verdad nos duele, como ha sido el delito infamante perpetrado en contra de quien en vida fue identificada como Fátima Cecilia Aldriguett Antón, de tan sólo siete años de edad, que fue secuestrada y asesinada por personas, supuestamente, afines, es decir, del mismo barrio, escuela, así como de contexto social y cultural, ahora, plenamente identificadas por las respectivas autoridades encargadas del proceso de investigación, ordenado, desde la cúpula del poder político del gobierno de la Ciudad de México (CDMX) con el fin de que estos sociópatas, de ser comprobada su responsabilidad, paguen, por el crimen cometido, conforme lo determina la ley.

El suceso que, por su singularidad, nos ha conmocionado a todos por igual, por haber sido testigos del mismo en tiempo real, prueba, fehacientemente, que algo anda mal y que no está funcionando como es debido, especialmente, en el contexto de la relación entre las partes integrales del espacio social en el cual nos desenvolvemos: gobernantes vis a vis gobernados.

En la obra “Cleptocracia” (International Book Corporation, 2018), de mi autoría, expuse, ante mis amables lectores, lo que sirvió de base para considerar un diagnóstico sobre las posibles consecuencias de la situación prevaleciente en México, principalmente, a partir de comienzos del presente siglo.   La crisis sistémica de las principales instituciones políticas que surgieron a partir del triunfo de la lucha armada de 1910, sirvió como telón de fondo de casi todos los males que ahora nos afectan y que, a su vez, nos exponen a movernos en el medio de una senda que, indefectiblemente, creo yo, nos conducirá por la ruta fatídica del no retorno, es decir, al espacio del averno de la intemporalidad, que es lo mismo, o que suena igual que el país del nunca jamás.

A la hoy occisa, le fallaron todas las instancias que, por principio, deberían de haberse constituido en sus principales aliadas, comenzando por las autoridades de su centro de estudios, la escuela Enrique Rébsamen, así como también, los investigadores del ministerio público de la Fiscalía General de Justicia de la CDMX, el DIF (federal), y, principalmente, sus padres, quienes – se ha podido conocer – solicitaron en tiempo y forma la intervención de las autoridades competentes (alerta ámbar), aunque sucedió lo que suele pasar en casos como el que ahora nos acongoja a todos, o en otros tantos que, día a día, laceran a una sociedad profundamente conmovida: NADA, absolutamente NADA.  No se movió ni una hoja del árbol burocrático, tejido tanto en estas, como en la mayoría de las otras tantas instancias dedicadas a la procuración de justicia en todo el país.

En el ánimo de aportar con un granito de arena en favor de la causa de los derechos inalienables de los niños, en el entorno del impacto que dicho fenómeno ha tenido en el contexto en el cual fue perpetrado, la CDMX, traigo a colación los datos aportados por el estudio realizado por el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INCIFO) del cual se desprende que entre los años 2012 y 2019 se presentaron en la capital del país 95 casos de niñas entre uno y diecisiete años de edad que fueron victimizadas de una u otra manera.  En algunos de los casos, por heridas de arma de fuego o punzo cortante, otros más por violencia doméstica, violencia escolar, abuso sexual, así como un largo etcétera, dentro del caudal de los crímenes tipificados por el ordenamiento jurídico aplicable.

En el caso concreto que corresponde a los feminicidios, según la Secretaría de Seguridad Pública Federal, en los últimos cinco años se han incrementado 137% por encima de las cifras precedentes.  Y, como para muestra, basta con un botón, traigo a colación un hecho que se mantiene fresco en la conciencia ciudadana, sobre las circunstancias del crimen en contra de Ingrid Escamilla (25 años), salvajemente asesinada por su pareja sentimental y cuyos restos mortales fueron cruelmente exhibidos por algunos integrantes de los medios masivos de comunicación.

Lo más lamentable de todo este mosaico representativo de la criminalidad perpetrada en contra de menores – casos específicos de mujeres -, es el nulo balance de éxito en las investigaciones abiertas en los diferentes niveles de gobierno involucrados en los respectivos procesos.  En la obra citada en párrafos precedentes, referí, en el capítulo correspondiente a la administración de justicia en México, que el nivel de impunidad con el cual operan los órganos jurisdiccionales encargados, rondaba, por el orden de entre el 95 y el 98%, casi nada.

El caso de Fátima; de Camila, (9 años) asesinada en el Valle de Chalco; Valeria, en ciudad Neza; de Ingrid Escamilla; o el de María Elena Ríos (saxofonista) atacada con ácido, así como el de un largo (larguísimo), y casi infinito número de casos similares, o parecidos, deben de servirnos de muestra para alzar la voz de forma permanente y realizar una profunda reflexión en el entorno del tipo de pacto social con el cual pretendemos movilizar a nuestro país, en la búsqueda de un nuevo paradigma justiciero, incluyente, para que nos ampare a todos por igual.

Mientras esto no suceda, cualquier esfuerzo o empeño de gobernantes y gobernados en el entorno de tratar de conseguir un país con las menos desigualdades posibles, resulta, prácticamente imposible.

 

 

 

 

 

 

¿DÓNDE ESTÁ EL CAPITÁN?

Traigo a colación esta serie de películas orquestadas por la industria cinematográfica de Hollywood, allende los años ochenta, cuyo principal objetivo fue satirizar una actividad profesional de la mayor relevancia – como es el caso de un comandante de avión de pasajeros -, sobre todo, para los sufridos viajantes, en quienes unas veces si, y otras también, recaen todo tipo de vicisitudes, incluida la consabida llamada de Mayday, precursora de algún tipo de catástrofe o inminencia de peligro, con el firme propósito de enunciar, aunque sea en forma tangencial, a uno de los protagonistas de la tragicomedia nacional, protagonizada, por los primeros actores de la 4T en nuestro país, que, es y seguirá siendo, la popularmente conocida, por su nombre y apellido: al avión presidencial TP 01.

De conformidad con el estado de ánimo de nuestro primer mandatario, AMLO, este aparato con dos turbinas – que ciertamente le avergüenza, y que nos avergüenza a todos por igual –  que soporta el peso bruto de una bestia irracional, pero funcional,  que se desplaza, sin necesidad de escalas técnicas, a cualquier lugar de nuestro planeta, originando su salida desde nuestra ciudad capital, o cualquier otra, dentro de territorio nacional, representa la cereza del pastel de lo que, según el propio comandante en jefe, materializó las aspiraciones imperiales de los adalides del viejo régimen, estigmatizado, hoy y para siempre, por los altos índices de corrupción con el que lo mancillaron.

Dicho sea de paso, uno de los actores principales de la rapiña transexenal, Emilio Lozoya, ex director general de Pemex, acaba de ser detenido en España, y todo augura que, próximamente, viajará, en calidad de extraditado, a nuestro país.

Bien, retomando el párrafo precedente, hasta este punto, estoy de acuerdo con el tabasqueño. En la obra “Cleptocracia” (publicada por the International Book Corporation IBC 2018) de mi autoría, tuve la oportunidad de exponer, ampliamente, el caso de desvío de fondos públicos, para la adquisición de bienes suntuarios e inútiles, como es el caso que se aborda en el presente artículo, llamando, en todo caso la atención, concretamente, en una realidad que nos desnuda por completo ante la comunidad internacional, como es el caso de que en nuestro país, si en nuestro México, tenemos: 124.74 millones de habitantes, de los cuales, 52.4 son considerados como pobres, y, de ellos,  9.3 sufren de pobreza extrema, según los datos aportados con la información obtenida durante 2018 por el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) correspondiente al año de la medición.

Dicho lo anterior, lo que se haga, o se deje de hacer con el susodicho avión imperial – rifa, sorteo, pifia, o lo que sea que se le ocurra al mandamás – nos debe de tener sin mayores sobresaltos, y sin cuidado, sobre todo, si para ello consideramos la abultada agenda política de que dispone la 4T para poder avanzar en el cumplimiento de sus responsabilidades constitucionales vis a vis la fiesta del chascarrillo mañanero con el que el jefe de jefes nos distrae de lunes a viernes y con la cual se pretende sedar (silenciar) la conciencia colectiva ciudadana, que confronta, un día si, y otro también, los riesgos que implican el desplazamiento que parte desde la tranquilidad de nuestros respectivos hogares, hacia la intrincada selva que nos acecha en cada esquina y crucero, en donde deberemos enfrentar riesgos, peligros y amenazas en contra de nuestra integridad personal o familiar, desde y hacia la mayoría de las principales poblaciones urbanas y rurales de esta gran nación que nos alberga.

Lo anterior, sin dar por descontados los perniciosos efectos provenientes de allende nuestra frontera hacia el norte geográfico donde padecemos los síntomas del odio exacerbado que pesa sobre México, y del cual es protagonista principal, el actual  inquilino de la Casa Blanca (Washington D.C.), quien durante el curso de todo el presente año, se encontrará en plena campaña para la reelección en el proceso comicial del próximo mes de noviembre, constituyéndose, sin lugar a dudas, el hecho mismo, en el mayor riesgo potencial para todos nosotros, y que demandará la máxima alerta nacional en todos los flancos y hacia nuestros cuatro puntos cardinales.

Ciertamente, AMLO optó por el camino que mejor conviene a sus reconocidos intereses, es decir, el culto a la personalidad (a la suya, por supuesto) dejando en manos de tripulaciones inexpertas, y claramente ineficaces, la conducción de esa águila real, devorando una serpiente, que nos representa a todos, en calidad del símbolo de la gran nación que, hoy por hoy, somos, y nos merecemos todos por igual.

 

 

 

AJEDREZ DIPLOMÁTICO CONTINENTAL

Para nadie – digo yo – debería de haber resultado sorpresiva la reciente visita a México del Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Sergéi Lavrov, con independencia de que, la misma, se verificó, casi en paralelo, al periplo realizado por diversos países europeos y por Canadá, por el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, quien se presentó ante la cúpula del poder político del gobierno de los Estados Unidos de América, comenzando por su presidente, Donald Trump, incluidos el Vicepresidente, Mike Pence, y la líder demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, así como un largo etcétera, entre quienes figuraron aquellos que integran el establishment, en medio del cual, fue objeto de los consabidos saludos y apapachos, rendidos, todos, en su honor y, en todo caso, en su calidad de “auto designado” presidente legítimo del país bolivariano.

En dicho contexto, el canciller ruso concretó una gira que incluye a los países de nuestra subregión geográfica – Cuba, México y Venezuela -, con los cuales, supuestamente, el gobierno de Vladimir Putin (dice él) cree que cuenta con las mayores convergencias, no sólo en lo político-ideológico, lo estratégico, y también, en lo económico, comercial, financiero y energético, lo cual, no estaría del todo desapegado a la realidad prevaleciente, especialmente, por lo que respecta a Cuba y Venezuela, países que, de una u otra forma han dependido (Cuba) de la tutela ideológica sempiterna del gigante europeo, y Venezuela, en función de su supervivencia como estado nacional, por virtud de la acelerada crisis por la que atraviesa desde que su actual primer mandatario Nicolás Maduro ascendió al poder por obra y gracia de su mentor, el ahora desaparecido, Hugo Chávez.

La riqueza petrolera de la nación suramericana ha sido, desde tiempos inmemoriales, y seguirá siendo per seculas seculorum una viva aspiración hegemónica, tanto de parte de los unos, como de los otros, es decir, de los dos bloques hegemónicos en que fuera dividida la comunidad internacional tras el advenimiento de la nueva era surgida con el triunfo de los países aliados en la segunda guerra mundial.  Hoy por hoy, y como consecuencia directa del desdeño estadounidense hacia su aliado natural, Rusia, por vía de una de sus más reconocidas empresas trasnacionales, está a punto de adueñarse de la única riqueza que aún se mantiene en pie y, supuestamente, bajo el control de quienes ejercen el poder político en la patria del libertador Simón Bolívar: el petróleo.

El gobierno de Nicolás Maduro no ha querido, más bien, no ha podido librar la batalla que le fuera planteada como consecuencia directa de los innumerables yerros y desatinos cometidos tanto por el propio primer mandatario, como por sus vociferantes adláteres, quienes han interactuado, de cara a sus principales responsabilidades sociales para con el pueblo venezolano, como unos verdaderos ignorantes e ineptos para el ejercicio de la cosa política.

Con dicha expectativa a cuestas, Lavrov incursionó en nuestro país, entiendo yo, como una escala en una nación que no se ha comprometido ni con tiros ni con troyanos, al menos, por lo que respecta al caso que atañe a la legitimidad del gobierno de Venezuela.  Hemos sido contundentes, como siempre, apegados a la praxis que por años nos ha validado como interlocutores de calidad en las grandes causas americanas, así como en la solución de los más importantes conflictos contemporáneos, acaecidos en el contexto de nuestra sub región geográfica.

A pesar de que, por lo que respecta a la coyuntura venezolana, nuestro país apuesta por la solución negociada entre las partes (para mí, una especie de diálogo de sordos) en contraposición con la estrategia, claramente asumida, por parte de nuestros dos principales aliados de América del Norte, México no está solo, ni estará aislado en un asunto de la trascendental relevancia del que ahora nos ocupa.  Hemos asumido, es decir, el gobierno de AMLO, asumió una posición correcta, pero muy arriesgada, sobre todo, si para ello consideramos que el presidente Donald Trump, ha comenzado ya con su campaña en busca de la reelección en el proceso que culminará el mes de noviembre venidero, periodo durante el cual la diatriba trumpista contra nuestros intereses nacionales, con toda seguridad, estará a la orden del día.

 

 

RESURGIMIENTO DE JUAN GUAIDÓ

Para todos aquellos que supusieron que el presidente encargado de Venezuela, el congresista y también Presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, conjuntamente, con el movimiento opositor que él mismo encabeza, enfrentaba sus últimos estertores, pueden ahora, expresar, con el debido convencimiento que, gracias al singular apoyo obtenido por parte de uno de sus principales mentores: el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien, con un inusitado gesto de simpatía en el marco de su comparecencia ante el Congreso de su Nación, lo ubicó, ipso facto, en la vanguardia de la línea de salida hacia la búsqueda de una solución – real, firme y duradera – para la difícil coyuntura política, económica y social, por la que atraviesa Venezuela.

En dicho sentido, el auto designado como presidente encargado – quien ha sido reconocido por 59 países -, recibió una especie de bocanada de aire fresco, gracias, también, a su más reciente gira internacional, que comenzó en Colombia, lugar en el que participó en una cumbre sobre terrorismo, organizada por los gobiernos de Iván Duque y del propio Donald Trump, a la que asistieron, entre otras personalidades, el secretario de Estado, Mike Pompeo, con quien sostuvo un encuentro personal, y de ahí, coordinó su salida hacia la ciudad de Davos (Suiza) con el fin de participar en el Quincuagésimo Foro Económico Mundial, lugar en el que, espontáneamente, le fue permitido dirigir un claro y trascendental mensaje político, de gran relevancia para su causa.

Durante su periplo, además, se entrevistó con dirigentes europeos de primer nivel como fueron los casos de los líderes políticos de países como Austria, Francia y Alemania, respectivamente, Sebastián Kurz, Emmanuel Macron y Ángela Merkel, así como con la vicepresidenta de la Comisión Europea Margaritis Schinas y el Alto Representante para Política Exterior de la Unión Europea el español Josep Borrel, así como con el Primer Ministro de Gran Bretaña, Boris Johnson, a quien visitó en Londres, y la Ministra de Relaciones Exteriores del gobierno español encabezado por Pedro Sánchez quien, en todo caso, se hizo omiso ante la visita del dirigente político venezolano.

No obstante, la furtiva huida del jefe de gobierno español, Guaidó tuvo una importante interlocución política con diversos dirigentes de los principales partidos con representación en el Congreso de los Diputados, además, recibió de manos del alcalde de la ciudad capital del Reino, José Luis Martínez-Almeieda, las llaves de la ciudad. Lo anterior, sin descontar la importancia de la reunión pública con un número indeterminado de nacionales de su país (se dice que hay aproximadamente 200 mil venezolanos residiendo en España) a quienes llevó un mensaje alentador sobre el futuro inmediato de la causa común que une a todos sus compatriotas.

Ante el impasse que se presenta por virtud de la ausencia de logros alcanzados en favor del movimiento por la democracia en Venezuela, y el indudable fortalecimiento de la dictadura de Nicolás Maduro, sobre todo, como consecuencia directa del apoyo incondicional que en su favor le ha sido extendido por la cúpula de las Fuerzas Armadas, la acción internacional, manifestada con hechos concretos, como es el caso del pronunciamiento del presidente estadounidense, que fue realizada en el marco de un acto de la mayor relevancia realizado entre los poderes del estado, como es el caso de la comparecencia del titular del Poder Ejecutivo ante el pleno del Congreso, para rendir su informe sobre los avances de su administración.

Ojalá que este alentador mensaje, y otros muchos más provenientes de allende las fronteras del sufrido país bolivariano, se mantengan vigentes, por lo menos, durante el curso del presente año, especialmente, si se diera el caso de que la dictadura convoque a elecciones legislativas – previstas, supuestamente, para realizarse el mes de noviembre – para renovar la Asamblea Nacional, bajo la férula (control) de la oligarquía bolivariana prevaleciente.

MIGRANTES CENTROAMERICANOS

Mucho se ha escrito – y se seguirá haciendo – en el entorno de la historia verdadera de los indescriptibles sufrimientos acaecidos en contra de los migrantes centroamericanos que surcan nuestro territorio nacional, mayoritariamente, con las expectativas de hacer realidad el “sueño americano” entelequia que, dicho sea de paso, ciega a unos y obnubila a otros.

La verdad sea dicha, para esos cientos de miles de nacionales de países como Guatemala, El Salvador y Honduras, por enunciar a aquellas naciones más singulares de nuestro entorno geográfico, caracterizadas por favorecer la expulsión de connacionales, supuestamente, por causas de “fuerza mayor” que, la verdad sea dicha, en lenguaje vernáculo, podríamos traducir con el término: inminente peligro de muerte, cruzar por el vasto territorio de México, les implica adentrarse en una de las mayores aventuras de sus respectivas existencias, sin valorar para ello, diferencias tales como, sexo, edad o condición civil y/o religiosa.

En todo caso, concurre como rasgo distintivo para todos,  pertenecer a los estratos socio-económicos de mayor vulnerabilidad dentro del ciclo vital de las naciones que les dieran origen.

Y, aunque, eso sí, subsisten infinidad de voces que resuenan a lo largo y ancho del vasto territorio americano, es bien sabido que, por sus efectos, poco o nada han contribuido a que dicho fenómeno migratorio pueda ser abordado, en serio, a la hora de anteponer la salvaguardia de los derechos fundamentales de esos nuevos trashumantes, quienes subsisten, y lo seguirán haciendo – lamentablemente -, bajo la amenaza creciente de la vulneración de su integridad física, e incluso, hasta podría llegar el caso de perder la vida.

Para todos aquellos que integramos mi generación dentro del servicio exterior y que, de una u otra manera, tuvimos cercanía con la subregión geográfica más próxima a nuestros afectos, y quienes además procuramos – sin alcanzar los objetivos – portar el estandarte que considera a los nacionales de los países del área centroamericana como si realmente fueran hermanos fraternales, en la práctica, fracasamos en el intento y lo seguiremos haciendo mientras suceda lo que ha venido aconteciendo en la administración de la 4T enarbolada bajo el designio del presidente Andrés Manuel López Obrador AMLO, ahora convertido en cancerbero mayor de su” nuevo mejor amigo”, el presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, quien, conjuntamente, con los halcones que sustentan su administración, pontifica en el entorno de la política migratoria de nuestro país (por supuesto, bajo el influjo del chantaje disfrazado bien conocido por todos).

A pesar de estar convencidos que el ejercicio indebido de aspectos fundamentales de nuestra propia soberanía nacional, como es el caso de la política migratoria, resulta nugatorio en términos del contexto de la relación bilateral, no podemos, ni debemos soslayar el hecho real de la asimetría característica de nuestra posición frente a la de la primera potencia mundial, bajo cuya actual dirigencia política nos acecha, un día si, y otro también, con los mismos ojos imperiales característicos de la guerra de 1847 en la que, como es de todas conocido, prácticamente nuestro país fue dividido por la mitad.

El haber enviado a quienes a partir del mes de mayo de 2019 integran la Guardia Nacional GN, a impedir, en el borde de la división fronteriza con Guatemala, la irrupción desordenada de una caravana de migrantes hondureños, los cuales, bajo la consigna de viajar hacia el país del sueño americano, a través del territorio de México, implica un grave error histórico del cual, tarde que temprano, deberemos de arrepentirnos.

 

 

 

POLARIZACIÓN A ULTRANZA EN COLOMBIA

Como todo lo relativo al proceso de consolidación de la paz en Colombia, hemos intentado un puntual seguimiento a las diferentes etapas, especialmente, las iniciadas, durante el término de los ocho años en que se mantuvo Juan Manuel Santos al frente del poder público en este país. Como prueba de lo que antecede, los diversos y variados análisis publicados, en tiempo y forma, en este mismo espacio de opinión, en el cual he intentado expresar personales puntos de vista sobre los más diversos aspectos de la coyuntura internacional.

Toca el turno al profundo debate provocado como consecuencia de las objeciones (seis) de un total de 159 artículos presentadas por el presidente de la república Iván Duque Márquez al proyecto que contempla la Ley Estatutaria de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) entidad sui generis derivada de una entelequia, producto de la profunda desconfianza que los líderes de la otrora famosa guerrilla vernácula la Fuerza Armada Revolucionaria de Colombia (FARC) expresaron en el entorno de una de las columnas fundamentales del Estado Colombiano: la aplicación de la justicia.

Dicen, sobre dicha materia, los muy versados negociadores de la égida santista, que llegado el momento en el cual los representantes gubernamentales debieron abordar con sus contrapartes farianas – y los adláteres que les asesoraron todo el tiempo – las líneas generales sobre la justicia transicional que opera, como es bien conocido, dentro del esquema de verdad, justicia, reparación y no repetición, que fuera adoptado a raja tabla en el entorno de la estructura del acuerdo con el cual quedó sellado el proceso. Unos y otros, es decir, farianos y sus adláteres, enunciaron que no iban a permitir que se les sometiera a la justicia derivada de la ley vigente en poder de quien potencialmente podría ser considerado como su principal enemigo: el gobierno colombiano.

Razón por la cual, de entre los principales abogados con los que contaba las FARC, Enrique Santiago, de nacionalidad española, vinculado al partido comunista y a izquierda unida en su nación de origen (promovido y financiado por el gobierno de Noruega) con el apoyo, de entre otros, del dirigente conservador Álvaro Leyva, idearon una especie de “Frankestein” – que al gobierno Santos le pareció aceptable – al que bautizaron, como ya ha sido enunciado, como Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) integrada por 51 jueces (53% mujeres) vinculados, mayoritariamente, a colectivos de izquierda (algunos de los cuales, muy cercanos y/o simpatizantes de las propias FARC).

Una especie de “traje a la medida” en favor de la izquierda e izquierda radical colombiana que, además de representar un alto costo económico a la nación, aún a estas alturas del paseo, no queda muy clara, su capacidad para cumplir con sus tareas fundamentales, especialmente, si se toman en cuenta las múltiples vicisitudes por las cuales viene atravesando desde el momento de su creación, meritoriamente, señalamos, entre otras, el tráfico de influencias, la corrupción y los dudosos manejos de los ingentes recursos asignados para su operación.

En este sentido, no podemos ni debemos omitir la discrecionalidad con la cual sus respectivos magistrados han venido manejando casos específicos relativos a permisos y salvoconductos otorgados en favor y beneficio de algunos ex guerrilleros aupados entre algodones a los que se viene autorizando a salir de territorio nacional para labores de proselitismo (supuestamente los beneficios derivados de los acuerdos de paz) que muchas veces han sido utilizados como adecuadas vías para continuar con labores de adoctrinamiento político para beneficio de sus propios intereses guerrilleriles.

Las diferencias principales – que yo veo – entre el texto originar de la ley estatutaria y las objeciones presentadas por el primer mandatario de la nación se dan en función de la laxitud con la cual son contempladas las penas aplicables a los casos de todos aquellos guerrilleros que se presenten ante la JEP vis a vis las consideraciones derivadas de la justicia contemplada en el marco de la jurisdicción de la Corte Penal Internacional, a la hora de someter a proceso a indiciados de cometer delitos de lesa humanidad, tales como reclutamiento infantil, violación sexual sistemática en contra de menores de edad, secuestro, extorsión, reincidencia en delitos como el narcotráfico, uno de cuyos ejemplos más significativos – en la actualidad – el del caso del ex jefe guerrillero Zeuxis Pausias Hernández Solarte alias “Jesús Santrich” solicitado en extradición por parte del gobierno de los Estados Unidos de América por haber planeado el envío de cinco toneladas de cocaína hacia dicho país en fecha posterior a la firma del acuerdo de paz.

Ahora caigo en cuenta las razones principales de que, justamente, el día de ayer, y tras más de cincuenta días de debate, el Senado – al no haber obtenido el número suficiente de votos para aprobar o desechar el proyecto de Ley Estatutaria de la JEP – decidió remitir el texto a la Corte Constitucional, instancia en donde seguirá produciéndose el mismo fenómeno de polarización a ultranza, característica que se siente desde las entrañas mismas de esta bella patria Colombiana.