AMLO: PAROXISMO VERSUS ESCEPTICISMO

Sólo así, de dicha manera, estaríamos en posibilidad de comprender el fenómeno que gobierna a México a partir del pasado mes de diciembre, a cuya cabeza se distingue el propio Andrés Manuel López Obrador (AMLO) quien, dicho sea de paso, y de conformidad con las más recientes encuestas elaboradas ex profeso con el fin de determinar el nivel de aceptación ciudadana, alcanzó un rango de 79.4%, es decir, casi ochos de cada diez mexicanos manifestaron su conformidad por el rumbo con el cual se viene implementando lo que ha sido considerado – por el propio AMLO – como la Cuarta Transformación (4T) del país, que debemos interpretar como la génesis de un nuevo modelo de gobierno (con todo lo que dicha acepción pudiera llegar a significar).

Al respecto, confieso, con la mayor sinceridad que me sea posible alcanzar que, por principio, me ubico, conscientemente entre los escépticos, que no nos entregamos a pie juntillas – como lo hiciéramos ya en algún momento de nuestras respectivas existencias, sobre todo, a partir de la alternancia política del México del 2000 – nuestras mayores y mejores expectativas por alcanzar un país más incluyente, menos injusto, más solidario, menos corrupto, más equitativo y, sobre todo, mucho más democrático.

Todo lo enunciado en su conjunto, ni por asomo ha emergido por virtud de la inspiración del nuevo Redentor de México. Es más, el propio AMLO en su afán por auto incorporarse a uno de los capítulos más destacados de nuestra historia patria, olvidó que, no obstante haber obtenido en su favor – a través de su movimiento político – treinta millones de sufragios el pasado mes de julio, dichos votos representan única y exclusivamente, una cuarta parte del total de la población con que cuenta todo el país, por lo cual, en los siguientes cinco años y pico que le restan aún como jefe de estado, deberá realizar el mayor esfuerzo posible para convencernos sobre las bondades de su proyecto de nación, así como el hecho de que, al término de su mandato constitucional, cumplirá a raja tabla con la promesa de acogerse voluntariamente a un retiro modesto y honorable, y cobijarse bajo la cálida sombra que le ofrece su ya famosa finca en Palenque, Chiapas, mejor conocida como “La Chingada”.

No obstante lo anterior, por el lado de los áulicos, todo es paroxismo. Están felices por el hecho de que AMLO, incluso antes de haber tomado posesión del cargo de presidente de México, se comportaba como tal. Pontificó desde su púlpito personal, aprovechando, dicho sea de paso, cualquier oportunidad para descalificar a tirios y a troyanos: quien no está conmigo está contra México, fue una de sus más conocidas diatribas post electorales. Los “fifís” “ la mafia del poder” “los pirruris” “los frijoles con gorgojo” así como otros epítetos más o menos conocidos, figuraron como los calificativos por excelencia utilizados en la jerga política de la 4T.

Ahora mismo, a tan solo dos días de que fueran conmemorados los primeros cien del régimen del Movimiento de Renovación Nacional, que dicho sea de paso, deberían de haber sido determinados al menos como los primeros doscientos días del “Peje” pegado a la ubre del estado mexicano, lo cual, desde mi particular punto de vista concita una profunda reflexión – en el ámbito de la más amplia sinceridad del caso – sobre el tipo de nación al que aspiramos todos, y si dicho modelo coincide con la estrategia implementada por los principales estrategas políticos del propio AMLO.

Por mi parte, como ya fuera enunciado con anterioridad, soy escéptico por naturaleza. Nada es peor para una nación como la nuestra que prime la homogeneidad de pensamiento y obra. Por tal motivo, damos la más cordial bienvenida – en el más amplio sentido de la palabra – a la indispensable heterogeneidad, porque la misma, así lo entendemos, se constituye en una especie de eje principal que sustenta los principales valores democráticos que deben guiar a una nación del calibre, la dimensión y el peso específico como la nuestra.

Valiéndome de tal razonamiento, me parece que AMLO podría llegar a desbocarse de continuar su febril carrera en pos de “salvar a México” , de lo que él mismo califica como la “mafia del poder”, misma que ha dominado el panorama político de nuestro país desde tiempos inmemoriales, causante, además, de todos los males que nos aquejan, para los cuales, según ha sido advertido con toda claridad por el propio primer magistrado, dispone de una cura infalible: la 4T.

Estoy firmemente de acuerdo en que AMLO realice el mayor esfuerzo que le sea posible para lograr el feliz cumplimiento de sus objetivos o plan de gobierno, para eso fue elegido por un número significativo de mexicanos, lo que, en todo caso, me inquieta es la forma y el fondo en que ha venido interactuando de cara a las principales instituciones políticas del país, la división de poderes y los órganos de control de los propios poderes públicos a nivel federal, a los cuales ha venido vulnerando – sin querer queriendo, tal vez por su falta de ignorancia -, sin que ello pudieran llegar a justificar sus muy notorias y tangibles omisiones, puestas en marcha bajo la premisa (digo yo) de que el fin justifica los medios.

Es verdad que el cochinero – escondido por los rincones – que encontró AMLO a su llegada al poder justifica plenamente que se imprima a la gobernabilidad del país, un giro de ciento ochenta grados. Lo que es injustificable hoy, mañana y siempre, es que para echar a andar la maquinaria del país, en su marcha, se precipite a México hacia ese profundo abismo que con toda claridad avizoramos en lontananza.

 

EL TIRANO EN SU LABERINTO

Se aprecia ya, con toda claridad, una luz al final del túnel de la obscuridad subyacente que, a lo largo de los últimos veinte años, ha teñido – con su estigma de horror – el horizonte de la otrora rica y orgullosa Venezuela cuna, también, del enhiesto estandarte del Libertador Simón Bolívar, quien ha sido estigmatizado a ultranza por aquellos quienes dicen constituirse como sus más nobles y leales servidores, los cuales, dicho sea de paso, lo único que han conseguido es la total destrucción de la obra inmortal del Ilustre caudillo decimonónico, cuyos restos, a estas alturas del paseo (creo yo) estarán retorciéndose en lo más profundo de las entrañas del mausoleo erigido en su honor en el Panteón Nacional ce Caracas.

Todo parece indicar, según se aprecia, que le llegó la hora final al régimen que hoy preside Nicolás Maduro, dicho sea de paso, heredado “a dedo” de parte de su compinche Hugo Chávez, ambos, auto designados, como prohombres del fracasado proyecto del socialismo del siglo XXI que, hoy por hoy, hundió en un fango nauseabundo a toda una nación, y que, casi cuesta la ignominia a otras dos terceras partes de las democracias ubicadas en los cuatro puntos cardinales de dicha subregión geográfica.

El advenimiento del liderazgo político que encabeza el Presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, ahora mismo, reconocido como presidente encargado por más de cincuenta integrantes de la comunidad internacional – con la dolorosa excepción de México – cubre con un manto de legalidad lo que se constituirá, en el corto plazo, como la indispensable transición que, con toda claridad, se vislumbra al alcance de la mano. Debo destacar que, a la hora de escribir estas líneas, el gobierno de Japón (entre otras potencias económicas) anunció, a través de sus canales institucionales, el reconocimiento como único represente legítimo de Venezuela al presidente del alto cuerpo legislativo de la nación.

No obstante todo lo anterior, el tirano se aferra al poder apoltronado por sus áulicos al sillón presidencial del Palacio de Miraflores, aupado, además, por una pléyade de corifeos ornamentados con vistosos uniformes militares de los que penden insignias de ficticias batallas imaginarias tal cual aconteció en todas las que integran el relato contenido en las páginas del ingenioso hidalgo de Miguel de Cervantes.

Con los motores listos para emprender desde las fronteras con países vecinos (Colombia, Brasil y Aruba/Curazao) hacia las entrañas de la patria sojuzgada, se prepara ya una nueva epopeya libertadora, cuya encomienda principal es hacer llegar, a la mayor brevedad posible, la ansiada ayuda humanitaria cuya única misión será la de coadyuvar en la medida de sus posibilidades a mejorar la situación de postración en la que se encuentra, actualmente, la mayoría del pueblo venezolano.

 

 

GATOPARDISMO AL ESTILO DE AMLO

La reciente visita a México del presidente del gobierno español, Pedro Sánchez (PSOE) ha servido – una vez más – como telón de fondo para confirmar el cariz conservador con el que su colega el (nuestro) presidente, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) visualiza la escena internacional en general, y la política exterior que pretende implementar durante el curso de los próximos seis años, en lo particular, hacia los países de nuestra subregión geográfica, sobre todo, a la luz de los más recientes sucesos de la coyuntura política que vive Venezuela, país con el que, dicho sea de paso, hemos construido a lo largo de la historia independiente de ambas naciones, una de las más cordiales y constructivas relaciones bilaterales de que se tenga memoria.

Con un sustento de tal envergadura, me resultó, en extremo curiosa la respuesta de AMLO a una pregunta específica que surgiera durante el curso de la conferencia de prensa en la que participaron ambos mandatarios sobre la posición específica de nuestro país en el entorno de la disputa que ahora enfrentan, por un lado, a Nicolás Maduro, y por el otro, al asambleísta Juan Guaidó, por la titularidad del poder ejecutivo de la hermana nación suramericana.

Palabras más, palabras menos, AMLO se transformó – desde mi particular punto de vista – en una especie de Ignacio L. Vallarta (ministro de relaciones exteriores durante el primer mandato presidencial de Porfirio Díaz) al envolverse en la bandera de un falso nacionalismo (México primero) pretendiendo hacer creer a la sorprendida audiencia, que los sucesos acaecidos en contra de México al imponérsenos como gobernante a un príncipe extranjero, a mediados del siglo XIX podrían ser extrapolados a la era del socialismo del siglo XXI, con el cual ha sido apostillada Venezuela.

La realidad que, en todo caso ensombrece, día a día, a la patria del libertador Simón Bolívar, hay que visualizarla desde la perspectiva de las afectaciones directas que pesan en contra de los intereses de los más de 32 millones de nacionales (con una diáspora de más de tres millones) que pugnan por sobrevivencia en medio de circunstancias políticas, económicas y sociales inéditas para todos, partiendo del supuesto de que Venezuela es uno de los países más ricos del continente y que posee, entre otras múltiples riquezas, uno de los más grandes yacimientos de petróleo del mundo.

Aún así, el dinero no alcanza para nada. El fenómeno de hiperinflación (más de un millón por ciento en 2018) hace imposible obtener por vía de la ley de la oferta y la demanda, insumos indispensables para satisfacer las necesidades vitales para toda una nación. La coalición cívico-militar que encabeza Nicolás Maduro, ha hecho que sea prácticamente imposible obtener bienes y servicios sin exhibir para ello el denominado “carnet de la patria” especie de salvoconducto con en cual se pretende estigmatizar a buena parte de la población del país.

Para mantener un orden institucional sui generis o a su medida, la dictadura madurista se ha empleado a fondo, vulnerando, en todo momento los derechos humanos fundamentales de la otra mitad del país que no se declara “chavista” o “bolivariana” agrediéndoles por conducto de los múltiples cuerpos represivos surgidos o generados al amparo del movimiento revolucionario del socialismo del siglo XXI

Desde mi barrera, aquí en la ciudad de Medellín, contemplo estupefacto a los cientos de miles de venezolanos, hombres y mujeres, niños y niñas, jóvenes y ancianos que luchan por la supervivencia en cada esquina de las principales arterias que conforman esta gran metrópoli, misma que, en la medida de sus posibilidades no se da abasto para socorrer a sus hermanos de sangre, los cuales hoy por hoy sufren las vicisitudes inherentes del fenómeno de disponer de un país prácticamente dividido en dos.

Si, el Grupo de Lima al cual México se adhirió desde su creación, hasta el comienzo del gobierno de AMLO, ha realizado – desde mi particular punto de vista – una muy positiva labor de favorecimiento de las partes involucradas, a grado tal que, hoy por hoy, decidió, por consenso, dar un paso al frente de cara a los más vulnerables, es decir, a quienes se ubican en la vigencia de los principios de libertad democrática para todos los venezolanos.

Mientras esto sucede Marcelo Ebrard prepara maletas para viajar a Montevideo, con el fin de participar en la reunión del Foro de Sao Paulo. Ah, perdón, no es el objetivo de su presencia en la capital de la República Oriental del Uruguay, el canciller mexicano hará presencia en una reunión – que yo considero inútil – a los fines de proveer de un “balón de oxígeno” a la dictadura madurista la cual pugna, en sus estertores finales, por aferrarse a un poder que ahora ya no le corresponde.

Así, con un pasito adelante y dos para atrás, AMLO se nos vuelve a presentar como un digno protagonista del gatopardismo a la mexicana.

 

 

 

SOBRE LA CUESTA DE ENERO

Ha sido, tradicionalmente, un tanto cuanto difícil para la mayoría de las familias mexicanas enfrentar, con lucidez, lo que en lenguaje vernáculo hemos calificado como “la cuesta de enero” fenómeno que, dicho sea de paso es, nada más y nada menos que, una expresión lisa y llana de nuestra falta de previsión para hacer frente al devenir de nuestras responsabilidades en el corto y mediano plazos, y estar así en capacidad para asumir el rol que nos corresponde como integrantes de una sociedad en constante transformación, como es el caso de la que se estructura a lo largo y ancho del territorio nacional.

La reflexión anterior, en todo caso, muy bien podríamos (debemos) extrapolarla al siguiente nivel, es decir, al de la realidad política que en este momento enfrenta el nuevo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en el contexto de lo que el mismo se ha encargado de enunciar como la Cuarta Transformación (4T), misma que, a estas alturas del paseo, se encuentra en el umbral del tercer mes de su respectivo ejercicio.

Con enorme tristeza – por decir lo menos – nos hemos venido a enterar, justamente, en esta cuesta de enero, que AMLO recibió de su predecesor inmediato, Enrique Peña Nieto (EPN) un país en plena crisis sistémica de sus principales instituciones políticas, económicas y sociales, tal cual había sido advertido en la obra “Cleptocracia” de mi autoría (www.amazon.com/ Cleptocracia by ignaciogutierrezpita) confirmada, a su vez, por los más recientes datos aportados por Transparencia Internacional, en cuyas últimas estimaciones especializadas sobre los índices de corrupción gubernamental, México perdió 33 lugares, con respecto a los últimos resultados (2017) cayendo de la posición 105 a la 138.

Ahora bien, sin que nuestra opinión implique que intentamos rasgarnos las vestiduras y, hacer o aparentar hacer una especie mea culpa colectivo, la verdad es que, es ahora, en este preciso instante, que comenzamos a darnos cuenta del enorme vacío de poder en el que había caído nuestro país y que, como consecuencia lógica de tal omisión, parte importante de nuestra riqueza nacional, comenzó a ser usufructuada – clandestinamente – por integrantes del crimen organizado, tal cual hemos visto, al menos, por lo que respecta al expolio del que ha sido víctima la empresa estatal más importante de México: PEMEX, cuyas entrañas han venido siendo horadadas a mansalva por huachicoleros, apoyados o coludidos con funcionarios y empleados de los tres niveles de gobierno.

Según se ha podido saber, en los últimos diez años, es decir, durante el curso de al menos los dos últimos sexenios, los poliductos que surten de productos derivados del petróleo a todo el país, han registrado hasta 12,600 tomas clandestinas, algunas de las cuales, como es el caso de la que fue ubicada dentro del perímetro del municipio de Tlahuelilpan, en el Estado de Hidalgo, han sido causantes de graves accidentes como el que se verificó durante el presente mes, con un saldo de más de cien víctimas mortales (su número sigue creciendo) y un número indeterminado de heridos y lesionados.

De la mano de sus congéneres del huachicol, los integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), si estimado lector, esos mismos que nos han causado tantos desasosiegos y que paralizan ciudades enteras, por simple capricho, ahora se han apoderado de las principales vías del ferrocarril – llevan quince días de paro – en las inmediaciones del Estado de Michoacán, lo que, prácticamente, se ha traducido en la paralización del ingreso y la salida de todo tipo de bienes y servicios, con las indudables repercusiones negativas para la economía nacional.

Quienes integran dicha fuerza laboral, ahora se han empoderado, y dicen, que actúan con el beneplácito del propio AMLO, quien además de interceder en su favor ante autoridades de los otros dos niveles de gobierno, les prometió abrogar la tan cacareada reforma educativa impulsada durante el ejercicio de EPN y devolverles las innumerables (e injustificadas) canonjías de las cuales disfrutaron durante el curso de los más obscuros estertores del período de la dictadura perfecta.

Como bien dijo el propio AMLO: me canso ganso, voy a transformar a México.

 

 

 

 

 

VEINTITRES DE ENERO

El diputado Juan Guaidó, representante del partido Voluntad Popular (VP) ante la Asamblea Nacional de Venezuela, investido – desde principios del presente mes – con el carácter de Presidente del máximo órgano legislativo del país, juró solemnemente, ante un cabildo público, conformado por cientos de miles de ciudadanos, como presidente encargado de la República Bolivariana de Venezuela, cumpliendo, con lo anterior, con lo que determina la proclama adoptada, en su oportunidad, por la institución que él mismo preside, al momento de declarar a Nicolás Maduro como usurpador de la más alta magistratura de la nación, desde el instante mismo en el que asumió un segundo mandato (10 de enero) ante una instancia distinta a la cual fuera determinada por la propia Constitución política vigente en dicha nación suramericana.

La determinación del ahora presidente encargado de asumir la posición que conforme a la constitución le corresponde, sirve de parteaguas a la ya de por sí muy difícil coyuntura que prevalece a lo largo y ancho de la geografía nacional por virtud de la polarización entre las dos principales fuerzas políticas en pugna: chavistas (maduristas) versus antichavistas, sin que, hasta este momento, tengamos una clara idea sobre lo que sucederá en el corto y mediano plazos mismos que, con toda seguridad, seguirán siendo de un constante estira y afloja de cada una de sus respectivas posiciones por parte de ambos antagonistas.

Como condimento adicional, no podemos ni debemos soslayar la importancia que tiene para el equilibrio del poder en Venezuela el casi inmediato posicionamiento favorable a la causa de la oposición política de importantes actores a nivel regional, como han sido los casos de los gobiernos de los Estados Unidos de América, Canadá, la Organización de Estados Americanos (OEA) y de las naciones que integran el Grupo de Lima, a excepción hecha de países como México (para variar) y Uruguay que prefirieron inclinarse por lo que eufemísticamente enunció el subsecretario para América Latina y El Caribe de nuestra cancillería, Maximiliano Reyes: política de “tercer carril”, es decir, ni sí, ni no, sino todo lo contrario.

La misma Perogrullada, con la cual México ha venido intentando nadar de a muertito en la escena internacional desde los tiempos de la “dictadura perfecta” a cuyas pútridas sombras, lamentablemente, en los albores de la Cuarta Transformación, nos acogemos.

No obstante lo anterior, y confiando en que México seguirá siendo un país de referencia – para las causas que afectan a nuestra subregión geográfica -, en Venezuela se vive un antes y un después que podría significarle a dicho país, al mismo tiempo, un final y un principio. Final de una época: el socialismo del Siglo XXI; y el principio del proceso de reconstrucción de la estructura y funcionamiento de una nación que yace ahora postrada sobre sus cenizas.

ME CANSO GANSO

Parecería como si estuviésemos dentro del “cuarto de guerra” que, a partir del día 1 de diciembre de 2018, habría inaugurado – en el salón de acuerdos del Palacio Nacional -, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), lugar en el que encabezó una crucial reunión con un selecto grupo de sus colaboradores más cercanos en el marco de la cual se adoptó la trascendental decisión de “ir con todo” en contra de una de las plagas que mayores daños le vienen causando a la economía nacional: el robo de combustible (huachicoleo) de que vienen siendo objeto, principalmente, los poliductos que opera la estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) ubicados en los cuatro puntos cardinales de la geografía nacional.

Dentro de las primeras medidas que fueran acordadas en el marco de tan trascendental reunión, una que se distinguió de las demás, fue la de cerrar las válvulas que habilitan los poliductos que venían siendo mayoritariamente vulnerados, es decir, los que sirven para proveer de insumos suficientes e indispensables a las ciudades más importantes del país, sobre todo, las que se encuentran ubicadas en los estados colindantes con la capital de la república, es decir, la ciudad de México. Sobre el detalle de la cantidad de irrupciones ilegales cometidas en contra de los susodichos poliductos, así como de sus consecuencias, se puede consultar la obra “Cleptocracia” de mi autoría (publicada por Amazon/Kindle “Cleptocracia by Ignacio Gutiérrez Pita”).

Es posible, aunque debo confesar que no me consta, que AMLO adoptó dicha decisión en función más que de la mente brillante (de la cual indudablemente está dotado) de sus propias pistolas. Parafraseando a nuestro primer mandatario: “me canso ganso” o “el que se aflige se afloja”, así nomas porque sí. Lo cual más que sorprendernos, debería de servir de pauta para irnos acostumbrando a los ritmos propios de quien dice encabezar la cuarta transformación del país y que dispone como fuente inminente de inspiración – a los fines de la industria petrolera – del viejo tlatoani que institucionalizó la revolución: Lázaro Cárdenas, quien, además, según cuenta la historia oficial, dispuso de las agallas suficientes como para decretar la expropiación – para beneficio directo de la nación – de todos los recursos petroleros del país.

Las consecuencias inmediatas de la medida adoptada por el presidente y los más cercanos de los suyos, desde mi particular punto de vista, no fueron debidamente ponderadas, prueba de lo cual, el país vive un auténtico galimatías en lo que tiene que ver con el indispensable abasto de insumos energéticos, circunstancia que ha redundado en la propagación de innumerables muestras de inconformidad determinadas desde todos los puntos de vista ciudadanos.

Y, aunque el mal ya está hecho, no podemos, ni debemos dejar de ponderar, que las más trascendentales acciones de gobierno – que confiamos serán muchas -, como la que se comenta, no pueden, ni deben seguir siendo tomadas sobre las rodillas, tal cual, aparentaría, fue el método que llevó a la conclusión del cierre de válvulas de los principales poliductos que surten de insumos a todo el país.

Lo bueno, si es que hay algo positivo, del galimatías en el que nos metió AMLO tiene que ver con la lectura de los resultados de las principales encuestas realzadas por medios especializados, mismas que, en su mayoría, destacan que el pueblo sigue apoyando mayoritariamente a su presidente, a pesar de las “chamaqueadas” de que hemos sido objeto, justamente, en los albores de un año del que apenas se vislumbran sus primeras luces de vida.

 

 

 

 

 

MALANDRO SUCIO

“Perdimos a México” con esta lacónica expresión José Miguel Vivanco, Director de la División de las Américas de la organización Human Rights Watch enunció lo que para muchos – y me incluyo en esa grande y diversa mayoría de opinadores internacionales – representó el giro de ciento ochenta grados ordenado por Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a su representante en la reunión de cancilleres del “Grupo de Lima”, celebrada recientemente en Perú, en donde fue abordada la posición que deberán asumir los gobiernos integrantes de dicho mecanismo con respecto a la inminente asunción del segundo mandato (supuestamente constitucional) del dictador bolivariano Nicolás Maduro, a quien por cierto, sus conciudadanos denominan con el epíteto que sirve de título al presente artículo y cuyo significado vernáculo explica, por si mismo, el nivel de rechazo con el que la población venezolana intenta alzar la voz (para ser escuchados) por una comunidad internacional que aparenta ceguera y sordera crónicas, como ha sido perfectamente ilustrado por esa nueva izquierda mexicana representada por el partido MORENA.

Aún y a pesar de los intentos por lavarle la cara al régimen que nuestro canciller Marcelo Ebrard enunciara públicamente en el marco de la XXX Reunión de Embajadores y Cónsules en pleno desarrollo en la capital del país, sus palabras siguen sonando vacías y huecas, si las contrastamos con los casi tres millones de refugiados que han migrado desde el suelo patrio venezolano hacia distintos puntos de la geografía continental, como es el caso concreto de Colombia, país en el cual me encuentro actualmente y desde el cual observo, puntualmente, como cada día se internan en el territorio nacional de esta generosa nación cientos de miles de refugiados en un vano intento por superar las condiciones prevalecientes en donde la escasez y la ausencia de soluciones representan el tema de mayor actualidad en el día a día de todo el pueblo venezolano.

¡Hurra por el Peje! Imagino estarán ensalzando sus adlateres, como son los casos concretos de Martí Batres (senador) o del soez (diputado) Gerardo Fernández Noroña, éste último, incluso anunció que viajaría a Caracas el próximo jueves 10 de enero para hacerse presente en la entronización del sátrapa mayor (al que considera como su cuate), además de dirigente del Foro de Sao Paulo, Nicolás Maduro.

A pesar de que quienes ahora manejan los hilos de la política exterior enuncian como congruente nuestra postura en dicha materia, no podemos ni debemos soslayar que, detrás de la misma se estarían ignorando a los millones de damnificados causados por la cleptocracia gubernamental instaurada en el Palacio de Miraflores, en Caracas, la cual ha llevado hasta límites insospechados a una nación, otrora próspera y orgullosa, poseedora, además de infinitas riquezas nacionales, y de las reservas de petróleo más abundantes del mundo.

¡Muy mal comienzo de gobierno señor López Obrador! Pero se vale corregir.

ACUERDO COMERCIAL MÉXICO ESTADOS UNIDOS (ACME)

Con esos mismos términos calificó el presidente de los Estados Unidos de América (PROTUS) la culminación del proceso de negociación del otrora mejor conocido como Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN) entre dicho país, México, y Canadá. El referido instrumento trilateral, tal cual es de público conocimiento, fue suscrito entre las partes y, una vez ratificado por sus respectivos Congresos, entró en vigor, al menos para nuestro país, el 1 de enero de 1994.

En este sentido, conviene destacar, a todos los fines del caso, que el gobierno de Canadá, a estas alturas del paseo, no ha manifestado, fehacientemente, su anuencia para integrarse, en los actuales términos, con lo que, llegado el momento, podrá llegar a ser calificado como TLCAN 2.

Dando por descontada la valoración sobre el éxito alcanzado a favor de los tres países asociados, sobre todo, a la luz del indudable incremento en los intercambios de bienes y servicios entre las partes contratantes, es decir, mientras que para el año de 1993 el flujo comercial alcanzó de un total de 290 mil millones de dólares (mdd), al cierre de 2016, las magnitudes alcanzaron 1.1 billones de dólares (bdd). Como consecuencia de lo anterior, conviene subrayar, específicamente, sobre el creciente superávit registrado por México en su relación bilateral con los Estados Unidos de América – ubicado en 70 mil (mdd) – que podría ser la causa específica para que el propio PROTUS lo declarara (desde el comienzo de su campaña presidencial) como “el peor acuerdo comercial jamás firmado” por su país.

Lo que si conviene puntualizar sobre el proceso recién concluido entre México y los Estados Unidos de América, es que, a la fecha de elaborar el presente análisis, lo único tangible, es decir, lo que está a la vista de todos, es el clima de creciente incertidumbre y opacidad derivado de la coyuntura política por la que atraviesan los gobiernos de ambas naciones. Por el lado de nuestro país, la culminación de uno de los peores sexenios de que se tenga memoria, y por lo que respecta a nuestro socio estadounidense la inminencia de que, durante el curso de las elecciones legislativas que habrán de celebrarse el próximo mes de noviembre, el quincuagésimo presidente pierda sus actuales mayorías republicanas en las dos Cámaras que integran el Congreso.

Y, justamente, hablando del Congreso estadounidense, conviene, a los fines de nuestra propia causa, tomar en cuenta que la administración Trump comenzó el proceso de negociación con sus contrapartes del TLCAN, bajo los términos de la cláusula “Trade Promotion Authority” (TPA), la cual determina, de forma específica, la capacidad de compromiso que puede asumir el poder ejecutivo en dicha materia, y que, en el presente caso, estaría sujeto a concluir una negociación entre tres (países), no solamente entre dos contrapartes, como hasta el día de hoy, se ha concluido.

Por lo anterior y, a reserva de disponer del texto in extenso a través de cuya lectura estaríamos en posibilidad de emitir una opinión ya sea en sentido favorable o en contra, nos vemos obligados a partir del supuesto de que, tanto los unos, como los otros equipos negociadores habrían interactuado impulsados, tan solo, por el sentimiento de buena fe, que todos esperaríamos de nuestros altos representantes gubernamentales, y no bajo los influjos de la angustia existencial por la que atraviesan los primeros mandatarios de ambos países.

En el caso que nos ocupa, el del ACME, tan cacareado por la administración peñanietista, enunciado, además, como una verdadera epopeya, en beneficio del sistema, logrado por algunos de sus mejores corifeos como son los casos de Luis Videgaray, e Ildefonso Guajardo, a quienes en la recta final del esfuerzo se les unió, el especialista Jesús Seade (quien interactuó como representante del presidente electo), y sobre quien dicen, los que mejor saben de esto, que sin dicha participación, no se habría arribado, con éxito, a las puertas de las infranqueables fronteras que se interpondrían en nuestro camino.

Sin perjuicio de parecer poco optimista, la cruda realidad dista mucho de la euforia característica del enfoque con el que se nos ha querido vender esta novedosa entelequia que, la verdad sea dicha, dista mucho de parecerse a su predecesora, la cual, como ha sido señalado, fue prácticamente sepultada – sin haber recibido para ello los honores que, por derecho, le correspondían – como consecuencia de las innumerables diatribas que nos hemos tenido que tragar cada vez que PROTUS trina a través de sus redes sociales todo aquello que por razones de conciencia no puede despotricar cara a cara y de frente a los molinos de viento que circundan a mañana, tarde y noche por su cabeza.

Ahora bien, si como se nos ha dicho, el ACME supone constituirse en el mejor acuerdo posible alcanzado entre las partes, por la simple lectura de lo hasta ahora conocido, se nos hace un tanto cuanto difícil extraer razones suficientes como para acreditar que las verdades a medias con las cuales se nos quiere engañar, a la larga, se constituyan como la mejor panacea para nutrir nuestros más ingentes apetitos llegada la hora de sentarnos a la mesa en calidad de invitados, o convidados de piedra, a la que será considerada como la fiesta de todas las fiestas, y que está próxima a comenzar.

Ah, por cierto, no me gustaría que usted, amable lector quedara con la misma duda existencial que surcó mi memoria al momento de conocer el acrónimo determinado para ubicar el nuevo instrumento bilateral: ACME (si, muy similar al popularizado en la serie infantil de televisión de los “Correcaminos y el Coyote”, creada por Chuck Jones) significa: A Company that Makes Everything.

¡ Qué tal !

CRISIS MIGRATORIA EN AMÉRICA DEL SUR

A pesar de las múltiples afirmaciones y esfuerzos realizados por la dictadura de Nicolás Maduro en el sentido de fingir demencia al desconocer como un hecho real, tangible y verdadero el creciente éxodo de sus nacionales hacia destinos ubicados más allá de sus fronteras territoriales, como sucede en casos concretos como Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y Chile, los cientos de miles de damnificados venezolanos que huyen del régimen y que se desplazan inermes, se ha venido incrementando conforme se agudiza la crisis sistémica (política, económica y social), es decir, la ausencia de todo, por la que, desgraciadamente atraviesa la nación que vio nacer al libertador Simón Bolívar, hoy por hoy, materialmente ultrajada, por virtud de padecer el mandato del gobierno peor calificado de que se tenga memoria, desde el instante mismo en que Venezuela consumó su independencia y, por tal motivo, se convirtió en un país soberano.

En dicho sentido, si atendemos los datos que, a estas alturas del proceso manejan a nivel multilateral organismos especializados, como los casos específicos de las Naciones Unidas (ONU), el Alto Comisionado para los Refugiados UNHCR (por sus siglas en inglés), la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), o a nivel regional, la Organización de Estados Americanos (OEA), el balance se traduce en un constante y heterogéneo desplazamiento forzado de nacionales de dicho país que alcanza cifras estratosféricas. Se dice que, para estas fechas, el conteo cubre un total de más de 2.5 millones de connacionales, los cuales pululan en el entorno de los cuatro puntos cardinales de la geografía regional, en busca de alcanzar el valor más preciado de que dispone el hombre y que es conculcado en su patria: la libertad.

En Venezuela, dicho sea de paso, no hay libertad personal para nadie, a excepción del los afectos del régimen, “los enchufados”, o todos los que portan el vilipendiado Carnet de la Patria. El régimen se ha transformado en una especie de monstruo maligno de mil cabezas, similar al esgrimido por nuestros abuelos para asustarnos cada vez que no queríamos irnos a la cama a la hora que se nos ordenaba. De conformidad con los datos más confiables, el fenómeno ante el cual nos encontramos, es considerado ya como el más importante de todos los que se han registrado a nivel regional – incluidos, entre otros, los que han sido consecuencia directa de las tenebrosas dictaduras militares que se registraron en el cono sur – al menos, durante el curso de los últimos 50 años.

Y, para variar, desde la entraña misma del putrefacto régimen chavista se sigue tarareando la vieja canción: “es un complot de la extrema derecha y del imperialismo yanqui” como una especie inspiración sublime, preludio de la debacle del socialismo del siglo XXI. Los más conspicuos prohombres (al menos los más visibles) del régimen, el propio Maduro, Cilia Flores, Diosdado Cabello, Delcy y Jorge Rodríguez, o Vladimir Paulino López y todos los altos mandos militares que le cobijan, aparentan no caer en cuenta del riesgo inminente al que se enfrentan por haber arrinconado – a todo un pueblo afligido – a enfrentar la ignominia de no disponer de los bienes y servicios básicos e indispensables, otrora, para bien o para mal, al alcance de todos los ciudadanos.

Mientras esto sucede, la diáspora extiende su manto más allá del vecindario geográfico e incluye otros destinos tales como México, el sureste de la Unión Americana, la Unión Europea, principalmente países como España, circunstancia que, en todo caso, ha motivado una alerta global que advierte sobre las negativas consecuencias derivadas de la ausencia de un Estado real y verdadero en Venezuela, así como sobre la fórmula más adecuada para salir del atolladero en el cual se encuentra la otrora orgullosa patria de Bolívar inmersa en uno de sus peores momentos históricos.

Por lo pronto, en breve, para el mes de septiembre próximo la OEA ha programado una sesión extraordinaria de su Consejo Permanente en la cual será abordada – una vez más – la coyuntura venezolana. Al respecto, personalmente, no albergo ningún tipo de esperanza sobre la posibilidad de que se llegue a alcanzar el necesario consenso para avanzar – verdaderamente – en esta materia.

Lo peor que le podría suceder a Venezuela – desde mi particular punto de vista -es que sus actuales dirigentes políticos aspiren y logren perpetuarse en el poder de forma similar a la indudable hazaña lograda por los hermanos Fidel y Raúl Castro Ruz en la isla mayor de las Antillas, en la patria de José Martí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IMPUNIDAD PARA DEPREDADORES SEXUALES

Para todos aquellos que, como en mi caso concreto, hemos dado puntual seguimiento a los trabajos relacionados con el largo y espinoso proceso de impunipaz llevado a cabo entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la cúpula de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) – hoy transformadas en un partido político con derechos, y quiero suponer que, también, con algún tipo de obligaciones -, cayó como cubetada de agua fría la decisión adoptada por la Corte Constitucional (C.C.), mediante la cual, por vía de un plumazo, es decir, hicieron lo que se les antojaron a sus “esos” determinó como exequible (viable o válido) que los delitos sexuales cometidos al amparo de la lucha armada, puedan ser sometidos ante una instancia sui generis, como es el caso de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) organismo creado, como es de público conocimiento, al amparo del acuerdo final suscrito entre las partes (estado-guerrilla), en lugar de canalizarlos (como en su momento fuera propuesto por el Congreso) para su procesamiento, ante la justicia ordinaria.

La diferencia entre el juzgamiento entre una y otra instancias, ya sea, al amparo de la de justicia ordinaria, o en su caso, de la de la JEP, es que, mientras que en la primera, todos aquellos que llegasen a ser imputados como culpables, y por lo tanto, condenados a cumplir una sentencia privativa de la libertad personal, quedan obligados a someterse a lo determinado durante su proceso. Mientras que, por lo que respecta a la segunda, aún si se llegase a comprobar la culpabilidad directa del supuesto infractor, quienes hayan sido imputados de cometer dicho tipo de delitos, ya sea por acción u omisión, en ningún caso, será obligado a purgar una sentencia que incluya pena privativa de la libertad, conforme a lo que fuera determinado por la norma a que nos hemos referido, que fuera considerada como exequible por la propia C.C.

En los casos específicos de todos aquellos que sean sometidos a la jurisdicción de la JEP, los que sean declarados como culpables de cometer dicho tipo de delitos, automáticamente, pueden invocar, en su propio beneficio, acogerse al esquema de verdad, justicia, reparación y no repetición determinado ad hoc por los principios de justicia transicional y restaurativa, adoptados en el texto de los Acuerdos de La Habana.

A dicho fin, y en el ánimo de intentar describir el ambiente con que dicha medida fue acogida en todo el país, conviene reflexionar en el entorno de la postura del gobierno del centrista Iván Duque, quien afirmó, en su oportunidad, que no está de acuerdo con el sentido del fallo de la C.C., pero que, en todo caso, como presidente de la república, lo que le corresponde, es acatarlo. En el lado contrario, es decir, el de la oposición política, el anuncio fue recibido con beneplácito especialmente, por parte de los áulicos de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) instituto político desde el cual operan los ahora supuestamente reinsertados, una vez que abandonaron la lucha armada con el fin de acogerse a todos los privilegios, incluidos en su beneficio, como el de disponer, entre otras canonjías, de doce escaños en el Congreso Nacional (seis en el Senado y cantidad similar en la Cámara de Representantes) al menos, durante el curso de las tres próximas legislaturas (cada una de cuatro años).

Qué tal. Ver para creer, todo o anterior, sin menoscabo del informe elaborado, puntualmente, por parte de la Fiscalía General de la Nación, en el cual. constan, fehacientemente, al menos, 8,394 casos concretos, reportados por la Unidad de Víctimas por motivos de violencia sexual perpetrada por actores armados, de entre los cuales, el 88% corresponde a mujeres.

En el amplio menú de violaciones a las normas del Derecho Internacional Humanitario, y en contra de los derechos humanos de las víctimas, se destacan, entre otros, además del reclutamiento forzado de menores, el sometimiento a todo tipo de violencia, vejámenes y abusos sexuales, incluida, entre otros, la esclavitud, perpetrados, tanto por parte de los jefes, como por integrantes de la tropa de las FARC, cuyas cabezas principales anotaban en bitácora un riguroso método de planificación sexual a fin de evitar embarazos indeseables, y si, por razones de casualidad, se llegaba a dar el caso de embarazos involuntarios, las involucradas eran inducidas (forzadas) a realizarse abortos clandestinos, generalmente, por vía de legrado, lo que, según anotan especialistas en esta materia, podría ser causante directo de la esterilidad de las pacientes sometidas a dicha práctica.

Según se desprende de los testimonios directos de quienes integran la corporación “Rosa Blanca” en la cual militan desmovilizadas de las FARC, una vez que eran sometidas (generalmente de forma violenta) a reclutamiento forzado, eran violadas de forma tumultuaria, por uno o varios integrantes de la tropa, a quienes, obligatoriamente, debían servir a pie juntillas, so pena de ser pasadas por las armas.

Vamos a ver, todo lo anterior sucede mientras observamos con verdadera estupefacción los cientos de miles de casos comprobados de abusos sexuales (de todo tipo) perpetrados, en su mayoría en contra de menores de edad vulnerables (hombres y mujeres) por parte de integrantes de la jerarquía de la Iglesia Católica, incluidos entre ellos, desde simples curas, hasta obispos y arzobispos, como han sido los surgidos en lugares como – el mas reciente – en Pensilvania, en los Estados Unidos de América, en Irlanda, Alemania, Chile, Australia, y un caso emblemático para todos nosotros en México, el del tristemente celebre Marcial Maciel, actuando en contubernio y bajo el velo protector de la orden fundada por él mismo, los “Legionarios de Cristo”.

En dicho sentido, no podemos, ni debemos olvidar que, durante siglos, dicho delito se mantuvo bajo la cobertura de La Omertá (Ley del Silencio) de los unos para el beneficio de los otros, principalmente, en el entorno de la jerarquía de la Iglesia Católica. El abuso sexual perpetrado en contra de menores, o personas sujetas a la autoridad de un ministro de culto religioso, o de un victimario, no sólo es abominable y execrable, merece, en todo caso, ser castigado con el mayor rigor social de que sea posible aplicar en dicha materia, sin mayores excusas o pretextos, como el que ahora hemos querido traer a la palestra en el contexto del proceso de impunipaz a favor de las FARC: