AMLO Y SU FALTA DE EMPATÍA

Con más de 30 millones de votos que lo legitiman, el presidente de México Andrés Manuel López Obrador (AMLO) no ha podido – o no a querido – reconocer el impacto popular que, indudablemente, han concitado las innumerables reivindicaciones de género que se han venido realizando, a lo largo y ancho del territorio nacional, durante los últimos quince meses, muy especialmente, las que se llevaron a cabo los pasados días 8 y 9 de marzo, que han sido calificadas por la dirigencia morenista de la 4T, como muestras fehacientes de la indudable manipulación de que han sido objeto, supuestamente, por las fuerzas políticas más oscurantistas del llamado viejo régimen conservador, o cualquier cosa que ello signifique, y que, en todo caso, pudieran afectar los altos intereses de quien se auto denomina como el caudillo de México del siglo XXI.

Una especie de nuevo mesías que sólo cree en lo que el mismo se cree, sin empatía por causas como la falta de respuestas claras, firmes y expeditas ante los fenómenos de la alta violencia de género y los feminicidios que pululan allende los cuatro puntos cardinales de la geografía nacional.  El gobierno a cargo de AMLO ha sido incapaz de hacer frente a uno de los fenómenos que, en principio, suscitaron el aval ciudadano que lo impulsó a ocupar el cargo que ostenta, el de la más alta magistratura del país, es decir, la presidencia de la república.

Desde esa alta tribuna AMLO nos pontifica cinco días a la semana, a veces sí, otras también, sobre lo bueno y lo malo, a juicio del sabedor de todo.  Debemos creer y obedecerlo con toda humildad so pena de que – penda sobre la tranquilidad ciudadana cual espada de Damocles – la amenaza de dar línea a la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) y/o al Sistema de Administración Tributaria (SAT), así como a otras altas instancias gubernamentales, consideradas como herramientas para la extorsión ciudadana, similares a las que, antaño, manejaron a sus muy dudosos intereses los esbirros del tristemente famoso (y desprestigiado) partido en el poder: el PRI.

Ante la coyuntura nacional e internacional que se vislumbra en el medio de las reivindicaciones de género, México debe responder, por cierto, a la altura de las mayores expectativas posibles, al negativo impacto de las dos crisis que se ciernen sobre la comunidad internacional: los negativos efectos del Covid-19 y la guerra de precios del petróleo, protagonizada por dos de los actores principales del mercado energético mundial: Rusia y Arabia Saudita.  Uno y otro, han acarreado – a estas alturas del paseo – efectos perniciosos, sobre todo en dos valores fundamentales del proyecto de la 4T.

En primer lugar, poner en la principal línea de ataque al sector energético, encabezado por la estatal PEMEX, la cual, en principio, se intenta potencializar, justamente, cuando el mundo gira en un entorno inverso.  Baste mencionar que, como consecuencia directa de los recientemente acontecido, el valor de nuestro petróleo se ha reducido significativamente.  Y, cuando la tendencia mundial se enfoca en priorizar la utilización de recursos energéticos alternativos, el gobierno de la 4T le apuesta a la construcción de “elefantes blancos” como el proyecto de refinería de Dos Bocas, misma que – según la Secretaría de Energía – tendrá capacidad para procesar hasta 340 mil barriles al día, una vez que sea concluida.

En segundo término, el Covid-19 (o influenza China) misma que ha producido, entre otros graves efectos, una crisis financiera internacional, cuya repercusión nos ha afectado directamente en el decrecimiento de los principales indicadores de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), así como la sustantiva pérdida de valor de nuestra unidad monetaria, el peso, frente al dólar estadounidense, cuya cotización – al día de hoy -, ronda las 22 unidades por uno.

Ahora bien, si AMLO se empeña en argüir como válida la expresión de “me canso ganso” o hágase mi soberana voluntad, todos vamos a perder, y junto con nosotros, también pierde México.

 

 

 

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