A 75 AÑOS DE LA CREACIÓN DE LA ONU

Parece increíble, el pasado 26 de junio se celebraron los primeros 75 años de la firma de la Carta de San Francisco, elaborada durante el curso de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Organización Internacional, a la que asistieron, en número, representantes de 50 naciones, en su mayoría, identificadas con los propósitos fundacionales que deambularon en el entorno de la conveniencia de evitar, en lo posible, que se volvieran a repetir los efectos las dos sangrientas conflagraciones universales, que enlutaron, durante el curso de la primera mitad del siglo XX, a la humanidad entera.

La Carta como instrumento de cumplimiento obligatorio para las partes contratantes entró en vigor el 24 de octubre del propio año de 1945, una vez que su Secretaría General recibiera el número determinado de ratificaciones por parte de las Naciones compromisarias.

A partir de cada mes de septiembre de los años consecutivos a la fecha de entrada en vigor, se han venido celebrando en la ciudad de Nueva York, de forma presencial, en la sede de la propia organización internacional, una Asamblea General (AGONU), considerada como el máximo foro multilateral para el debate de una agenda predeterminada, misma que, cada año, se ha venido haciendo más sustantiva.

Y, la excepción, no ha sido este 2020.  La única modificación sustantiva que merece la pena destacar, tiene que ver con el formato para atender los trabajos de esta LXXV sesión de la AGONU que fue determinado como virtual, es decir, cada uno de los representantes de los 193 (de sus 194) países miembros (el Estado Vaticano tiene la calidad de observador) concretarán su participación a través de un mensaje dirigido a los estados contra parte desde las respectivas sedes gubernamentales.

En ese contexto se destaca tanto la participación de algunos de los lideres más significativos de las principales potencias universales, como la de aquellos países que, por su cercanía con el nuestro, o por el grado de significación de sus acciones en el entorno regional, desempeñen un papel determinante para el mantenimiento del equilibrio político continental y/o la estabilidad regional.

Comenzamos por nuestro presidente, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) quien, dicho sea de paso, concretó su primera comparecencia ante este foro multilateral carente de brújula, sin poseer un mensaje significativo hacia la comunidad internacional, manejando, desde mi punto de vista, el rol que mejor le queda como uno de los tantos Redentores – magníficamente esbozados en la obra del mismo nombre por Enrique Krauze -.  Omitió entre otras causas sustantivas el rol que le corresponderá representar a México en su calidad de miembro no permanente del Consejo de Seguridad durante el curso de bienio 2021-2022.

La pandemia del Covid19 que ahora nos agobia y que en todo caso, fue la que suscitó que, por primera vez, la AGONU se celebrara de forma virtual, centro el debate entre dos de las tres potencias mayormente determinantes de la agenda multilateral.

Así sucedió, por ejemplo, con los casos específicos de los Estados Unidos de América y China, respectivamente, Donald Trump y Xi Jinping.  Mientras que el primero, haciendo gala de la retórica de la posverdad a que nos tiene acostumbrados, señaló con flamígero dedo al gigante asiático, acusándolo de ser el causante principal de todo tipo de desaguisados – tal cual sucedió, al menos, con la pandemia del Covid19 que afecta, no solo a la superpotencia, sino que a toda la comunidad internacional -.  Por lo que respecta a su contraparte, éste actuó con mayor comedimiento, es decir, manejando su verdad, también a la mejor conveniencia de sus propios intereses hegemónicos, pero sin lanzar directamente acusaciones retóricas, específicas, en contra de alguna nación o gobierno determinado.

Ambos dirigentes políticos fueron causantes de que se esparciera el temor que ahora agobia a la comunidad internacional en pleno, sobre la posibilidad del comienzo de una nueva “guerra fría”, tal cual sucedió durante el curso de la segunda mitad del siglo pasado.

En el ámbito de nuestra región geográfica, al menos tres jefes de estado, Colombia, Chile y Paraguay se refirieron, como insostenible, al curso de la situación vigente en Venezuela, subrayando, con especial claridad, el más reciente informe de la Comisión de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas en donde se realiza una enérgica condena en contra el régimen bolivariano, y de sus principales dirigentes políticos, incluido, entre estos, Nicolás Maduro, a quienes se acusa, entre otros, por la comisión de delitos de lesa humanidad.

Vale la pena señalar que, en paralelo, el propio Maduro, en su turno, se dirigió al foro multilateral, justificando las acciones llevadas a cabo en el contexto del socialismo del siglo XXI y la marcha de su revolución bolivariana para beneficio de todos los venezolanos.

Por su parte, Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional quien, a pesar de no disponer de un turno específico dentro de la lista de oradores de la AGONU, se pronunció, a través de sus redes sociales, singularizando su mensaje como representante legítimo de un gobierno reconocido por más de 50 naciones, exhortando a la acción multilateral para salvaguardar a su país, y liberarlo del yugo de la dictadura encabezada por Nicolás Maduro.  Para algunos observadores debidamente identificados, el presidente de la Asamblea Nacional estaría jugando una de sus últimas cartas vis a vis el escenario que podría perfilarse como consecuencia de las elecciones legislativas convocadas por la dictadura para el mes de diciembre próximo.

 

 

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