EL QUE DA Y QUITA

Fue muy sorpresiva – por decir lo menos – la aterradora escena cubierta a nivel internacional mediante la cual nos enteramos que el gobierno de Lenin Moreno, presidente del Ecuador, concluyó, unilateralmente, con la concesión del régimen de asilo diplomático que le había sido concedido a Julián Assange, en su calidad de fundador, editor y portavoz del sitio web Wiki Leaks, quien prácticamente fue arrostrado, por al menos seis custodios, todos integrantes de la policía británica, más allá del acceso principal de la sede de la misión ecuatoriana en la ciudad capital del Reino Unido.

Por su parte, el principal afectado en cuestión, tampoco dejó pasar la oportunidad para despertar sentimientos encontrados tanto de la opinión pública nacional como internacional, al aparecer en la escena principal del desaguisado en calidad de víctima de una injusticia causada por una decisión política malintencionada, cuyas consecuencias en el corto y mediano plazo, podrían acarrear al interesado no sólo el que llegara a ser sometido a todo tipo de vejámenes, incluso a la violación de sus derechos fundamentales, y/o en su caso, a la posibilidad de que se le llegara a enjuiciar bajo los términos del Acta Patriótica (US Patriot Act de 26 de octubre de 2001) con la posibilidad de llegar a perder la vida y/o a caer en alguna de las mazmorras de que dispone el gobierno de los Estados Unidos de América en la prisión de Guantánamo.

Las circunstancias en el entorno del pleito cerrado protagonizado por el ex presidente Rafael Correa y su sucesor, Lenin Moreno, pudieron – desde mi perspectiva – constituirse en el óbice principal que les impulsara a cada uno por su cuenta y riesgo, a anteponer por encima del interés general en favor de la preservación de la institución del asilo diplomático, sus intereses particulares y clientelares y causar con ello un daño irreparable de consecuencias impredecibles al derecho internacional humanitario.

En todo caso, para nadie es un secreto que Julián Assange se constituyó en un objetivo prioritario (piedra en el zapato) para los servicios de inteligencia occidentales – por decir lo menos -, como consecuencia de las innumerables filtraciones realizadas hacia los principales medios masivos de comunicación a nivel global, a quienes estuvo proporcionó información – considerada como sensible, confidencial y relevante – sobre aspectos fundamentales que atañen, principalmente, a la seguridad nacional del gobierno de los Estados Unidos de América.

Los otros delitos que pesan en contra de Assange son, desde la perspectiva de un enjuiciamiento criminal, nimiedades, cuyas penas, dependiendo de cómo sean abordados los casos en las distintas cortes tanto en Gran Bretaña como en Suecia, no deberían causar los efectos contrarios a la integridad física del imputado, quien, como ha sido señalado anteriormente, podría ser objeto de un castigo ejemplarizante si es juzgado en cortes estadounidenses, sobre todo, de las afectas a la nueva doctrina política inspirada en la era del presidente Donald Trump.

Quisimos dejar constancia sobre el estupor que nos causó la expulsión de la embajada del Ecuador en Londres del activista Julián Assange titulando el presente artículo con una parte del viejo refrán que nos recitara la abuela en nuestros buenos tiempos en México: “el que da y da con Dios se verá. El que da y quita, con el Diablo se desquita”

 

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